9 DE MAYO, DÍA DE LA VICTORIA SOBRE EL FASCISMO EN EUROPA “Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras”

Eddy Sánchez Iglesias
Paco Arnau del Castillo 09/05/2015

9 de mayo de 1945, 00:43 (hora de Moscú): el jefe del Estado Mayor de la Werhmacht, Wilhelm Keitel, firma en Berlín en presencia del mariscal del Ejército Rojo de la URSS Gueorgui Zhúkov y oficiales delegados de las potencias aliadas, el acta de capitulación de Alemania que pone fin a la Segunda Guerra Mundial en Europa. Desde entonces, cada 9 de Mayo se celebra el Día de la Victoria sobre el fascismo.

La rendición incondicional de Alemania es la consecuencia directa de la toma de Berlín por el Ejército Rojo. Una de las imágenes del siglo XX fue la de la bandera roja de la Victoria ondeando sobre el Reichstag. El “Reich de los mil años” era aplastado tras un arrollador avance del Ejército soviético en un frente de guerra de varios miles de kilómetros de longitud —desde las costas del Báltico hasta el Mediterráneo— que culminaba con la toma de la capital de la tiranía fascista tras victorias decisivas sobre los nazis en las batallas como las de Leningrado, Moscú, Stalingrado y Kursk. En los últimos días de la guerra, Hitler se suicida para no caer prisionero de los soviéticos mientras decenas de jerarcas fascistas huían de Berlín en desbandada hacia el Oeste para entregarse a las tropas angloamericanas.

El secretario general de Naciones Unidas ha recordado con motivo del 70º aniversario de la Victoria sobre el fascismo en Europa el incalculable precio que pagó la URSS para derrotar a los nazis y sus aliados, una “contribución y sacrificio que no debe olvidarse y no se olvidará". Efectivamente, de los 60 millones de víctimas mortales de la Segunda Guerra Mundial, más de 26 millones fueron ciudadanos de los pueblos de la URSS: mujeres y hombres soviéticos, civiles y militares.

Sin obviar la contribución de las otras potencias aliadas, el factor decisivo de la derrota del fascismo en Europa no fue Normandía ni “el soldado Ryan” ni la “historiografía creativa” del aparato de propaganda de Hollywood, sino el titánico esfuerzo y el enorme sacrificio de los pueblos y el ejército de Unión Soviética. Sirva como ejemplo que en Kursk, la mayor batalla terrestre de la historia, 1,9 millones de hombres y mujeres del Ejército Rojo con más de 5.000 tanques y 2.800 aviones derrotaron en agosto de 1943 a 800.000 soldados nazis, 3.000 tanques y más de 2.000 aviones de combate. Unos meses antes, en febrero de 1943, la victoria decisiva de la URSS en Stalingrado fue el verdadero punto de inflexión de la Guerra en Europa tras la derrota sin paliativos del VI y del IV Ejército de la Werhmacht. Stalingrado marcó el principio del fin del III Reich alemán.

Tampoco deberíamos olvidar la contribución a la Victoria sobre el fascismo en Europa de miles de partisanos antifascistas de la Resistencia en las zonas ocupadas por los nazis, lucha en la fueron vanguardia partidos comunistas como los de Francia, Italia o Yugoslavia y los militantes del PCE y otras fuerzas republicanas antifascistas que tras la Guerra de España lucharon en el Ejército Rojo, en la Resistencia francesa e incluso bajo el terror de los campos nazis…

Cuando las tropas de EEUU llegaron a Mauthausen en mayo de 1945, se encontraron con una pancarta en castellano que presidía la entrada del campo: “Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras”.

¿Es posible aún el fascismo?

Con la entrada del Ejército Rojo en Berlín se impuso la idea de que el fascismo había sido erradicado para siempre. Sin embargo, 70 años después, ¿es posible aún el fascismo?

Fue Jorge Dimitrov quien en 1935 formuló la definición más conocida que desde el marxismo se ha hecho del fascismo: “la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero”. Se entiende por tanto por fascismo, una forma particular de régimen de la forma de Estado capitalista de excepción. El fascismo por tanto, puede ser definido como una forma de Estado capitalista correspondiente al predominio del capitalismo monopolista, es decir, del imperialismo, en crisis. Lo que nos permite afirmar que el fascismo es producto del capitalismo y que su condición social es la de ser un movimiento de carácter burgués.

El Estado fascista constituye una forma crítica de estado correspondiente a una crisis política, que surge del derrumbe de las sociedades burguesas decimonónicas y del triunfo de la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia, que con la Gran Depresión amenazaba con extenderse al resto de los países. Frente a tal realidad, las diferentes facciones de la burguesía acuden a una particular forma de Estado, un Estado capitalista de excepción que da origen al fascismo, que lanzan contra la clase trabajadora. De aquí se pueden apreciar ya las tres características principales del fascismo: su carácter antiobrero, su condición autoritaria y el nacionalismo chovinista (imperialista), que hace del fascismo un movimiento cuyo elemento principal es el anticomunismo.

El triunfo del antifascismo fue producto de una movilización militar, política y social principalmente obrera, que desembocó en un cambio de régimen político que acabó del todo con el Estado liberal. La consecuencia principal fue la irrupción de una nueva forma de Estado en los países liberados del fascismo, un Estado donde el antifascismo era su principio rector. Ya fuesen las democracias populares de Europa central, los estados sociales del occidente capitalista (Italia principalmente) o los países descolonizados al calor del triunfo del antifascismo, se imponía una nueva concepción de democracia, que tenía en el trabajo el eje rector de la sociedad y la planificación su principal política económica. Dos ideas que durante más de tres décadas no fueron cuestionadas hasta la década de los setenta con la contrarrevolución neoliberal.

La derrota de la Alemania de Hitler fue obra principalmente del Ejército Rojo de la URSS y sin este hecho, no se habrían dado las condiciones de una derrota total del fascismo, ya que el resto de los aliados ni militarmente tenían capacidad ni políticamente tenían voluntad. Realidad que hay que tener presente para entender el fuerte anticomunismo contemporáneo que caracteriza al neoliberalismo, que lejos de ser simple revanchismo —que también—, pretende crear las condiciones, si hiciese falta, de volver a recurrir a formas de Estado capitalista de excepción tales como el que en estos momentos sufre la clase trabajadora ucraniana, a la que dedicamos este artículo.

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