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Marruecos ataca a Naciones Unidas. España calla Ese silencio cómplice es el que le permite al sátrapa de Mohamed VI seguir expoliando los recursos naturales del Sáhara Occidental.

Willy Meyer 16/04/2016

El Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, realizó una visita histórica a los campamentos de refugiados saharauis en la primera semana del mes de marzo, para interesarse por el proceso pendiente de autodeterminación del Territorio No Autónomo del Sáhara Occidental y por la situación de los refugiados Saharauis. Esta visita, organizada para impulsar el proceso de una paz duradera en el Sáhara Occidental, se planificó para entrevistarse también con las Administraciones de Marruecos y Mauritania, pero el sátrapa de Marruecos, Mohamed VI, la calificó de inoportuna y negó cualquier contacto con el máximo representante de Naciones Unidas.

A esa tensión política se sumaba el asesinato de un pastor saharaui caído por disparos de los militares marroquíes, que vigilan el odioso muro cercenando la libertad del pueblo saharaui.

Pese a la opinión negativa marroquí, por primera vez tras sus diez años de mandato al frente de Naciones Unidas, Ban Ki-moon visitaba rodeado de gran expectación lugares emblemáticos para la causa saharaui como Tinduf o Bir Lehlu. En este último lugar, territorio liberado del Frente Polisario, se proclamó en 1976 la República Árabe Saharaui Democrática. En el transcurso de las visitas y tras las entrevistas con refugiados y con la Administración de la RASD, Ban Ki-moon declaró que “la situación de los refugiados saharauis, una de las tragedias más olvidadas, es inaceptable”, reiterando que hasta ahora no ha habido ningún progreso real en la búsqueda de una solución justa y duradera, insistiendo en la necesidad de buscar “una solución que permita la Autodeterminación del Pueblo Saharaui”, y afirmando que para ello “las Naciones Unidas van a trabajar para la reanudación del diálogo e impulsar el proceso de paz”. Se refirió al Territorio no Autónomo del Sáhara Occidental como "territorio ocupado" apelando a una reactivación del diálogo para desbloquear el proceso de autodeterminación.

Estas declaraciones, ancladas en el Derecho Internacional, en el respeto al último proceso pendiente de descolonización de África, en las reiteradas resoluciones adoptadas por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, tuvo una reacción airada y violenta por parte de la fuerza ocupante, la Administración Alahuita, que rápidamente organizó manifestaciones en Marruecos y en el territorio ocupado contra Ban Ki-moon por haberse "atrevido" a calificar a Marruecos como fuerza ocupante.

Pero por muy inaceptables que fueron sus ataques a las Naciones Unidas, por otra parte lógicas en un régimen como el alahuita que descansa en el incumplimiento sistemático de los derechos humanos, fue mucho más grave su decisión de exigir a NNUU la retirada de 84 funcionarios, civiles y militares de la Misión de Observación (MINURSO), una de las misiones más veteranas de NNUU (1991).

Marruecos dirige sus ataques directamente a NNUU, a su Misión de Observación, que no se ha caracterizado precisamente por jugar un papel activo en materia de seguimiento de incumplimientos de derechos humanos. Pero, para el régimen corrupto marroquí cualquier recordatorio de exigencia en el cumplimiento y respeto al Derecho Internacional se convierte en su lógica antidemocrática, en un ataque a su política, que descansa en la opresión del pueblo marroquí y la ocupación violenta del Sáhara Occidental para beneficio exclusivo de las empresas de la Casa Real y su entorno.

Este ataque directo a Naciones Unidas hubiese merecido una respuesta inmediata del gobierno en funciones del PP, de su Ministro de Asuntos Exteriores García Margallo, por dos razones. La primera, porque le corresponde a España la administración y tutela de la descolonización del Sáhara Occidental y, la segunda, porque es miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En esa doble condición, debería haber exigido a Marruecos , de una parte, el respeto a NNUU y a su Secretario General, y de otra, permitir que la MINURSO realice su función, ampliándola y mandatándola, para hacer un seguimiento del respeto a los derechos humanos en el Sáhara Occidental. Pero ni lo uno ni lo otro.

El gobierno en funciones del PP, a través de su representante en el Consejo de Seguridad, guardó silencio. También el Ministerio de Asuntos Exteriores que, en esos días, emitía comunicados sobre Azerbaiyán, Cisjordania o Ucrania pero ni una línea sobre el ataque de Marruecos a la MINURSO y al Srio. General de NNUU.

Ese silencio cómplice es el que le permite al sátrapa de Mohamed VI seguir expoliando los recursos naturales del Sáhara Occidental, reprimir, torturar y encarcelar a los activistas saharauis desde la más absoluta impunidad.

El mismo silencio que el gobierno en funciones del PP "manifestó" ante la huelga de hambre de los 22 presos políticos saharauis del Grupo de Gdeim Izik, que permanecen cumpliendo condena en la prisión marroquí de Sale 1 en Rabat, al cumplirse 2 años de su sentencia del Tribunal Militar que les condenó, sin tener jurisdicción para ello ,a sentencias de entre 20 años y cadenas perpetuas.

Un gobierno verdaderamente democrático del País de Países que es España, debería romper de forma definitiva con ese silencio cómplice y convertirse en un baluarte en la exigencia del respeto y cumplimiento del Derecho Internacional con carácter general, y muy especialmente en el proceso de descolonización del Sáhara Occidental del que es responsable de su administración.

Publicado en el Nº 295 de la edición impresa de Mundo Obrero abril 2016

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