El amor romántico como táctica de dominación El 21% de las mujeres menores de 25 años que han tenido pareja reconocen haber sido víctimas de violencia de género.

Unión de Juventudes Comunistas de España 29/05/2017

El patriarcado como sistema de opresión no es ni estático ni inmutable, muy al contrario ha demostrado una enorme capacidad de adaptación a diversos contextos históricos y sociales. Es una estructura pre-capitalista aunque desde el surgimiento de éste ambos sistemas de opresión han actuado de forma simbiótica, de ahí que no se puedan entender los cambios de uno independientemente del otro.

La base material del patriarcado es la división sexual del trabajo, que implica la apropiación del trabajo, cuerpo y sexualidad de las mujeres por parte de los hombres. Una de las patas principales donde se apoya la división sexual del trabajo es en el interior de la familia como institución social básica del entramado patriarcado y capital. Haciendo encajar el engranaje dentro de las familias con el reparto de roles mayoritariamente aceptados (lo masculino y lo femenino), la distinción de estos roles es la que permite que se exprese y reproduzca la división sexual del trabajo dentro de las familias. Lo que ha mantenido la institución de la familia sin que ésta varíe en su esencia es el denominado amor romántico, que se configura de esta forma como una herramienta ideológica al servicio del patriarcado de forma directa y del capitalismo indirectamente.

Curiosamente los datos en la actualidad son bastante optimistas: el 95,4% de la juventud está muy a favor o bastante a favor de la igualdad entre mujeres y hombres (Injuve, 2008). Ante esta realidad donde la igualdad parece asumida en términos generales, el amor romántico se moderniza cambiando de forma pero sin alterar su esencia. Mujeres referentes van apareciendo paulatinamente en el cine, literatura y televisión con una estética totalmente novedosa que consigue llegar al público femenino más joven. Sin embargo, lo que se proyecta es un estereotipo masculino que en nombre del “amor” es controlador y posesivo y un modelo de mujer que a pesar de ser independiente termina dejando de lado su vida social y laboral, para centrarse en la relación de pareja. Todo este proceso crea una relación de dependencia donde se da una desigual distribución de poder entre hombres y mujeres. De esta manera, lo que nos llega a la juventud es una forma de entender el amor tóxico y dependiente, que se acompaña de la inexistencia de modelos de pareja alternativos en los que poder referenciarnos.

La reacción patriarcal que supone este nuevo modelo de amor romántico está directamente relacionada con el aumento de la violencia de género entre mujeres jóvenes. Según la macro-encuesta española de Violencia contra la Mujer de 2015, el 21% de las mujeres menores de 25 años que han tenido pareja reconocen haber sido víctimas de violencia de género. Si patriarcado y capitalismo actúan de la mano sería inocente y erróneo analizar una estructura sin prestarle atención a la otra. De hecho, cuesta creer que sea casualidad que en un momento de crisis del sistema capitalista como el actual se estén dando cambios en las formas de dominación patriarcal.

El capitalismo busca formas de mantener su tasa de ganancia y encuentra en el patriarcado un gran aliado: los recortes que hemos sufrido en nuestro país han provocado que aquello cubierto anteriormente por el Estado lo sea ahora por las mujeres. Esto implica que el cuidado de la vida en su sentido más amplio recaiga únicamente sobre las mujeres. Un proceso que aún no ha terminado, que se apoya en el amor romántico y que necesita de las mujeres para cubrir todo aquello que el Estado no va a asumir. Sin este soporte el sistema sería insostenible. Para que estas nuevas formas de producción y reproducción de la vida se lleven a cabo se necesita reactivar la ideología de la domesticidad que pretende devolver a las mujeres a sus hogares. Cuanto más eficaz sea la herramienta ideológica (el amor romántico en este caso) menor resistencia opondrán las afectadas.

En este contexto el feminismo de clase, tanto en su teoría como en su práctica, se vuelve más necesario que nunca. Las jóvenes comunistas reivindicamos el feminismo como pilar básico de nuestra lucha, desechando tanto aquellas posturas que nos dicen a las jóvenes que algunas reivindicaciones ya no son necesarias, como aquellas otras que plantean una “transformación” feminista sin alterar la base material que sostiene el patriarcado y el capitalismo.

Publicado en el Nº 305 de la edición impresa de Mundo Obrero abril 2017

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