El triunfo de Alianza País en Ecuador indica que el pueblo sigue peleando por sus derechos sociales, políticos y culturales

Jorge Grela. Analista Latinoamericano 11/05/2017

La segunda vuelta de las elecciones presidenciales en la República de Ecuador arroja un claro ganador. La candidatura de Alianza País, continuadora del modelo de gestión impulsado por Rafael Correa, el binomio Lenin Moreno-Jorge Glass obtuvo el 51,16% de los votos emitidos. Mientras que la candidatura encabezada por el neoliberal Guillermo Lasso alcanzó el 48,84%. La alta participación global, 83%, indica que la población quería decir su palabra consciente del valor de estas elecciones.

Ecuador tenía que elegir entre dos modelos claramente distintos de país. Había mucho en juego.

El politólogo argentino Atilio Borón señala que “Lenin Moreno y Jorge Glas representan la consolidación de los avances logrados en numerosos campos de la vida social durante diez años bajo el liderazgo de Rafael Correa; su adversario, Guillermo Lasso, personificaba el retorno de la alianza social que tradicionalmente había gobernado al Ecuador con las desastrosas consecuencias por todos conocidas. Un país con grandes mayorías nacionales secularmente sumidas en la pobreza, con índices de desigualdad y exclusión económica, social y cultural aberrantes. Una nación víctima de la insaciable voracidad de banqueros y latifundistas que saqueaban impunemente a una población que tenían como rehén y que, en su desenfreno, provocaron la megacrisis económica y financiera de 1999. En un alarde de falsificación de los hechos históricos a esa tremenda crisis la denominaron, amablemente, "feriado bancario", a pesar de que en su vorágine acabó con la moneda ecuatoriana, que fue reemplazada por el dólar estadounidense, y provocó la estampida de unos dos millones de ecuatorianos que huyeron al exterior para ponerse a salvo de la hecatombe” [1].

Claro que cuando se está fuera del país los ecos de la disputa política se aminoran, y resolver el día a día parece desprenderse del resultado de unas elecciones que instalan un presidente u otro a 8.000 km de distancia. Quizá por ello en España la participación no fue masiva. De los más de 160.000 ecuatorianos y ecuatorianas que estaban habilitados, se acercaron a los puntos de votación aproximadamente 60.000 personas, el 40% del padrón electoral. De ellos 33.300 se decantaron por Lenin Moreno (57%) y 24.700 por Guillermo Lasso (42%) [2]. Las organizaciones sociales y políticas de la izquierda transformadora y revolucionaria española así como los representantes de Alianza País en España debiéramos analizar los motivos por los cuales casi 100.000 ecuatorianos no acudieron a las urnas.

Cabe destacar que los ofrecimientos electorales de Guillermo Lasso no escondieron demasiado sus objetivos. Cierto es que la legislación ecuatoriana indica que las candidaturas deben refrendar ante notario sus promesas y en esa declaración notarial, el candidato banquero se “olvidó” de incluir su oferta de generar un millón de puestos de trabajo. Aún así, Guillermo Lasso en su campaña no dejó de recordar su objetivo de reducir gasto público, privatizar amplios sectores de la sanidad y la educación y, lógicamente, alejarse de cuanta organización regional le resulte incómoda a las multinacionales o al Departamento de Estado de EEUU, sobre todo el ALBA [3], UNASUR [4], CELAC [5] y dar carpetazo definitivo al Banco del Sur [6].

Pero aunque el Consejo Nacional Electoral de Ecuador haya proclamado como vencedor en la segunda vuelta de las presidenciales a Lenin Moreno, señalado que ha obtenido más de 5.057.000 votos, superando en más de 228.000 a Guillermo Lasso, éste y sus valedores se resisten a aceptar el triunfo correísta.

Entre quienes se niegan a reconocer el resultado están representantes autodenominados izquierdistas como el movimiento izquierdista Pachakutik y Unidad Popular, que en el balotaje han apoyado públicamente al candidato banquero, y cuyo discurso se entendería mejor y resultaría con cierto grado de coherencia si no apostaran por quien descaradamente dice que retrotraería a Ecuador a las políticas que lo llevaron a la ruina. Otras voces que ponen en duda los resultados son los representantes empresariales, que a través del Comité Empresarial Ecuatoriano emitieron un comunicado en el que piden “respetar los derechos que tienen las organizaciones políticas de impugnar y objetar los escrutinios electorales, incluso verificando las actas y los votos, en los términos previstos en el Código de la Democracia”. Un derecho que indudablemente tienen, pero al poner el acento en este aspecto, estos representantes empresariales están avalando subrepticiamente el discurso de la existencia de fraude.

