Escenarios

Crítica de teatroÚltimo tren a Treblinka...entre el horror y la esperanza Hemos de destacar el trabajo de dirección de Mireia Gabilondo quien ha sido capaz de insertar un buen trabajo de documentación, no sólo en la reproducción del día a día, sino entremezclando acciones.

Iván Alvarado 22/03/2017

Obra: Último tren a Treblinka
Dirección: Mireia Gabilondo.
Autor: Patxo Telleria
Idea original y argumento: Ana Pimenta y Fernando Bernues.
Intérpretes: Alfonso Torregrosa, Maiken Beitia, Eneko Sagardoy, Gorka Martin, Jon Casamayor, Kepa Errasti, Mikel Laskurain, Nerea Elizalde y Tania Fornieles.
Traducción: No se especifica.
Idioma: Castellano-Euskera
Producción: Vaivén Producciones.
Función en Madrid: Sala Cuarta Pared (1 al 5 de febrero y 8 al 12 de febrero).
Próximas funciones: Marzo (Donosti: 8 y 9 en castellano- Eibar 25 doble función euskera-castellano). Abril (Donosti 24 al 28 campaña escolar). Mayo (Donosti: 1 al 5 (campaña escolar), 6 en castellano, 7 en euskera. Durango día 13 en castellano).

La compañía vasca Vaivén Producciones nos presenta en Último tren a Treblinka las últimas horas de la experiencia pedagógica vivida en el orfanato judío de Janusz Korczak y su colaboradora Stefania Wilczynska, dentro del gueto de Varsovia.

Su proyecto pedagógico intentó crear una república de niños, basando su aprendizaje en: el trato igualitario entre el educador y los niños, la cooperación en las tareas, recreación de una atmósfera educativa propicia y la autonomía del niño. Para esto último generó en el orfanato un consejo autónomo (donde tomar las decisiones) y un sistema de arbitraje (que se muestra en el dispositivo).

Dicho dispositivo es bastante interesante, teatralmente hablando, por varios factores: El primero de ellos es la apuesta escénica, que se presenta rompiendo la convención del teatro a la italiana, introduciendo al público, bien sea en literas o bien sea en mesas que simulan un comedor, en una disposición que intenta reproducir el día a día del orfanato.

Hemos de destacar que una apuesta en escena similar ya fue utilizada por Jerzy Grotowski en Kordian, de Slowacki. El resultado, en el presente caso, es lograr una atmósfera que nos introduzca en las últimas horas vividas por los 200 niños y niñas de aquel orfanato en el gueto de Varsovia el 5 de agosto de 1942. La cercanía de la acción y el estar entremezclados entre los actores y actrices lo consigue.

El segundo elemento destacable es el intenso trabajo del elenco quienes, desde diferentes recursos como: el parateatro (representan la obra El cartero del rey de Tagore para un colaboracionista), la música en directo introduciendo baile y canciones en medio de la desolación producida por la falta de comida, o la reproducción de un juicio desarrollado por los propios niños y niñas, consiguen un doble efecto; olvidarnos por momentos del contexto bélico que les rodea y enseñarnos que pese al terror la vida se sigue desarrollando cohabitando con la inhumanidad.

Unido a lo ya expuesto hemos de destacar el trabajo de dirección de Mireia Gabilondo quien ha sido capaz de insertar un buen trabajo de documentación, no sólo en la reproducción del día a día, sino entremezclando acciones (como la boda simbólica entre dos integrantes del orfanato) que abren una ventana a la búsqueda de humanidad en medio de uno de los momentos históricos más trágicos del siglo XX.

La obra, según el dossier de Vaivén Producciones, pretende ser un homenaje y una reivindicación. Lo primero lo consigue, lo segundo, permítannos al menos dudarlo.
El homenaje llega desde el heroísmo pues, pese a la luz que pretendía generar el proyecto pedagógico, el horror siempre asoma a la ventana llevándonos a unos personajes que bien desde la ingenuidad de una niña, que pregunta a dónde van, o desde las dudas existenciales que padece Korczak siempre encuentran el mismo camino al cual van cantando.

Creer sin embargo que es reivindicativo es querer ir más allá de lo que el dispositivo ofrece. Como decía Hannah Arendt, si la no violencia de Gandhi se hubiera enfrentado con un enemigo diferente, el desenlace hubiera sido, no la descolonización, sino la matanza y la sumisión.

Por tanto, volver a trabajar -no es el primer montaje este año que cubrimos sobre la temática- sobre los horrores del nacionalsocialismo, es caer en callejones sin salida que nos muestran la cara del horror pero sin preguntarse cómo se sostiene ese horror y mucho menos cómo se derrota. Pese a ello, no recuerdo, en más de una década asistiendo a Cuarta Pared, tanta unanimidad de aceptación por parte del público.

Publicado en el Nº 304 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo 2017

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