La afilada punta del cálamo

La mies sigue siendo muy y mucha mies

José María Alfaya 03/10/2017

Según se presenta el mes de septiembre no tendré más remedio que actualizar mi google calendar, como las jóvenes de mi época actualizaban las luxindex con la planificación del Doctor Ogino para aclarar cuáles podían ser los días fértiles. En mi caso, los útiles o, por lo menos, disponibles.

Menos mal que la vendimia se ha adelantado este año. Y es que se acumulan urgencias sociales y compromisos políticos. Por un lado las violencias asesinas y la necesidad de reaccionar como ciudadanos para paliar la cacofonía de los rebuznos carpetovetónicos que se postulan como la única respuesta posible. La lucha por la Paz nos da mucha guerra mediática y mucho trabajo a pie de calle. Porque cada pintada, cada improperio tenía que ser respondido con un gesto de convivencia.

Por otro lado, la necesidad de aprender para no dejarse manipular. Desaprender las simplezas que lo explican todo en un pis pas. Y no es fácil sobrevivir en esta batalla de ideas y conocimientos porque estamos desbordados por los datos y escasos de tiempo para tanto análisis por efectuar. Que te pones a leer un texto sobre la segunda fase del XX Congreso y de pasada te enteras de que la ley de la baja tendencial de la tasa de ganancia que Marx desveló en su análisis crítico del sistema capitalista es teóricamente incorrecta. Pues molt bé...

Los interrogantes se acumulan: ¿qué soy: un afiliado, un militante, un activista? ¿A cuántos espacios de confluencia pertenezco? ¿A cuántos grupos de whatsapps? ¿Cuántas convocatorias comparto y a cuántas no asisto? ¿Cuántas veces tiro de emoticón en lugar de utilizar una palabra con significado inequívoco?

Ya he contado muchas veces, como chiste político, que me levanto comunista y después del desayuno ya soy de IU. Que luego transmuto a tres o cuatro siglas más, no excluyentes sino confluentes y que, como alguien escribió en este mismo periódico, hablamos de algo imposible en lo orgánico pero con un gran valor político y una magnífica militancia. Estoy de acuerdo en lo de magnífica si le añadimos lo de escasa, sobre todo si pensamos en que nos movemos entre el bloque social y político, los acuerdos transversales y el tejido social alternativo y que todavía está por dilucidar si como trabajadores de esta Celtiberia padecemos un postfordismo o ni siquiera llegamos a ser alguna vez fordistas.

Lo que está claro es que si tuviéramos que hacer todo lo que compartimos, Stajánov alucinaba. Porque no se trata de sacar muchas toneladas de carbón. Ni siquiera de hacer muchos turnos de barra en la próxima Fiesta del PCE. Es que tienes un frente eco-feminista-anticapitalista por desarrollar en toda su diversidad y como no creemos en milagros y a falta de una mejora sustancial de la Ley de Educación, necesitamos más de doce apóstoles para llevar la buena nueva. A ver si con Mundo Obrero Radio...

Publicado en el Nº 309 de la edición impresa de Mundo Obrero septiembre 2017

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