La derecha ecuatoriana, como la de cualquier otro país del continente empezando por Trump en EEUU, si no gana las elecciones dicen que hubo fraude. Es parte de un plan para desacreditar las instituciones, sólo que en Ecuador lo tienen más complicado porque en las legislativas realizadas en febrero de este año, los candidatos de Alianza País obtuvieron una importante mayoría de escaños, y a Lenin Moreno le faltó muy poco, unas décimas apenas, para proclamarse vencedor en primera vuelta.

El próximo presidente de Ecuador aparece con un perfil más de centro, menos radical. Fue vicepresidente durante el primer gobierno de Rafael Correa, con una militancia forjada en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, al dejar la vicepresidencia cuenta con un 93% de aceptación popular por su labor. El Secretario Ejecutivo de Alianza País, Oscar Bonilla, en una entrevista con la revista Resumen Latinoamericano habla sobre el presidente electo de Ecuador diciendo que “Lenin Moreno fue un militante en su época de estudiante, posteriormente sufrió un accidente muy serio, fue asaltado por un delincuente, lo que provocó que el quedara con una parálisis como producto de una lesión que no es reversible en la columna vertebral. Esto que pudiera pensarse derivaría en ciertos tipos de limitaciones de acuerdo a sus formas de trabajo mientras él estuvo al frente de la misión Eugenio Espejo no le imposibilitó recorrer todo el país, él estuvo en la selva, estuvo en los páramos, estuvo en los barrios más populares, lo cual demuestra que efectivamente él tiene una capacidad de movilidad que independientemente de sus limitaciones físicas, no le van a limitar sustantivamente en el ejercicio de sus funciones como gobernante.

Lenin Moreno es una persona muy querida y respetada por el pueblo, en este último período ha sido sin embargo, víctima de ataques que nosotros preveíamos se iban a producir, ataques que básicamente se orientan a resaltar su discapacidad pero también evidentemente a proyectar sombras de irregularidades o de corrupción alrededor de personajes que estuvieron trabajando cercanos a él en la Vicepresidencia de la República, Lenin atacó muy frontalmente todas las irregularidades al interior de su administración y liquidó prácticamente todos estos problemas mientras estuvo en su ejercicio. Posteriormente él fue el representante de Ecuador en Naciones Unidas para el manejo de las políticas públicas respecto de discapacidades en el mundo y obviamente esto también lo ha destacado como un referente que no únicamente tiene incidencia en el país sino también fuera de él.”


Tras las destituciones de Lugo (Paraguay), Dilma Russef (Brasil) y el triunfo electoral de Macri en Argentina parecía iniciarse un proceso restaurador del neoliberalismo, y eso animaba las permanentes provocaciones contra el Gobierno Bolivariano de Venezuela. El triunfo de Lenin Moreno en Ecuador da un respiro al movimiento bolivariano continental, e indica que pese a los agoreros profetas neoliberales, el pueblo sigue peleando por sus derechos sociales, políticos, culturales, por todos sus derechos.

Notas:

1. Ver artículo completo de Atilio Borón en http://goo.gl/xb6rVY

2. Como dato curioso digamos que de los 177 ecuatorianos residentes en Cuba que se acercaron a votar, el 83% lo hizo a favor del sucesor de Rafael Correa.

3. Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América - Tratado de Comercio de los Pueblos o ALBA-TCP Fundada en 2004, impulsada por el presidente Hugo Chávez Frías.

4. Unión de Naciones Suramericanas, cuya sede está en Ecuador. Es una organización regional que busca resolver problemas de integración y convivencia sin la injerencia de los estados Unidos.

5. La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) es un mecanismo intergubernamental de diálogo y concertación política. Su membresía incluye a los treinta y tres (33) países de América Latina y el Caribe. Es decir todos menos EEUU y Canadá.

6. El Banco del Sur, con sede central en Venezuela, busca impulsar medidas de integración económica que fortalezcan la Unión de Naciones Suramericanas y como alternativa del FMI y del Banco Mundial.

Publicado en el Nº 305 de la edición impresa de Mundo Obrero abril 2017

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