Leer a...Ramón María del Valle Inclán

Antonio José Domínguez 01/01/2004

La trayectoria vital de Ramón María del Valle Inclán se confunden o se funden con la desigual fortuna que ha tenido su obra dramática en lo que a su representación concierne.

La política teatral, tanto privada como pública que casi siempre coinciden con intereses comunes, ha utilizado a los clásicos según las circunstancias de la demanda o con los deseos de normalización del hecho cultural. Cuando se ha producido este fenómeno, la cartelera entrañaba una vitalidad que, en realidad, sólo era un lujo, que velaba o escondía la desidia, el oportunismo y el rigor de los responsables de una planificación teatral que nos ha conducido a la anemia o la implantación y exportación de espectáculos de marcado carácter americano.

Por otra parte, la vida nacional se ha esperpentizado en todos sus niveles pues la apuesta teatral que encontramos en los medios de comunicación audiovisuales buscan o encuentran una audiencia tan enajenada como amoral, pues las fronteras de lo público y privado, algo tan típicamente burgués, se ha desvanecido en una deformación caricaturesca de la estética esperpéntica de Valle Inclán.

Porque si todavía seguimos creyendo que historia y vida, estética y ética van inequívocamente unidas, el espectáculo diario de los medios audiovisuales nos conduce a interrogarnos dónde comienza lo real y su correspondiente plasticidad. Y en esa demanda sólo encontramos una respuesta: Hoy día la obra de Ramón María del Valle Inclán, sobre toda, la de su madurez, nos puede clarificar estética y políticamente nuestro presente al ser la historia el fundamento de lo real.

Y es en ese territorio, como Bertoldo Brecht, donde Valle Inclán, después de adscripción al Modernismo con sus Sonatas, su búsqueda entre contradicciones u ambigüedades en la etapa en la que escribe la trilogía La Guerra carlista y Las comedias bárbaras ( Águila de blasón, Romance de lobos y Cara de Plata) va a encontrar una estética y una poética: El esperpento. Su articulación teórica no posee un corpus orgánico como el del teatro épico brechtiano aunque en pasajes de alguna de sus obras y en varias misceláneas nos ofreció diferentes definiciones. Por ejemplo, en el siguiente fragmento de Luces de bohemia:

May.- España es una deformación grotesca de la civilización europea.
Don Latino.-Pudiera. Yo me inhibo.
May.- Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.
(...)
Max.-Latino, deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la vida miserable de España.


Y en una entrevista afirmaba que había tres maneras de ver el mundo: de rodillas, de pie o levantado en el aire. En la primera mirada, se da a los hombres categoría de héroes. En la segunda, los seres humanos nos vemos como hermanos cual espejos de nuestras virtudes y defectos; y, en la tercera, la mirada desde arriba posibilita la ironía, distanciamiento, diría años más tarde Bertold Brecht. Desde esta posición, los dioses y héroes se convierten en personajes de sainete convirtiéndolos en muñecos y fantoches. A esta ruptura estilística, le acompaña un lenguaje que va desde la parodia a la descripción expresionista, no sin antes haber roto con la carpintería teatral hegemónica del teatro burgués de Jacinto Benavente. En suma, el esperpento es la superación del realismo deciminónico para reflejar una sociedad degradada y desmitificar las mentiras y mitos impuestos por el poder. La historia sólo podía entonces como ahora escribirse con las pautas realistas de la interrogación al espectador ante una realidad que exigía el abandono de toda autocomplacencia y complicidad con lo establecido. Valle Inclán proseguía el camino de Quevedo, Cervantes y Goya. El casticismo, la miseria moral y política y la España de charanga y pandereta encontraron en Valle su mejor historiador. Leer Luces de Bohemia, la trilogía que compone el Ruedo Ibérico y Tirano Banderas nos redimen y distancia de tanto cortesano y cortesana con sus aderezos de pendientes y plumas, de la siniestralidad y de las mentiras del poder y de otros sanantoniosmaríadeclaret que siguen ahí esperando un día celebrar aulicamente bodas y bodorrios AMDG (A Mayor Gloria de Dios.)

Publicado en el Nº 148 de la edición impresa de Mundo Obrero

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