IV Foro de Mundo Obrero. Córdoba, 26 de enero 2017Intervención de José Manuel Mariscal: "Diez ideas para Octubre de 2017" “Nuestro objetivo es ligar la lucha de clases con la lucha democrática. Los comunistas no entendemos un bloque rupturista que no incorpore en su seno al pueblo trabajador y sus intereses de clase”

José Manuel Mariscal Cifuentes. Secretario General del Partido Comunista de Andalucía 21/02/2017

El centenario de la Revolución soviética coincide con casi medio siglo de contrarrevolución neoliberal. La derrota del proyecto de 1917 es uno de los logros de la contraofensiva que se inició en los años 70 con los Chicago boys en el Chile de Pinochet como experimento. Cuando Reagan copió la idea ya había roto Nixon con el patrón oro y con Bretton Woods. Desde entonces se sucedieron las crisis de la deuda de la década de los 80 en América Latina; las crisis financieras de los 90 en Rusia, México, Brasil o, en forma de guerra económica, en los hasta entonces llamados tigres del sureste asiático, hasta llegar a la gran recesión de nuestros días. Una sucesión continua de crisis que han dado como resultado un vuelco en la correlación de fuerzas, de momento.
Ha habido intentos propagandísticos para convencernos de que un capitalismo justo y razonable era posible. Pero las tercera vías de Blair y Clinton (señor) y sus bienpensantes seguidores son las que nos han traído hasta aquí. Como bien dice Nancy Fraser, la derrota de Clinton (señora) marca el fin del neoliberalismo progresista.

Introduzco un marco del presente porque me interesa celebrar el siglo soviético mirando al futuro, obteniendo las enseñanzas que nos puedan iluminar para hacer hoy la revolución. Por esta razón os lanzo diez ideas breves para hacernos preguntas complejas.

1. El proceso revolucionario de 1917 en Rusia, culminado en Octubre, fue contra los catecismos y la ortodoxia marxista de la época. La caterva de marxistas que llamaban loco a Lenin fue sellando sus labios poco a poco conforme se desarrollaban los acontecimientos, desde la Estación Finlandia hasta el Palacio de Invierno. Si Lenin hubiese hecho caso de los catecismos de la época no habría centenario que celebrar. Por eso Gramsci escribió “la Revolución contra El Capital”. Por eso hay que huir de lo que Fernández Buey llamaba los leninismos embalsamatorios. El leninismo es justo lo contrario que seguir un catecismo.

2. La lucha de clases nunca se expresa de una forma absoluta, nítida. Las “impurezas” son las que determinan la política de alianzas. La revolución soviética (y todos los procesos revolucionarios de este siglo) demuestra que alianzas y política son caras de la misma moneda. La hoz y el martillo, el símbolo de nuestra tradición comunista es la mejor expresión de las alianzas. Algo que nada tiene que ver con lo que hoy se llama (y yo me niego a llamar) política de alianzas. Si el sujeto es la clase, las alianzas hay que desarrollarlas en términos de clase. Somos materialistas, ni idealistas ni positivistas.


3. “Todo el poder a los soviets” fue una consigna que implicaba la existencia de un contrapoder capaz de hacerse con el mando de un país. Los soviets no fueron creados por Lenin ni por el Partido Bolchevique sino que surgieron de la fuerza creadora de las masas, pero constituyeron el núcleo democrático para otra institucionalidad, un contrapoder para la ruptura. ¿Qué contrapoder construimos para la revolución democrática que demandamos para el Estado Español?

4. Todo proceso revolucionario conlleva formas de violencia. Especialmente por parte de aquellos sectores cuyos privilegios peligran. Sectores que han demostrado durante el siglo soviético hasta dónde están dispuestos a llegar para mantener dichos privilegios. Lo primero a lo que tuvieron que hacer frente los revolucionarios de octubre fue a un ejército blanco apoyado por los EEUU, Francia, Japón y el Imperio Británico. La contraofensiva imperialista de hoy en América Latina tiene formas más sutiles que entonces, pero la violencia sigue siendo un arma recurrente de las clases parasitarias en todo momento y lugar.


