Debate de futuro de la izquierda

La disyuntiva se plantea nuevamente entre reforma o ruptura El debate al que convocamos a toda la militancia es cómo organizar el Partido para el conflicto social

José Luis Centella Gómez 25/01/2016

En este momento, la necesidad de dar respuestas en tiempo real a las cuestiones que se nos planteen fruto de los distintos escenarios que se van a desarrollar a partir del 20D, nos obliga a asumir una dinámica de elaboración/acción/reelaboración sostenida en el tiempo, por eso es el plantear un Congreso de largo alcance y con dos fases de concreción colectiva.

Este XX Congreso debe ser un congreso importante, no solo para la historia de nuestro partido, sino para la historia de nuestro país, y no se va a convertir en histórico con sólo repetirlo. El lenguaje que crea cosas tan sólo con nombrarlas, no nos sirve para nada en este asunto.

La realidad es que en estos momentos la crisis de régimen ha puesto en cuestión el sistema de partidos con una debilidad del bipartidismo, esta poniendo en cuestión el modelo de estado, pero que no toca ni cuestiona el modelo social y económico, a pesar de la existencia de una situación de crisis social, con millones de parados, desahucios, precariedad, etc. No se manifiesta con fuerza la necesidad de una ruptura social y económica, por lo tanto nuestro objetivo tiene que ser poner en evidencia que no se pueden garantizar los derechos sociales, económicos, laborales sin cambiar el sistema económico y que por lo tanto no puede haber paz social ni estabilidad política sin poner la economía al servicio de resolver los problemas de la mayoría social, es decir sin confrontar con el capitalismo.

La construcción de un nuevo país pasa imprescindiblemente por el cambio de estructura social y la derrota del bloque de poder dominante y responsable de la actual crisis. Nuestro reto es demostrar que no es posible una salida social de la crisis en beneficio de la mayoría sin la construcción de un nuevo país, por eso la campaña por un Nuevo País, no es una cuestión electoral, sino la base de nuestra propuesta política y debe tomar el carácter de defensa de un proceso constituyente, de una nueva constitución en la que se materialice el proyecto político de revolución democrática que defendemos.

Para empezar, es imprescindible tener claro que en el marco de la Europa del Euro, es imposible una salida social de la crisis, es imposible avanzar hacia el menor grado de justicia social, de distribución justa de la riqueza en un marco que no solo consolida el neoliberalismo sino que pretende entregarse a los EE.UU mediante el Tratado de Libre Comercio que acabaría definitivamente con la posibilidad de construir un espacio social en Europa.

Se trata por tanto de plantear las formas de romper esta Europa del Euro y construir con otras fuerzas y colectivos una alternativa para plantear una integración europea desde la horizontalidad, la solidaridad y la justicia social. La cuestión es plantear la puesta de los recursos de Europa al servicio de conseguir mejoras sociales, económicas y de todo tipo para la mayoría social, y conseguir la hegemonía de la clase obrera y sectores populares de la sociedad en la construcción de una Europa de los pueblos.


Recuperación de la soberanía popular


La recuperación de la soberanía popular frente a la dictadura del capital, es condición fundamental para poder afrontar con éxito la superación del principal problema de nuestra sociedad contemporánea: la precariedad laboral como realidad estructural.

Esta recuperación de la soberanía popular se hace frente al dominio que el capital financiero tiene dentro de nuestra economía, de la posición que se impone a España en la división internacional del trabajo dentro de la UE y del papel subalterno que juega España en el mundo derivado de nuestra pertenencia a la OTAN.

Por tanto, la cuestión social y condición periférica marcan las tareas prioritarias de la revolución democrática que se pueden resumir en impulsar un proceso constituyente para la construcción de un nuevo país en torno a tres pilares básicos: soberanía, derechos y trabajo garantizado, lo que lleva a afirmar la necesidad de impulsar un proceso constituyente que haga posible el programa de la revolución democrática y social que necesita nuestro país.

Las fuerzas del sistema tratan de abrir una nueva etapa de la monarquía para institucionalizar las reformas y recortes de derechos y libertades que se han llevado a cabo desde 2010, para consolidar la Europa del Euro, a la vez que tratarán de plantear un nuevo Modelo de Estado, basado en una recentralización que cierre el paso a cualquier posibilidad de ejercer el derecho a la autodeterminación y evitar así cualquier posibilidad de reconocimiento institucional de la realidad Plurinacional, Multicultural y Plurilingüística del Estado, para asegurar al capital internacional y sus sucursales nacionales el dominio de la economía.

La Reforma Constitucional que se prepara, tendrá finalmente como complemento fundamental e indispensable la redacción de una nueva ley electoral, que predetermine un nuevo sistema de Partidos que impida la posibilidad de que fuerzas políticas de carácter rupturista puedan influir y ser determinantes.

El objetivo final es evitar que se cuestione la monarquía y que la presión social que exige cambios profundos en el sistema económico, social y político pueda imponer un verdadero proceso constituyente abierto al pueblo, que ponga en cuestión los pilares básicos del sistema, la propiedad, la configuración centralista del Estado, la monarquía y los valores ideológicos patriarcales, reaccionarios y autoritarios.

