Clave de sol

Algunas razones para el 27 de mayo

Sol Sánchez Maroto 26/05/2017

Recuerdo que hace unos años, no sé si fue Cristina Cifuentes o Esperanza Aguirre -discúlpenme pero no sé qué me pasa que últimamente mi cabeza las confunde con cierta facilidad- proponían ante tanta manifestación en Madrid, para ahorrar “molestias” al resto de la ciudadanía, habilitar un espacio -a poder ser poco céntrico- para que la gente pudiera ir allí a manifestarse o reivindicar lo que fuera menester sin cortes de tráfico, interferencias en el consumo, o simplemente evitando la molestia visual o acústica de quien no quiere ver ni escuchar lo que le resulta molesto. Es decir, convertir el derecho a la protesta en el derecho a la nada.

Creo que uno de los motivos para plantear semejante aberración, en lo que se supone es (o debería ser) un estado democrático en el cual la constitución garantiza ciertos derechos civiles y políticos, como los de reunión y manifestación, fue la primera convocatoria de las Marchas de la dignidad allá por 2014. Aunque aquella gran manifestación fue obviada por los grandes medios de comunicación (algo también que evidenció de forma palmaria la pachucha salud democrática de nuestro país) fue la mayor manifestación que yo recuerde hasta ese momento, y a las reivindicaciones de otras anteriores se sumaron allí con fuerza y explícitamente la defensa de los derechos de la clase trabajadora.

Han transcurrido tres años que parecen siglos, el cansancio y el desgaste han pasado factura. Pero aquí seguimos. Y hay mucho por lo que seguir.

Hace unas semanas, a finales de abril, estuve en Murcia en un acto en el que participaban diferentes colectivos de la ciudad que representaban otras tantas luchas locales por la mejora o simplemente continuidad de algunos servicios públicos, dotaciones sociales, conflictos laborales, vivienda etc. No fue uno de esos actos de relumbrón mediático, fue un acto sencillo en la pérgola semitechada de una plaza de la ciudad en una mañana inusualmente fría para un mes de abril en Murcia. Un micrófono, unos altavoces y mucha gente contando sus historias desde la experiencia en primera persona para animar a la participación en las próximas Marchas de la dignidad del próximo 27 de mayo.

En ocasiones como esta es fácil sentir que las palabras grandilocuentes se quedan vacías y suenan a hueco ante las historias personales compartidas con tanta cercanía y tanta verdad. Historias como la de Isabel.

Isabel trabaja en uno de tantos servicios públicos -inexplicablemente privatizados- esenciales para procurar a la ciudadanía una vida digna. En uno de los más delicados, porque atienden a las personas más vulnerables de nuestra sociedad, Isabel es auxiliar de ayuda a domicilio. Ella y sus compañeras (porque casi todas son mujeres) atienden a personas mayores y dependientes por todas las pedanías de Murcia, trabajan en eso de lo que ahora se habla tanto: los cuidados. Concretamente cuidan de la vida de nada más y nada menos que 2.800 personas. Ser responsable de atender a tantas personas, de ayudarlas y dignificar su día a día, es sin duda algo muy importante y tiene un grandísimo valor social.

Pero Isabel y sus compañeras nunca han llegado a cobrar los 800€ que la empresa privada que lleva 28 años gestionando este servicio para el ayuntamiento de Murcia debería pagarles. Una empresa donde el convenio nunca se cumplió y jamás se ha abonado el kilometraje correspondiente. Hace tres años la situación empeoró y empezaron a no cobrar las nóminas a tiempo, y después simplemente a no cobrarlas hasta que con 4 nóminas pendientes fueron a la huelga. A pesar de ello y en sus propias palabras “no paralizamos el servicio porque sabíamos que atendíamos a personas más vulnerables que nosotras”.

Isabel y sus compañeras no se hicieron invisibles, no se fueron a protestar a un lugar donde no molestasen, y no solo no desconvocaron la huelga sino que tomaron una céntrica rotonda que no han abandonado desde entonces. Y siempre hay alguien allí para ser vista u oída por quienes no quieren ver ni oír. Probablemente muchos y muchas de quienes no quieren mirar, y a pesar de ello inevitablemente las verán al girar, tienen incluso familiares o conocidos que necesitan la atención de estas trabajadoras.

Creo que acudir el próximo día 27 de mayo a la convocatoria de las Marchas tal como Isabel pedía, es lo mínimo que las debemos, lo contrario sería prácticamente lo mismo que no querer verlas, y aceptar que igual lo de habilitar espacios donde protestar discretamente sin molestar no es tan mala idea.

Publicado en el Nº 307 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2017

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