Necesidad de unir la izquierda social y la izquierda políticaPresentación del libro de Marta Harnecker, Un mundo a construir. Nuevos caminos Con este libro la autora ha querido realizar una panorámica, en la que se muestra que el éxito del socialismo en Latinoamérica no se debe a líderes carismáticos, sino a movimientos populares.

José Sarrión Andaluz 26/06/2013

Un mundo a construir (nuevos caminos)Marta HarneckerEl Viejo Topo

El pasado lunes 17 de junio tuvo lugar la presentación del libro Un mundo nuevo a construir. Nuevos caminos de la teórica revolucionaria Marta Harnecker, acompañada de Víctor Ríos y Manolo Monereo en la librería Enclave de Libros (Madrid). El acto estaba organizado conjuntamente por la editorial El Viejo Topo, la revista Crónica Popular y el Frente Cívico “Somos Mayoría” de Madrid. El libro es en parte una ampliación de su obra América latina y el socialismo del Siglo XXI. Inventando para no errar, al que ha añadido nuevos elementos, como un artículo sobre la noción gramsciana de hegemonía, entre otros.

Víctor Ríos abrió el acto presentando a Marta Harnecker como una revolucionaria sui generis con una larga trayectoria que ha dado lugar a más de 80 publicaciones disponibles en la web rebelion.org. Destacó la defensa de Marta del protagonismo del pueblo en los procesos sociales y su lucha contra el burocratismo, planteamiento que se mantiene coherentemente en el libro actual, y elogió su actitud de hablar de frente, también dentro de la propia izquierda: “Marta hace lo que se decía antes que tenía que hacer un revolucionario: criticar a la cara y alabar a la espalda”. Esta actitud fue lo que motivó a Chávez a pedirle que se quedara como asesora en Venezuela. De acuerdo a Ríos, Marta ha sabido escuchar a los colectivos sociales, transmitir lo que piensan e incluso las contradicciones que se pueden encontrar en ellos. Ríos defendió que en España necesitamos de los métodos de Marta Harnecker de formación y pedagogía popular, tanto en los movimientos sociales como en las fuerzas políticas y los sindicatos. Entre otras cosas, el libro dedica varios apartados a este asunto, junto a un análisis de diversos movimientos que rechazan al neoliberalismo, así como de los gobiernos de América Latina, incluyendo una interesante definición de “izquierda”. En este sentido, Víctor agradeció a Marta el “poner la raya clarito en la definición de lo que es y lo que no es izquierda”.

Marta Harnecker comenzó explicando que cuando escribió Los conceptos elementales del materialismo histórico lo había hecho con la intención de explicar el marxismo de un modo no dogmático, pero más tarde había comprobado que muchos dirigentes habían estudiado dogmáticamente ese texto, reproduciendo muchos de sus párrafos mientras desconocían datos como el salario medio de su país, motivo que llevó a Marta a realizar una ampliación de la edición de 1985. A partir de la crisis del socialismo, decidió centrarse en el libro-testimonio, para analizar prácticas y socializarlas en América Latina. Este libro no habría sido posible sin todas esas luchas y prácticas de la gente. Marta definió su trabajo como “ordenar, sintetizar y oír la voz de la gente”. En su libro explicaba experiencias de este tipo, como por ejemplo los sistemas que emplea el gobierno de Ecuador para recibir las opiniones del pueblo, clasificarlas, etc.

Con este libro la autora ha querido realizar una panorámica, en la que se muestra que el éxito del socialismo en Latinoamérica no se debe a líderes carismáticos, sino a movimientos populares, muchos de ellos no tradicionales como el movimiento indígena en Ecuador, o movimientos de mujeres, entre otros, que durante mucho tiempo fueron creando las condiciones para combatir el neoliberalismo, y que fueron comprendiendo que era necesario pasar de una lucha sectorial parcial a una lucha global, que pasara por tomar el gobierno con programas antineoliberales. En algunos casos en condiciones singulares, como el caso de Correa en Ecuador, donde el movimiento indígena había sido traicionado por Lucio Gutiérrez, quien se presentó al gobierno abanderando la causa indígena para terminar apoyando el programa de Bush. No obstante, apunta la autora, no puede entenderse a Correa sin entender esas luchas previas, que fueron creando memoria colectiva. El caso de Ecuador está convenientemente documentado en otra obra de la autora: Ecuador: una nueva izquierda en busca de la vida en plenitud.

