Crónica desde el frenteUcrania, la guerra desde dentro Paramilitares financiados por oligarcas e incoporados en las estructuras de los ministerios de interior y defensa ucranianos.

Eloy Fontán 23/04/2015

Finales de marzo, en los alrededores de Lisichansk las posiciones de uno y otro bando casi se tocan. Desde las fortificaciones abandonadas por los ucranianos en febrero un puñado de milicianos vigila los movimientos de sus oponentes: algunos blindados ucranianos se han atrincherado a tan solo 700 metros, violando el tratado de Minsk. Comienzan a llover morteros sobre ellos, un blindado recibe un impacto directo y queda calcinado. Los disparos provienen desde la retaguardia ucraniana, desde donde los paramilitares de Kolomoisky empujan al combate a la Guardia Nacional, un cuerpo presuntamente voluntario, pero en al cual expian su culpa miembros de los cuerpos de seguridad que sirvieron al depuesto Yanukovich. Esta vez la Guardia Nacional vuelve sus armas contra los “Aidar” y entablan un combate que encontrará réplicas a lo largo del frente durante las noches siguientes.

Al mismo tiempo Kolomoisky intenta hacerse con el control de las compañias estatales ucranianas energéticas “Ukrnafty” y “Ukrtransnafty” ocupandolas con sus ejercitos privados, a donde se envían también efectivos de la Guardia Nacional para su recuperación. Kolomoisky no solo no obtendrá las empresas, sino que perderá su cargo de gobernador de Dnepropetrosvk. Con la defenestración de Kolomoisky algunos analistas anuncian el fin de la guerra civil, pero en Donetsk los ucranianos continúan bombardenado barrios periféricos e intentan retomar el aeropuerto. La guerra parece haber escapado a la lógica que impusieron sus promotores.

En Alchevsk una dependienta explica a un cliente que los precios suben porque los de “Aidar” cobran dinero por traer productos de Ucrania a Donbass en los puestos de control de carretera. Y no solo eso, también roban impunemente a quienes van a cobrar sus pensiones al lado ucraniano, ya que el gobierno de Poroshenko ha decidido que las pensiones se van a pagar solo en terreno bajo su control, es decir, que los pensionistas del territorio rebelde tienen que cruzar el frente cada mes para recibir el dinero de sus pensiones y, frecuentemente, entregarlo de vuelta a casa a los paramilitares ucranianos que controlan los puestos de carretera y quienes profieren a los del este un odio racista. Paramilitares financiados por oligarcas e incoporados en las estructuras de los ministerios de interior y defensa ucranianos. Una guerra del siglo XXI en Europa, todo NORMAL.

Lugansk, 6 de abril

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