Con la movilización y el Poder Popular, FRENAMOS LA REAPERTURA NUCLEAR La Central de Garoña es, por su antigüedad, una edificación con carencias que pone en jaque a su plantilla y que supone un serio riesgo para la población y el entorno medioambiental que la rodea

Unión de Juventudes Comunistas de España 27/03/2017

El miércoles 8 de febrero se daba a conocer que el Consejo de Seguridad Nuclear aprobaba la propuesta de reapertura de la Central Nuclear de Santa María de Garoña. Una propuesta que las grandes empresas eléctricas del Estado español –bajo la careta de Nuclenor- habían estado solicitando desde la paralización de la planta. Claro está que la reapertura para estas compañías pasaba por no invertir en la rehabilitación de una central nuclear que se encuentra entre las 10 más antiguas del mundo.

No es casual tampoco que esta noticia se conozca en un momento en el que la crisis se ha cebado con las familias trabajadoras; dejando tras de sí una huella de pobreza que es la culpable de que este invierno el frío, las tinieblas e incluso la muerte haya rozado los hogares de nuestra clase social. Ese antagonismo, materializado esta vez en un debate sobre si reapertura sí o reapertura no, está también basado en la Lucha de Clases.

¿Qué gana la oligarquía con la reapertura? Mucho dinero. La Central Nuclear de Garoña tiene una media de beneficios anuales que ronda los 150 millones de euros. Una de las primeras causas de esto es que la Central se abrió en 1971 por lo que la gran inversión, que en su momento hicieron Iberduero y Electra de Viesgo, está más que amortizada. Otra de las causas es lo barata que resulta la energía nuclear, el precio del Kw es inferior a los 0.06€, menos de la mitad de los 0.14€ que cuesta la energía solar en el Estado español. Por otra parte, dado que la energía nuclear es de generación continua, en casos de disfunciones del mercado eléctrico español no son las centrales nucleares las que paralizan la producción sino otras, por ejemplo las renovables; esto supone que las compañías que las gestionan siempre mantengan su beneficio.

¿Qué pierde la clase trabajadora con la reapertura? La vida. La Central de Garoña es, por su antigüedad, una edificación con carencias que pone en jaque a su plantilla y que supone un serio riesgo para la población y el entorno medioambiental que la rodea. Los reactores nucleares necesitan para su refrigeración grandes cantidades de agua, que aunque no es contaminada por sustancias radioactivas sí que sufre un cambio de temperatura antes de devolverse a su lugar de origen. Un estudio de 2010 revelaba que el Río Ebro se calentaba a su paso por la central 10 grados más de lo permitido lo que sin duda provocaba graves daños medioambientales que suponían el perjuicio del ecosistema y de las actividades que manan de él, como la agricultura.

Nuevamente, una Institución amparada por el sentido de clase de nuestro Estado cede ante la oligarquía para concederle la licencia de nutrirse de nuestra fuerza de trabajo, de nuestra tierra y de nuestra vida incrementando así sus beneficios. La precariedad, los accidentes laborales, el impacto medioambiental, el frío, la oscuridad, el hambre y la miseria a la que las trabajadoras y trabajadores somos sometidos sólo puede acabar mediante la socialización de los medios de producción. También de los de producción energética.

Desde la Juventud Comunista la respuesta es tajante: reapertura NO. Nos oponemos a la reactivación de Garoña porque sienta un precedente de cara a la prolongación de vida de nuestro envejecido (y precario) parque nuclear. Porque el objetivo de Endesa y de Iberdrola es la maximización de sus beneficios a costa de nuestra salud y de la de nuestro ecosistema. Apostamos decididamente por la nacionalización de las compañías eléctricas y por un modelo energético soberano que tenga como principal objetivo abastecer las necesidades de la clase trabajadora que, además, permita la máxima sostenibilidad con nuestro entorno ambiental.

Publicado en el Nº 304 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo 2017

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