Harnecker va dando cuenta de cómo se ha ido pasando de un enfrentamiento entre la izquierda social y la izquierda política, a la comprensión de la necesidad de unirse. Para la autora, los países donde se está forjando seriamente una alternativa al capitalismo son Venezuela, Bolivia y Ecuador, no a través de revoluciones armadas, sino como producto de elecciones, lo que provoca que el avance de la transformación social se realice desde el gobierno, cambiando para ello las reglas del juego institucional. Ése es el papel de las constituyentes realizadas en estos tres países, donde se han visto en la correlación de fuerzas para ello. En este aspecto, Marta defiende la lucha por el poder, a diferencia las tesis zapatistas, y la necesidad de crear la correlación de fuerzas para tomar las instituciones y transformarlas a través de procesos protagonizados por sectores muy amplios de la población. Para la autora, en este momento estamos presenciando un resquebrajamiento de la hegemonía burguesa, y es el momento de realizar una fuerte actividad de pedagogía popular. El gran problema es el escepticismo de la gente ante la política y los políticos. Se rechaza a los partidos, entre otras razones porque la derecha se ha apropiado del lenguaje de la izquierda, y nuestros políticos a veces hacen política muy parecida a la de la derecha.

A continuación, tomó la palabra Manolo Monereo, quien alabó a la autora por reflejar algo que se ha ido perdiendo en la vieja cultura popular de la izquierda, que son los pedagogos populares: esos revolucionarios, desde Recabarren, con la capacidad de poner en relación conceptos, tácticas y estrategias con la cultura popular, para convertirlas en un sentido común de la gente. En opinión de Monereo, eso convierte a Marta en un clásico en vida de la pedagogía popular, hasta el punto de que no se puede conocer Latinoamérica en los últimos treinta años sin conocer su aportación. De su libro, Manolo destacó un tema “contramoderno con la modernidad reinante” relacionado con la matriz leninista de la autora. En lo últimos años el socialismo está de nuevo en la agenda: no sólo se puede ser antineoliberal, sino que también se replantea la posibilidad de superar el capitalismo. Eso es muy importante, porque como dice Marta, Latinoamérica ha sido un laboratorio del neoliberalismo, y ahora lo es no solo del anti-neoliberalismo sino también de una salida socialista a la crisis. Paralelamente a esto, Europa ha sido alcanzada por ese mismo neoliberalismo que se creyó que nunca nos alcanzaría. Por tanto, por un lado aparece el socialismo en América Latina y por el otro se sufren las consecuencias de la derrota del movimiento obrero en la “Europa feliz de Maastricht”.

Por otro lado, Manolo destacó tres elementos que aparecen, se engarzan en el libro pero no se resuelven y quedan abiertos. En primer lugar, una estrategia de poderes sociales: Marta retoma el análisis de las nuevas y viejas cuestiones del leninismo pasado por Gramsci, a saber, la cuestión de cómo se construyen contrapoderes sociales y cómo éstos son la garantía del avance al socialismo. En segundo lugar, la cuestión del instrumento político o la forma partido-organización. En este aspecto -reflexiona Manolo- tal vez ahora, a diferencia del pasado, el “doble poder” no sea la muerte sino la garantía de la revolución: la existencia de un poder social exigente en la calle y actuante también frente a los poderes. Y por último, el poder del Estado y su reforma: cómo construir un estado que sigue generando corrupciones que pueden terminar atrasando el proceso.

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