El tren de la memoria

Bimba, Dominguín y Vista Alegre El activismo de Domingo Dominguín como financiador, protector y encubridor de los comunistas fue intenso y desbordado.

Mariano Asenjo Pajares 01/03/2017

“Subid de la mina, bajad de las colinas,
camaradas...”
(Le chant des partisans)

Falleció de cáncer a los 41 años la cantante y modelo Bimba Bosé y el “pío pío”, como llama Ángel de la Cruz al Twitter, se volvió a convertir en un estercolero de comentarios homófobos y denigrantes... Esto no es nuevo, ya lo decimos, pero sí viene a demostrar que de la estupidez se puede hacer un acopio rápido y, además, es de muy fácil almacenamiento. Nos lo aseguró por escrito ese príncipe de la relatividad que fue Albert Einstein: “Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro”.

Como sabemos, Bimba Bosé era nieta del diestro Luis Miguel Dominguín y de la actriz Lucía Bosé. La saga de los Dominguines es larga y entretenida –al menos para quien escribe-, y no solo por los hijos de Luis Miguel y Lucía. Una de las hermanas de Luis Miguel, Carmen, se casó con Antonio Ordóñez, y de ahí vienen los Paquirris, que a su vez enlazaron con la Casa de Alba... En fin, la relación sería larga. No obstante, para esta entrega quedémonos en concreto con uno de los Dominguines, un tío abuelo de Bimba, el fascinante Domingo Dominguín, el mayor de los hermanos de la “camada” a la que pertenecía Luis Miguel.

Fue Domingo –lo mismo que el patriarca de la familia- apoderado y empresario taurino. Llevó la representación de su hermano Luis Miguel hasta la retirada de éste; y también se ocupó de la carrera de Antonio Ordóñez durante mucho tiempo. En Ecuador tuvo ganadería y finca propias, esta última de nombre “Macondo”. No obstante Javier Pradera cuenta que fue en México, a través del conocimiento de los exiliados españoles, dónde se produjo el acercamiento de Domingo con el PCE. Ese primer chispazo se habría producido hacia 1943 y, desde entonces, su activismo como financiador, protector y encubridor de los comunistas fue intenso y desbordado. Entre sus allegados se contaban: Simón Sánchez Montero, Jorge Semprún, Javier Pradera, Aldecoa, Pepe Esteban, Celaya, López Pacheco, Alfonso Sastre, Alberti…

Pero fue también con otro grupo de amigos, algunos camaradas, con los que Domingo (también su hermano Pepe Dominguín) crearon UNINCI, nada menos que una productora cinematográfica española bajo el franquismo. Ahí estaban Juan Antonio Bardem, Ricardo Muñoz Suay, Luis Buñuel…, a los que habría que añadir los nombres de Luis García Berlanga, Francisco Canet, Francisco Rabal y otros. Entre los hitos más importantes de su trayectoria: Bienvenido Mr. Marshall y Viridiana, que logró la Palma de Oro en Cannes.

Los Dominguines, como se les conocía, gestionaron muchos cosos taurinos en España y América, pero es a la madrileña plaza de Vista Alegre a la que su nombre quedó estrechamente ligado. Esta es la razón por la que algunos de los mítines del PCE más importantes en los inicios de la transición fueron en este escenario. Para estos asuntos, la conexión entre Sánchez Montero y Domingo Dominguín estaba muy bien engrasada.

Ocurrida en Vista Alegre se cuenta la siguiente anécdota. Una tarde que toreaba Palomo Linares se esperaba a los Príncipes de España. Por cuestiones de seguridad la puerta principal tardaba en abrirse mientras una gran cantidad de aficionados, con su entrada en la mano, presionaba para acceder. Un teniente de la Guardia Civil que esperaba a los Príncipes, nervioso, se dispuso intimidador ante el público con el cinturón enrollado en su mano y la hebilla metálica lista para golpear. Cuando lo vio Domingo, de un brinco se situó con los brazos abiertos delante del guardia protegiendo a la gente, al tiempo que ordenaba a los porteros que abriesen las puertas. Frente al dueño de la plaza el teniente bajó la cabeza, se envainó el cinturón en la guerrera e hizo mutis por el foro.

Sobre Domingo Dominguín escribió el director de cine y productor, Muñoz Suay: “Era el hombre más generoso que jamás había conocido. Lo daba todo”. Puso el piso de Ferraz a disposición del PCE. Allí hubo infinidad de reuniones clandestinas y allí hubo camaradas escondidos. En Ferraz, entre los brazos de Domingo, murió de infarto el escritor Ignacio Aldecoa.

En “Federico Sánchez se despide de ustedes” Jorge Semprún evoca con tristeza la ausencia de Domingo. “Una vida más tarde, varias muertes más tarde, alguien murmuró que sólo nos faltaba Domingo. Nos miramos y era verdad”. Ya había ocurrido; el tiro sonó en Guayaquil mediado octubre de 1975 –aún vivía Franco-, directo al corazón (dicen que era lo que más le dolía). Dejó escrita una escueta nota, en realidad un brindis: “Por los soles compartidos”.

#ElPCEyLosDominguines

Publicado en el Nº 303 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2017

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