Esperando a los bárbaros

Está terminando de perfilar una historia sobre los borbonesVázquez de Sola Hay que guardar ahora las espaldas (repletas de cuadros no entregados a la venta) de Andrés Vázquez de Sola. Es de justicia. A ello os convoco.

Felipe Alcaraz Masats 14/05/2013

Andrés Vázquez de Sola hace ya muchos años, desde la denuncia de la sociedad del espectáculo y la liturgia del poder, salió al encuentro de algo que ahora es de una rabiosa actualidad: el escrache social, la desobediencia civil, la irreverencia contra la distancia, la exclusión, el silencio cómplice y sus formas. Andrés era ya un indignado cuando en París, después de hacerlo en España, se peleó hasta con su sombra a la búsqueda siempre de una relación sin intermediarios con la lucha sin caretas por la justicia y por el arte antihegemónico y, siempre, contra el mercado y sus formas.

¿Cómo es posible creer, sino en alguna novela difícilmente cohonestable con la realidad cotidiana, que un pintor se haya negado a vender sus cuadros y los conserve en su casa o haya regalado algunos porque sí, porque le da la gana, pero que no se trata de establecer puntos de venta en las galerías al uso? Pues es así, aunque el sacrificio y el impuesto de aislamiento y soledad que a veces ha tenido que pagar no ha sido cualquier cosa.

Ahora vive en Monachil, un pueblecito en la misma falda de Sierra Nevada, donde no deja de trabajar en lo único que sabe: pintar y escribir. Creo que está terminando de perfilar una historia sobre los borbones que, bien mirada, según me cuentan, le da la puntilla a tan ominosa saga. Al mismo tiempo termina un cuadro donde recoge el perfil, a la vez sencillo y solemne, del padre de la patria andaluza, Blas Infante, que presidirá la casa museo de este político, fusilado por el fascismo, que se va a inaugurar en el pueblo de Casares, donde naciera.

Andrés fue uno de los primeros en preocuparse por el destino final de la obra de Ocaña, sabiendo, como sabe, que este país devora a sus hijos y los engulle en un tiempo sin memoria, con saña divisiva. De esta preocupación va a nacer también, en el próximo periodo, el museo Ocaña, en su pueblo natal de Cantillana (Sevilla), gracias a la iniciativa del inquieto Joaquín Recio (Atrapasueños). Pero al hilo de lo dicho se impone una pregunta que la justicia no puede borrar. ¿Dónde poner y de forma estable y digna esos cuadros irrepetibles de uno de los mejores caricaturistas habidos y por haber y que nunca ha querido dispersarlos esperando quizás el pequeño paraíso de unas paredes sometidas al dominio público de sus amigos y sus conciudadanos?

Yo me declaro protector de Andrés, como él hizo en París con el mejor Sartre, al que seguía todos los días (que Sartre pudiera caminar era un milagro de la ley de la gravedad) en su marcha hasta el restaurante la Coupole, donde comía con los amigos, tras recorrer las calles perseguido por una sombra que lo protegía, Andrés Vázquez de Sola, que por cierto nunca se dio a conocer ni aclaró su función autoasignada de guardaespaldas. Por eso digo: hay que guardar ahora las espaldas (repletas de cuadros no entregados a la venta) de Andrés Vázquez de Sola. Es de justicia. A ello os convoco.

Publicado en el Nº 260 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2013

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