La Retranca

Mi hijo consumió cocaína el viernes

Dolores de Redondo 10/03/2017

Mi hijo consumió cocaína el viernes, pero es que cualquiera la consume". Así respondió a los periodistas la madre del conductor de un autobús escolar accidentado en Fuenlabrada, después de que su hijo diese positivo en cocaína. Parece como si la señora hablase del pan o de la leche del desayuno; como si enfarloparse fuese tan cotidiano como encender la tele. No es tan exagerado como lo pinta pero, a la luz de algunos datos, algo de razón no le falta. De hecho, parece que en el gremio de camioneros y conductores las rayas que se siguen no son únicamente las de la carretera. Según datos de la Dirección General de Tráfico (DGT), en 2015 se realizaron en España 76.000 controles de drogas, resultando positivos el 33% de los casos. En el primer control sorpresa de 2017, de veintiuna pruebas de drogas realizadas a conductores de camiones y furgonetas, cinco dieron positivo: tres por cocaína y dos por opiáceos. En el 14% de los conductores fallecidos por accidente el pasado año aparecieron restos de drogas.

Durante años fue un lujo para una élite, pero la cocaína ha igualado a las clases sociales. La consume el camionero, el cirujano, el deportista, el abogado, el empresario de éxito, el fracasado, el albañil, el estudiante, el quinqui, el famosete, el concursante de Gran Hermano o el congresista... la nieve vale para tochas grandes o pequeñas; fosas nasales reales o plebeyas. De hecho, España es el país de Europa que más cocaína decomisa, con 22.894 kilos incautados en 2015, y uno de los mayores consumidores del mundo. Tanta nieve se mueve, que entre las labores formativas del buque escuela de la Armada “Juan Sebastián Elcano” se encontraba el trapicheo de 150 kilos de cocaína y otros diez de heroína. En 2014 el gobierno incorporó en el PIB el tráfico de drogas.

Para quien no lo sepa, la cocaína comenzó a usarse como anestésico en clínicas de Alemania en 1884. Poco después, Sigmund Freud escribió sobre sus efectos en su obra Über Coca. Sherlock Holmes, el emblemático investigador creado por Arthur Conan Doyle en 1887, se inyectaba cocaína por la vena.

Uno de los cocainómanos más famosos del mundo, Diego Armando Maradona, declaró recientemente que se inició en Barcelona cuando tenía 24 años y que había sido el error más grande de su vida. No es de extrañar. Barcelona tiene solera al respecto. Ya en 1917 el consumo de cocaína se convirtió en un problema de salud pública. Durante años la nieve de la marca Merck o Boehringer pudo comprarse sin receta en las farmacias, hasta que en 1918 el gobernador civil lo prohibió expresamente. De su venta al menudeo, dentro de cajitas de cerillas, se encargaban botones de hotel, vendedores ambulantes de tabaco, limpiabotas y floristas. Se pusieron de moda los clubs de cocainómanos, Joan Viladomat compuso el Tango de la cocaína y Santiago Rusiñol se convirtió en uno de los primeros adictos. Cuando la conocida como "papirusa","mandanga", "cocó" o "nievita" se escondía en la espalda para el contrabando se decía que su portador hacía “el camello”.

Cuenta Eduardo Galeano que la mayor traficante de narcóticos del siglo diecinueve fue la reina Victoria, quien jamás mencionó la palabra droga. Durante su reinado el opio se convirtió en la mercancía más valiosa del comercio británico, que cultivaba las amapolas en gran escala en la India e introducía buena parte del opio en China a través del contrabando. Se calcula que cuando el emperador chino prohibió el tráfico y consumo de opio en 1839, el país tenía doce millones de adictos. La reina inició entonces la llamada Guerra del Opio, para garantizar que los chinos siguieran colocándose y los británicos siguieran forrándose.

El liderazgo imperial cambió de nacionalidad, pero no de métodos. Jorgito Bush invadió Afganistán para vengar las torres gemelas y perseguir a Bin Laden, pero con ello controló el 90% de la producción de adormidera. Su papi participó de lleno en la operación Irán-Contra donde, entre otras cosas, se utilizó el tráfico de cocaína para acabar de forma violenta con la revolución sandinista de Nicaragua. El periodista Gary Webb, premio Pulitzer en 1990, reveló cómo los barrios negros de EE.UU. fueron inundados de crack (cocaína para pobres) para abastecer de dinero y armas a la CIA. Involucró a Luis Posada Carriles y otros cubanoamericanos en la operación, hasta que en 2004 le suicidaron de dos tiros en la cabeza cuando preparaba la segunda parte de su libro La alianza oscura.

“El gato” Félix Rodríguez, compinche de Bush y Posada Carriles, responsable del asesinato del Che Guevara, fue enviado por la CIA a la guerra de Vietnam como piloto de aviación, donde participó en la Operación Fénix y transportó heroína para la CIA desde Laos hasta los EE.UU. Después utilizaron la cocaína para la Operación Cóndor, la versión de Fénix en América Latina. Y ambas drogas para la Operación Gladio en Europa. De hecho, el jefe de la DINA chilena Manuel Contreras acusó a Pinochet de traficar con cocaína negra que el ejército chileno sintetizaba en bases militares. Hugo Chávez siempre sostuvo que el narcotráfico era cosa de la DEA y la CIA y que en el origen del negocio del tráfico de drogas está "el consumismo capitalista y la degeneración del modo de vida occidental".

Si algo podemos asegurar, es que no existe una sola población de cierta entidad en España donde no se pueda conseguir cocaína. El número de municipios es de 8.124. Teniendo en cuenta este dato surgen dos preguntas inmediatas: ¿Cuánta cocaína se consume en este país en un solo día? ¿Cuánta cocaína se mueve diariamente? Es decir, cuál es el Producto Interior Bruto de farlopa en España?

— Y digo yo... ¿aquí no haría falta una Revolución?

— Y luego, ¿por qué me lo preguntas?

Publicado en el Nº 303 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2017

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