El tren de la memoria

Mundo laberinto La construcción de vallas fronterizas constituye un formidable negocio para las empresas de seguridad... vallar 800 metros con alambradas y cámaras puede costar entre un millón y 10 millones de dólares.

Mariano Asenjo Pajares 16/03/2017

El alacrán y el ciempiés...
¡Cierra la muralla!

(‘La muralla’, Nicolás Guillén)

El proyecto de Donald Trump de sellar por completo la frontera de EEUU con México impacta por su hostilidad declarada, pero no es un asunto novedoso. En 1989, tras la caída del Muro de Berlín, había 16 muros o vallas fronterizas en otros tantos países del mundo. Un cuarto de siglo después, el número se ha multiplicado por cuatro. Según la investigadora Élisabeth Vallet, profesora de geopolítica de la Universidad de Quebec en Montreal (Canadá), el mundo contaba en el 2015 con 65 muros fronterizos (completados o en construcción). La cifra aumentó hasta el pasado octubre al menos a 70, más que en ningún otro periodo de la historia moderna. No deja de ser una contradicción maléfica en un mundo interconectado.

Poner puertas al campo ya no es una quimera. La preocupación por la seguridad y el intento de frenar la inmigración han generalizado estas vallas, cuya construcción se disparó tras los atentados terroristas del 11-S, en el 2001. Para Reece Jones, autor de 'Violent Borders' (‘Fronteras Violentas’), son varias las razones que explican este espectacular incremento. No obstante, todo empieza cuando a partir del 11-S “el estigma que solía asociarse a la construcción de muros fue eliminado (…), y casi siempre se han construido donde los pobres intentan cruzar las fronteras en busca de mejores oportunidades”.

En el actual contexto internacional, levantar muros se ha convertido en una cuestión clave entre los operativos de los estados para proteger a la población, sea la amenaza real o sugerida. Porque no nos olvidemos, la construcción de vallas fronterizas constituye un formidable negocio para las empresas de seguridad. Según los expertos, vallar 800 metros con alambradas y cámaras puede costar entre un millón y 10 millones de dólares. En EEUU, el muro cuesta entre 700.000 euros y 4,6 millones de euros por kilómetro. Equipado con la tecnología necesaria (cámaras térmicas, sensores, etc.), el coste aumenta a 15 millones. Solo el mantenimiento del muro actual para los próximos 20 años se estima en 6.137 millones de euros. Y la 'ñapa’ de Trump costará entre 5.600 y 37.500 millones de euros, según cálculos del Massachusetts Institute of Technology (MIT).

Ante el grosor de lo que vamos viendo en este tiempo que vivimos, su magnitud y planificación, todo lo ocurrido en el pasado se nos antoja incluso trivial… A propósito de la desaparición del muro que separó durante años a las dos alemanias, con un humor tan naíf que parece casi navideño, escribía Paco Umbral: “El muro de Berlín era ya, para nosotros, un recurso periodístico como la castañera, el Tenorio y la llegada de la primavera. Cuando no había de qué escribir un artículo, escribíamos del muro de Berlín, que siempre era un tema fuerte, humano, sentimental y bien recibido por las diversas censuras y por la opinión”.

Con la guerra fría cogiendo polvo en el desván de los trastos desfasados, hoy los muros ya están homologados por el neofascismo imperante que los ha convertido en tendencia. Hoy los muros, por arte de birlibirloque, ya no son símbolos del autoritarismo sino unos modernos artilugios futuristas que parecen salidos de la factoría distópica de Mad Max. Para colmo, se venden como rosquillas con la excusa de ser unos instrumentos muy prácticos para frenar los flujos migratorios e impedir el paso a los desheredados de la tierra. Estos modernos muros, alzados con enormes bloques de cemento, alambradas y zanjas, son todo un monumento a la creciente desigualdad e injusticias reinantes en un mundo que emulsiona dinero y sangre.

Recientemente el exlíder de Pink Floyd, Roger Waters, declaró que está entre sus planes realizar un concierto en la frontera entre México y Estados Unidos, pues sigue considerando a su opera rock The Wall como una acción de protesta. “Todavía no hemos aprendido a proteger a este pequeño planeta del desastre. Después de la II Guerra Mundial pensábamos que los países occidentales teníamos una cosa llamada democracia que haría que todo funcionara. Pero tenemos que darnos cuenta de que ahora hay otras fuerzas que son más poderosas que esa vieja idea griega. El dinero, la avaricia, el lado oscuro de la naturaleza humana… es una batalla intensa y difícil, que estamos perdiendo”.

Hay una foto del planeta tierra que ya está tardando; si hasta aquí era la Gran Muralla china el único monumento construido por el hombre que podía ser visto desde el espacio, esa imagen ha de ser actualizada por un mundo de muros que se cruzan y no acaban: ¡Bienvenidos al Mundo laberinto!

#CierraLaMuralla

Publicado en el Nº 304 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo 2017

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