La Retranca

La demografía y los Borbones La familia real española también aprovechó el “boom del ladrillo” para asegurarse descendencia. Entre 1998 y 2007 los tres descendientes de Juan Carlos y Sofía tuvieron ocho vástagos, casi a razón de uno por año.

Dolores de Redondo 20/04/2017

Quién no recuerda aquella letanía aprendida en las clases de Ciencias Naturales cuando se explicaba el ciclo vital de los seres vivos: “Los animales nacen, crecen, se reproducen y mueren”. Pues bien, a la vista de las estadísticas demográficas, los animales supuestamente racionales de esa cosa llamada España nacen, crecen, no se reproducen (al menos convenientemente) y mueren. ¿Todos? Bueno, todos no. Una familia poblada por irreductibles Borbones resiste todavía y siempre a los problemas demográficos.

Para quien no lo sepa, en 2015 se produjo por vez primera un saldo negativo de la población española. En ese año murieron 2.278 personas más de las que nacieron, algo que no sucedía desde que en los años 40 comenzaron a elaborarse estadísticas anuales. Y solo fue el inicio de una tendencia que durará años.

Lejos han quedado los tiempos donde las españolitas y los españolitos se entregaron al deber patriótico de reproducirse. Aquel efecto irremediable del supuesto esplendor económico, tan cacareado por el régimen franquista. Un esplendor tan supuesto que exportábamos mano de obra a toda Europa en busca de empleo, con Alemania y Suiza como destinos preferentes. Se trataba de la llamada “Generación del baby boom”, aquella nacida entre 1958 y 1977. En esos años hubo casi 14 millones de nacimientos; 4,5 millones más que en los 20 años siguientes y 2,5 más que en los 20 años anteriores.

Son precisamente las personas coetáneas de las cortes constituyentes de 1977 las que subsisten en mayor número: 805.902. Es decir, en plena crisis del régimen nacido con la Transición, las personas de cuarenta años constituyen el tramo de edad con mayor población. Para hacernos una idea: en 2016 los bebés entre 0 y 1 años eran 408.243. Es decir, los cuarentones duplican a los recién nacidos.

Si analizamos los datos que aporta el Instituto Nacional de Estadística (INE), la ficticia bonanza económica de los años de la burbuja inmobiliaria y los efectos de la crisis son muy visibles en la natalidad. En 2008, justo antes del estallido de dicha burbuja, se alcanzó el máximo de nacimientos en treinta años: 519.779. Siete años después, en 2015, hubo cien mil menos: 419.109.

Como no podía ser menos, como buenos españoles, las tres parejas que aumentaron el árbol genealógico de la familia Borbón también provienen de la generación del baby-boom. Y haciendo un juego de palabras, la familia real española también aprovechó el “boom del ladrillo” para asegurarse descendencia. Entre 1998 y 2007 los tres descendientes de Juan Carlos y Sofía tuvieron ocho vástagos, casi a razón de uno por año. Y los más prolíficos, sin duda, han sido Iñaki Urdangarín y la infanta Cristina, quienes un día decidieron romper la estadística española y se reprodujeron hasta en cuatro ocasiones. Es muy probable que los beneficios del Instituto Nòos de Estudios Estratégicos de Patrocinio y Mecenazgo -creado en 1999, el mismo año en que nació su primer hijo- contribuyesen a tal fin.

No voy a comentar nada sobre la tragicómica sentencia del caso Nòos, porque no procede en un artículo de carácter científico sobre la demografía. Pero sí importa tenerla presente para un análisis exhaustivo de los efectos perniciosos de la crisis en las familias españolas, incluso en aquellas más privilegiadas. La familia Borbón no ha sido ajena a sus consecuencias, y a día de hoy puede considerarse una familia desestructurada. El matrimonio mayor vive separado, después de haber sido largamente afectado por las numerosas infidelidades y problemas con el alcohol del patriarca. El matrimonio de su hija mayor también se ha visto quebrado, incluyendo una enfermedad de su marido que muchos han relacionado con el consumo de estupefacientes; y el hijo mayor padece serios problemas de adaptación social. La hija mediana ha sido juzgada recientemente y condenada a una pena de multa e, independientemente de tejemanejes políticos y judiciales, su marido ha sido condenado a seis años de prisión.

Las primeras personas pertenecientes a la generación del baby-boom que alcancen la edad de jubilación lo harán en 2023. Cada vez se hace más evidente que para conseguir una democracia digna de tal nombre debemos luchar día a día hasta conseguir, lo antes posible, la jubilación anticipada de los Borbones. Es.

— Y digo yo... ¿aquí no haría falta una Revolución?

— Y luego, ¿por qué me lo preguntas?

Publicado en el Nº 304 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo 2017

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