Por lo tanto, la disyuntiva se plantea nuevamente entre reforma y ruptura, por eso es necesario referenciar quiénes en diversos ámbitos de la vida social y política estamos en favor de un proceso Constituyente abierto a la ciudadanía, un proceso que plantee la elaboración de una manera democrática y participativa de un nuevo marco constitucional que empiece por dar la posibilidad de elegir entre Monarquía o República, y que permita consolidar derechos al trabajo, vivienda, educación, sanidad, etc., que reconozca el derecho a la autodeterminación de los pueblos del Estado, que ponga fin al sistema patriarcal, y consolide una democracia real, participativa y directa.
Consideramos que el objetivo de configuración de un Bloque Social y Político de carácter alternativo para conseguir una ruptura democrática y social que dé paso a un proceso constituyente es acertado y que la estrategia de avanzar en la máxima Unidad Popular, en el sentido amplio, es también acertada, y debemos por tanto concretarla y desarrollarla para el próximo ciclo político.

Al mismo tiempo, el enfoque de clase sin embargo, no creemos que deba circunscribirse al ámbito de la producción, ya que en el espacio de la reproducción de la fuerza de trabajo también se expresa el conflicto de clase, y donde cobran protagonismo los enfoques del feminismo y la ecología políticos, pan y techo son reivindicaciones que se expresan también en el espacio reproductivo.

La organización de las víctimas de la crisis para consolidar un bloque alternativo pasa por responder a las necesidades diarias de la clase trabajadora desde espacios desconectados de la dinámica mercantilizadora y alienante del capitalismo.

Sitiados los marcos políticos, tenemos que centrarnos en los instrumentos desde los que confrontamos con el sistema, la política de alianzas y el propio Partido como instrumento básico de lucha, porque nada de lo planteado tiene sentido si no adecuamos el PCE a los objetivos que nos planteamos, para lo que hay que partir del reconocimiento de que no estamos en condiciones de afrontar con unas mínimas garantías de éxito la confrontación con la maquinaria social, económica y mediática del sistema. La debilidad organizativa y la falta de alianzas sociales, sumado a nuestra debilidad sindical nos convierte en un Partido más cerca de lo testimonial que sobrevive dedicado casi en exclusiva a la participación institucional en IU.

El Partido hoy es una organización dedicada fundamentalmente a preparar las contiendas electorales, ya que tenemos que reconocer que a pesar de los intentos de construir un partido que organice la lucha social y política, estamos muy lejos de conseguirlo, tenemos que preguntarnos por qué ha sido así, y de forma especial por qué no hemos sido capaces de impulsar los acuerdos que se han tomado a nivel federal para el fortalecimiento orgánico y político del propio Partido.

Por tanto, la cuestión central que tendremos que resolver en las dos fases de este Congreso es cómo organizar el Partido para el conflicto social, este es el debate al que convocamos a toda la militancia y quienes consideran imprescindible la existencia de un Partido Comunista organizado, activo, visible, implicado en el conflicto social.

En referencia a la política de alianzas, señalar que IU fue en su origen un intento de construir un proyecto político de nuevo tipo, consiguió aunar la capacidad de encuentro plural en torno al programa, mediante la elaboración colectiva, con la movilización, la protesta y la propuesta.

Sin embargo, tenemos que reconocer, de forma autocrítica, que IU se ha convertido en un partido político orientado y dependiente de la batalla electoral. Lo hemos dicho muchas veces, el reto que tenemos en los próximos meses es concretar cómo debe ser, y cómo debe funcionar ese espacio político para que conjugue la alternativa programática, la capacidad de insertarse en el conflicto social, con la atención al trabajo institucional y la subordinación de este al proyecto unitario, lo que no nos debe llevar a crear una nueva organización política de carácter estable.

El inicio de la configuración de este espacio tiene dos procesos simultáneos que tienen que ser concluyentes:

- Uno es la Asamblea de IU, de la que tiene que salir una organización reconstruida en su parte de Movimiento Político y Social, instrumentos de elaboración, mecanismos de participación directa, volcada en la acción social, con órganos ágiles y horizontales más de coordinación que
de dirección vertical, y deconstruida en su parte de Partido político, aparato burocratizado, con estructura básicamente territorial y centrado en lo institucional.

- Otro es el proceso de desarrollo y consolidación del proceso de unidad popular, continuando la experiencia de los nodos territoriales de UP en Común ampliándolos hasta conseguir espacios de elaboración y acción en torno a redes que encuadren a quienes confrontan con el sistema: sindicalistas, feministas, ecologistas, republicanos, etc, de manera que se integren en la propuesta de avanzar hacia la construcción de un “Nuevo País” desde un programa de Unidad Popular.

Estos dos procesos deben avanzar, confluir en la Asamblea de IU y continuar el camino hasta determinar cómo se debe organizar la izquierda que plantea la ruptura con el régimen del 78 para construir un nuevo modelo de País que ponga toda los recursos del Estado al servicio de la mayoría social trabajadora para estar en condiciones de disputar la hegemonía al capital en este momento de la lucha de clases.

Publicado en el Nº 282 de la edición impresa de Mundo Obrero enero 2016

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