Somos Cayo. Eso dije y eso vuelvo a decir. Somos Cayo. Somos IU.Somos Cayo. Somos IU

José Manuel Mariscal Cifuentes 18/11/2014

Nacimos en el sur del sur de Europa al calor de la esperanza, no del desencanto. Somos miles de hombres y mujeres que madrugan, trabajan, sufren, ríen, lloran y gritan. A gritos decimos que hay que organizar la rabia. Llevamos años haciéndolo. (Decimos mucho esto últimamente. Que llevamos años diciendo… y haciendo. Y sí. Da rabia. Pero no es esta la rabia que hay que organizar).

Somos Cayo. Somos Izquierda Unida. Venimos de muy lejos. Y por eso nos repetimos una y otra vez que si otros no pudieron en otros momentos, tampoco ahora podrán. (Pero a veces nos ponemos a la defensiva, que es la peor manera de defenderse).

Somos Cayo. Somos IU. No se nos cayó encima el muro. Somos una izquierda alegre y dolida. Descendemos de la audacia. Y por eso estamos vivos. Tenemos tanto pasado tan presente, que el futuro nunca fue un lugar extraño. Hasta ahora. (Y es que para no perderse en el presente, de tanto otear el futuro, conviene tener memoria. Y ejercitarla).

“Dios nos libre de la hora de las alabanzas”, decía mi abuela. Y Cayo terminó el domingo respondiendo a las alabanzas con un discurso que podría titularse Soy IU: “Con cuatro años en el Congreso tengo bastante, yo soy más de calle”. La lección de Cayo consiste en recordarnos lo que somos, de dónde venimos, con la ética de una convicción que te lleva a asumir la dirección de IU en el peor momento de su historia porque te lo piden tus camaradas. Y sacar la caja de música con la imagen de Dolores que le regala Willy (qué casualidad) en la que sonaba La Internacional. Y decirnos desde el primer día que hay que hacer política en las plazas (qué casualidad). Y Cayo nos pone ahora un enorme espejo delante: Somos IU.

Somos Cayo. Somos IU. Y aquí desembocaron los sesos, los pies, los puños y el dolor destilado de lo mejor de la historia de este país llamado España. Es curioso que a la hora de dar ejemplo siempre aparezca el PCE en los discursos. Y eso somos. Nada más y nada menos.

Para quitar valor a las grandes decisiones siempre se dice que son coherentes. Y no. No se trata de que Cayo sea o no coherente. Se trata de que Cayo responde a una tradición cultural, a una manera de entender la militancia que es a su vez una forma de entender la vida.

Somos Cayo. Somos IU. El acero de nuestras luchas está templado por el viento de la unidad. Y por la unidad hemos pagado hasta con vidas. Eran otros tiempos. Lo sé. Pero no está mal recordarlo. Porque mirando hacia atrás nos daremos cuenta de que la rabia que hay que organizar es la del pueblo trabajador. La gente trabajadora que sufre. A ella ha apelado Cayo cada uno de los días desde que le encomendamos aquel marrón. El domingo pasado, también.

Somos IU. Y porque nacimos convergiendo sabemos hacerlo. La práctica política resulta más enriquecedora cuando se valora a cada cual por lo que és: Con sus valores, su experiencia, su trayectoria y su ejemplo. La memoria de las luchas que han traido lo que hayamos tenido de derechos, lo que hayamos tenido de libertades, no se borra. No es una cuestión de orgullo. Es algo indispensable si queremos lograr victorias. Cuando el pueblo ejercita la memoria avanza, y por eso quieren borrárnosla. Es una cuestión ideológica que afecta a nuestra identidad colectiva como pueblo trabajador y a la posibilidad de que el pueblo trabajador coseche victorias. Nuestra memoria pertenece al futuro. Y por eso digo: somos Cayo.

En esta sección

Por la República Federal Democrática y SolidariaPor un Partido de clase para el socialismo en el siglo XXIEl Observatorio de la mentira contra Cuba. La clase es la claseEl lugar del PCE en la sociedad española y europea de la fase actual del capitalismoBolívar, contra los criados, mal criados, del monstruo imperial. Nos queda la palabra.

Del autor/a

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