1º de Mayo: el orgullo de pertenecer a la clase obrera

Daniel Gismero 28/04/2017

Se cumplen 133 años de aquel IV Congreso de la Federación Estadounidense del Trabajo, en el que se decidió que a partir del 1 de Mayo del 1886 se obligaría al empresariado a cumplir y respetar la jornada de 8 horas. Como la ley no se cumplió, los sindicatos de EE.UU. paralizaron el país convocando más de 5.000 huelgas, en una de ellas, en Chicago unos sindicalistas fueron ejecutados. Aunque a día de hoy, trabajar 8 horas diarias ya no es tan normal, si hubiéramos vivido hace 140 años, comprenderíamos perfectamente que los derechos laborales y sociales fueron arrebatados y conquistados fruto de la lucha del movimiento obrero.

Desde su establecimiento en la mayoría de los países como día festivo (142), por acuerdo del Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, el 1 de Mayo es considerada una jornada de lucha, de reivindicación y también por supuesto de fiesta popular.

Pero esta cita histórica de encuentro del movimiento obrero, lamentablemente está dejando de ser el encuentro anual de los trabajadores y las trabajadoras, el día en que toda la clase trabajadora sale masivamente a la calle junto con las organizaciones sindicales para reivindicar las mejoras y el papel prioritario de la fuerza del trabajo en la sociedad.

El encadenamiento de derrotas que el movimiento obrero viene sufriendo principalmente desde finales de los 90 en nuestro país (antes en el resto de Europa), está intrínsecamente ligado a la pérdida de la cultura genuina de las clases populares. La clase trabajadora necesita recuperar el orgullo de pertenecer a la clase obrera y con ello recuperar sus costumbres y usos populares. Sus fiestas y sus formas de ocio alejadas de las sociedades de consumo que se han abierto paso.

No se trata consecuentemente, de encerrarnos en el pasado y renegar de los avances y adelantos que la ciencia y la investigación nos facilitan, ni mucho menos. Se trata de recoger lo mejor de nuestras tradiciones, las nuevas formas de ocio y los adelantos de la ciencia y ponerlas al servicio del colectivo. Aprovechar la revolución tecnológica para mejorar la calidad de vida de la gente.

De darle un enfoque trabajador y de clase a los deportes de masas, como muy acertadamente hace la afición del Rayo Vallecano (por citar una) o La Demencia del Estudiantes (por citar otro deporte de masas). De saber romper la individualización del ocio que se está imponiendo y saber crear espacios de colectivización donde la clase trabajadora, se encuentre y socialice, se ponga cara y sientan que sus problemas son los mismos problemas que la de millones de trabajadores y trabajadoras.

La avaricia y la necesidad de acumular riquezas de una minoría está condenando a la mayoría social a la exclusión y al paro, en forma de desempleo, precariedad, temporalidad, trabajos de miseria, jornadas que se alargan etc… que nos impiden no poder vivir con la dignidad que necesita un ser humano y sin posibilidad de generar un proyecto de vida a largo plazo; sin poder construir una familia, acceder a una vivienda, tener una educación y una sanidad adecuada y garantizada, todas aquellas cosas que presuponíamos ya consolidadas se están diluyendo cual azucarillo.

La excusa de la gestión neoliberal de la crisis, no ha servido más que para consolidar la tasa de beneficios del gran capital y arrebatar derechos a los trabajadores y trabajadoras. Las reformas laborales han devaluado los salarios hasta tal punto que a día de hoy es posible ser pobre trabajando, disparándose así los niveles de desigualdad y pobreza. La negociación colectiva, reducida a la nada, ha relegado a los sindicatos a un papel de intermediación y gestión entre trabajadores y empresa, consiguiendo anularle como un verdadero agente que sirva para la toma de conciencia y la recuperación de derechos.

En un país con casi 5 millones de parados y casi 4 millones que cobran menos de 300 euros al mes, se hace imprescindible recuperar y sabernos clase obrera, explotada y oprimida. Solo tomando conciencia de lo que somos podremos conocer nuestra realidad y transformarla. Para ello es imprescindible recuperar el sindicato como un agente que organice el conflicto y sitúe a los trabajadores y trabajadoras a la ofensiva, como un canalizador de las inquietudes y necesidades de la mayoría social, que facilite también, como no, la organización de estos en otros ámbitos fuera de la vida de la empresa, en sus barrios y pueblos.

Por tanto este 1 Mayo y los siguientes empapémonos de la alegría de sabernos clase obrera y contagiemos a nuestros compañeros y compañeras, vecinos y vecinas del orgullo de ser los que generamos y garantizamos que la riqueza del país se mueva y funcione.

¡VIVA EL 1º DE MAYO!
¡VIVA LA LUCHA
DE LA CLASE OBRERA!

Publicado en el Nº 306 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2017

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