5. El Socialismo es un proceso, no se decreta. La explicación de los hechos históricos debe basarse en las fuerzas motoras profundas: la lucha de clases y el desarrollo de las fuerzas productivas. La sociología es un elemento más de análisis, no un fin en sí misma.

6. La Revolución Soviética sitúa al ser humano en el centro. El objetivo es la emancipación del hombre y de la mujer. El proletariado es el agente más propicio para lograr dicho objetivo por su situación en las relaciones de producción del capitalismo. Si algo ha sido mercantilizado durante este siglo y, especialmente tras la contrarrevolución neoliberal es la propia vida.

7. La Revolución Soviética es un ejemplo de cómo combinar la lucha económica con la lucha democrática. Espontaneismo y conciencia fueron términos ampliamente utilizados para debatir sobre la táctica adecuada que fuese capaz de usar la lucha contra un régimen autocrático como el zarista como catalizador de la lucha por el socialismo.

8. El análisis del contexto europeo y de los procesos revolucionarios en otros países fue un aspecto central para los encuentros y desencuentros de los revolucionarios de 1917. No en vano, hace 100 años el mundo estaba en guerra, Lenin describió la misma como una guerra de rapiña y explicó en “El Imperialismo, fase superior...” las motivaciones profundas que permitían utilizar la demanda de Paz desde una perspectiva de clase. Paz entre los pueblos, guerra entre las clases.


9. El acierto estratégico de los bolcheviques de 1917 no hubiese sido posible sin el análisis profundo de la derrota de 1905. Hay que aprender de las derrotas, para lo cual lo primero es reconocer que ésta se ha producido. Hay que saber, también, ser minoría en un momento histórico dado, como minoría eran los Bolcheviques en los Soviets en febrero de 1917.

10. Repensar la revolución es repensar el poder. Estado, mercado, violencia y democracia se combinan hoy para aplastar a los pueblos. Alcanzar un gobierno sin conquistar el poder es un ejercicio que puede llevar a la melancolía y a la frustración. Para derrocar al gobierno provisional hubo de existir el contrapoder de los Soviets.

Para finalizar, el gran salto estratégico que introdujeron las “tesis de abril” tras la revolución rusa de febrero de 1917 es que el partido no es entonces visto como una vanguardia externa al movimiento obrero, sino como una parte del movimiento obrero mismo que se hace vanguardia al confrontar en él sus orientaciones con otras líneas políticas. Salvando las distancias históricas, el PCE debe asumir la necesidad de generar, y participar en, espacios que permitan confrontar nuestras orientaciones con otras líneas políticas.

Esto conlleva dos movimientos para el partido: hacia dentro, para el reforzamiento de un referente nítido, tan fuerte en lo ideológico como en lo organizativo, que explique los hechos en las fuerzas motoras profundas que operan en el capitalismo: el desarrollo de las fuerzas productivas y la lucha de clases; hacia fuera para trabajar en la ampliación por la base del bloque rupturista. Ambos movimientos deben retroalimentarse y estar dirigidos, en esta fase de acumulación de fuerzas, a trabajar el factor subjetivo del proceso de ruptura democrática: la organización y la consciencia de las masas.

Hacer que ambos movimientos se alimenten de forma mutua tiene también como objetivo ligar la lucha de clases con la lucha democrática: los comunistas no entendemos un bloque rupturista que no incorpore en su seno al pueblo trabajador y sus intereses de clase. Es decir, las reformas laborales, el código penal, las puertas giratorias, la ley electoral, la corrupción borbónica, la privatización de las pensiones o la mercantilización de los cuidados son, a modo de ejemplo, patas de la misma mesa. La amenaza cierta de que la salida de la crisis se realice como revolución pasiva radica en que el bloque dominante sea capaz de separar en intereses diversos a las capas subalternas, incorporando parte de sus demandas de forma fragmentada.

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