Mundo multipolar

Trump, un peligroso actor contra la paz mundial El verdadero objetivo de Trump... es combatir la alianza ruso-china, cada vez más firme y estratégica en términos económicos y militares.

Willy Meyer 03/05/2017

Los peores vaticinios se han cumplido. La llegada de Donald Trump a la presidencia de los EEUU, jalonada de escandalosas y amenazantes declaraciones referidas a la guerra (“Ya es hora de que EEUU vuelva a ganar guerras”), los ha puesto en práctica. El pasado 7 de abril ordenó el ataque con 59 misiles Tomahawk contra la base aérea de Shayrat, en la ciudad siria de Homs. Ese ataque militar, vulnerando la Carta de Naciones Unidas, se convierte en el primer acto ilegal y por tanto criminal, de la nueva Administración Norteamericana liderada por Trump. Sin la autorización expresa del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la agresión militar al Estado Soberano de Siria, se quiso presentar como una represalia por el ataque con armas químicas a la localidad de Jan Shijún, al norte de Siria, ataque del que ninguna investigación del organismo internacional competente, la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) ha podido determinar la autoría de dicho crimen de guerra. El Secretario de Estado Norteamericano John Kerry, celebró en octubre de 2013 la retirada de todo el arsenal químico de Siria en cumplimiento de la resolución ad hoc del Consejo de Seguridad de NNUU, por lo que no se debería desechar ninguna hipótesis de la posible autoría, incluida la de los propios grupos terroristas que estuviesen fabricando armas químicas. El embajador de Bolivia en la reunión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Sacha Llorenti, definió muy bien la agresión criminal: "Cuando todos estamos aquí discutiendo y exigiendo una investigación independiente, EEUU se convierte en el investigador, en el fiscal, en el juez y en el verdugo”.

En 2003, el presidente Bush construyó una patraña, con la colaboración de sus servicios de inteligencia y los del Reino Unido, sobre la posesión de armas químicas del régimen de Sadam Husein para iniciar la guerra ilegal-criminal de Iraq que, además de devastar Iraq, precipitó una desestabilización de Oriente Próximo y la aparición del llamado Estado Islámico.

Desde 1999, año de la guerra de Yugoslavia, las Administraciones Norteamericanas practican la agresión a países soberanos contraviniendo la Carta de Naciones Unidas, el mayor esfuerzo normativo internacional tras la II Guerra Mundial, para evitar el flagelo de la guerra a las generaciones posteriores a esa terrible guerra. Curiosamente fue un presidente norteamericano, Franklin D. Roosevelt quién propuso a Churchill y Stalin en las conferencias de Teherán (1943) y Yalta (1945), la necesidad de crear las Naciones Unidas para impedir que ningún Estado se atribuyese el uso de la fuerza contra otro Estado sin el consentimiento de, lo que más tarde sería, el Consejo de Seguridad.

Una semana más tarde de bombardear Siria, EEUU lanzó sobre Afganistán la bomba no nuclear más potente, la “GBU43”, once toneladas de explosivos, empleada por primera vez como potente bomba contra subterráneos o túneles. Con ese lanzamiento, el primero no experimental, EEUU lanzaba un mensaje sobre su capacidad militar para destruir silos de misiles en Irán o Corea del Norte, siguientes objetivos de la Administración Norteamericana.

Estas acciones militares se producen después de instalar, en el mes de marzo en Corea del Sur, un sistema antimisiles, que provocó una airada y rápida respuesta de la República Popular China “tomaremos las medidas que sean necesarias para evitar esa escalada armamentista en la región, incluida la ruptura de relaciones diplomáticas con Corea del Sur o una ruptura de sus relaciones comerciales".

Y, precisamente, en relación a Corea del Norte y sus pruebas de lanzamiento de misiles balísticos, Trump advirtió que “Corea del Norte es un problema, y un problema que será atendido", no descartando una acción militar. Esas declaraciones fueron denunciadas inmediatamente por los ministros de asuntos exteriores de China y Rusia como una provocación para la estabilidad de la región asiática.

En su estilo bravucón, el presidente Trump organizó un engaño advirtiendo que un grupo de combate naval de 6.000 hombres, con el poderoso portaviones nuclear Carl Vinson, se dirigiría hacia Corea del Norte para responder a sus pruebas nucleares. En realidad la flota, que estaba a 5.600 km de la Península de Corea, navegaba en dirección contraria. Pero, el engaño consiguió elevar la tensión con Rusia y China en relación a una posible escalada bélica en una región tan sensible para ambos Estados.

Todos los analistas coinciden en que el verdadero objetivo de Trump y la nueva Administración de los EEUU es combatir la alianza ruso-china, cada vez más firme y estratégica en términos económicos y militares. El centro de atención del imperio se desplazará hacia Eurasia a fin de evitar la hegemonía en el siglo XXI de esa zona tan importante del mundo. Para ese desplazamiento necesita que “su patio anterior” América Latina, no sea un “territorio rebelde” a sus intereses y de ahí su intervención para acabar con los gobiernos progresistas y revolucionarios.

Las pruebas de Corea del Norte, como antes las de Irán, no pueden ser la coartada para amenazar militarmente a Estados Soberanos. El Tratado de No Proliferación Nuclear no impidió que India, Pakistán o Israel se hicieran con arsenales nucleares y nunca fue motivo de ninguna amenaza militar por parte de las Administraciones Norteamericanas.

El Movimiento por la Paz Mundial deberá estar muy atento y dispuesto a responder enérgicamente a las aventuras guerreras de Trump.

Y mientras tanto, todos y todas solidarios con la República Bolivariana de Venezuela...

Publicado en el Nº 306 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2017

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