De mes en mes

Fortalecer la movilización para construir la convergencia social y política El 27 de Mayo volvemos a Madrid a defender nuestro derechos en una nueva convocatoria de las Marchas de la Dignidad, ante la gravedad de las situación que vive la mayoría social de nuestro país.

Ginés Fernández González. Director de Mundo Obrero 26/05/2017

El 27 de Mayo volvemos a Madrid a defender nuestro derechos en una nueva convocatoria de las Marchas de la Dignidad, movilización insertada en el ciclo que se inició tras las elecciones de junio de 2016 y ante la gravedad de las situación que vive la mayoría social de nuestro país y la clase trabajadora.

Las alianzas parlamentarias, con un PSOE que posibilitó el gobierno del PP protagonista del mayor y más cuantioso escandalo de corrupción de la reciente etapa democrática, no han hecho posible que se realicen los cambios que reclama la sociedad en su conjunto. Las primarias del PSOE con la elección de Pedro Sánchez pueden dar un giro a esta situación, pero todavía es pronto para saber en que dirección y con que profundidad, y si solo se queda en fuego de artificio.

En esta situación tenemos que plantear una serie de cuestiones situando nuestro horizonte hacia después del verano, tras volcarnos en el ciclo movilizador en marcha, conseguir la máxima repercusión de la Marchas de la Dignidad del 27 de Mayo, dándole continuidad en la manifestación planteada por Ecologistas en Acción para el 24 de Junio.

Este ciclo movilizador tiene que tener la perspectiva de avanzar en la máxima unidad de las fuerzas sociales y políticas que estamos confrontando con el régimen que sostiene a un PP rodeado de corrupción porque no ha encontrado una alternativa que le dé más seguridad en su objetivo de institucionalizar las medidas antisociales y autoritarias tomadas desde 2010. Nuestra acción política debe seguir estando en dar continuidad a la presión social que ha empezado este trimestre con las movilizaciones de mayo y junio, con un objetivo claro de ir globalizando la conflictividad.

Debemos entender que la juventud y la mujer son los sectores mas afectados por las consecuencias de la crisis, y como tal tienen que estar en la prioridad de nuestra atención, hay un gran problema de paro en los mayores de 45 años, sobre todo de las mujeres en paro mayores de 45, pero la fractura generacional es la gran cuestión política a resolver, por lo tanto hay que plantear una estrategia para incorporar a la juventud a la movilización.

De la misma manera tenemos que seguir trabajando para que la lucha contra el Patriarcado, la discriminación de las trabajadoras y la mercantilización del cuerpo de la mujer sean elementos trasversales en todas las movilizaciones, de manera que permita la incorporación de mujeres a la lucha por un proyecto de Nuevo País que permita la superación de las actuales lacras que provoca el patriarcado como una de las patas fundamentales del sistema.

Al mismo tiempo seguimos considerando la necesidad de cercar al régimen desde la periferia, en términos territoriales y en términos sociales, centrar gran parte de la fuerza y actividad en los barrios obreros y sectores marginados de la pretendida recuperación económica que los voceros del régimen repiten. Es en la periferia urbana y las zonas de interior donde se acumula el malestar, donde se concentran los sectores sociales perdedores de la crisis. Es ahí dónde el régimen no tiene más respuesta que la represión o la estigmatización social y cultural de la clase trabajadora.

En este marco, cobra mas importancia si cabe, la política de convergencia en la que ahora más que nunca hay que dar prioridad al trabajo de base. La presión social que dé sentido a la convergencia social y política, desde el planteamiento de poner de manifiesto que quienes luchamos juntos en la calle contra la salida antisocial debemos sumar para realizar los cambios necesarios en beneficio de la mayoría. Para esto ayudaría empezar a definir unos puntos mínimos de acuerdo social y político y un objetivo concreto, que la clase obrera, las capas populares, la mayoría social, entiendan que es posible aumentar la presión para emplazar a las fuerzas parlamentarias para sacar a Rajoy de la Moncloa, es decir la convergencia se tiene que construir desde el acuerdo de mínimos programáticos y la máxima participación en la toma de decisiones.

Hay que plantear de forma clara y directa que es necesario dar prioridad al discurso y a la imagen de izquierda, tenemos que entender que situar la contradicción entre capital y trabajo, es fundamental para conseguir situar la convergencia en el campo de la defensa de los intereses de la mayoría, y que tanto la cuestión de la denuncia de la corrupción, como la resolución del problema territorial tienen que estar en relación con la cuestión social y no situarlas en el vacío trasversal, esto significa que tenemos que dirigir nuestra actividad a la gente de izquierdas en general, dar la batalla en todo el sector que se define de izquierdas, en un sentido muy genérico, no sólo podemos dirigirnos a nuestro ámbito más afín o base social convencida, poniendo en primer lugar los conflictos de carácter social y laboral y relacionar siempre las denuncias de corrupción con el papel de las empresas del IBEX 35.

Por último, debemos dejar claro que es evidente que el acuerdo para sacar a Rajoy de la Moncloa, de producirse, será un acuerdo que para nosotros tiene la importancia de frenar y dificultar, la operación “segunda transición”, que en ningún caso nos garantiza que estemos en condiciones de conseguir la ruptura social y política que consideramos necesaria para la Construcción de Un Nuevo País, por lo tanto el acuerdo para sacar a Rajoy de la Moncloa es un punto de llegada, así como, preparar las próximas luchas sociales y electorales sin renunciar a nuestro objetivo rupturista.

Publicado en el Nº 307 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2017

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