Consecuencias de la actual crisis capitalista para las mujeres obreras Lo fundamental en cualquier análisis que pretenda ser feminista de clase es hacerlo en base a la actuación simultánea del capitalismo y el patriarcado.

Unión de Juventudes Comunistas de España 29/05/2017

Cuando el sistema de producción capitalista entra en crisis comienza todo un conjunto de cambios, encaminados a reorganizar las relaciones de producción con el objetivo de mantener su tasa de ganancia. Estos cambios se dan tanto en la estructura como en la superestructura, a través de la relación dialéctica que existe entre ambas.

Este proceso se ha analizado tradicionalmente teniendo en cuenta únicamente el espacio público o productivo, dejando olvidado el ámbito privado o reproductivo que ha recaído y recae en las mujeres. En los últimos años, a través del feminismo, toma forma un amplio movimiento de masas que obliga al capitalismo y al patriarcado a reorganizar su superestructura coincidiendo al tiempo con la crisis capitalista.

Llevamos ya los suficientes años de crisis capitalista para vislumbrar qué tipo de estrategia está siguiendo el sistema para asumir cambios. Si realmente queremos realizar un análisis marxista de la situación, no podemos dejar de lado el papel que las mujeres obreras están teniendo en todo este proceso. Especialmente interesantes son los cambios que se están produciendo en nuestro país, dada la particular situación geopolítica del mismo. Es especialmente importante, además, para las mujeres obreras jóvenes, pues somos quienes nos vamos a ver más afectadas por los cambios, como futura fuerza de trabajo. Tanto capitalismo como patriarcado procuraran adecuarnos al modelo más beneficioso para ambos en esta nueva situación.

Lo fundamental en cualquier análisis que pretenda ser feminista de clase es hacerlo en base a la actuación simultánea del capitalismo y el patriarcado. De ahí podemos extraer que la forma de resolver la crisis económica en España es aumentando el trabajo tanto productivo como reproductivo de las mujeres. Productivo porque a raíz de la crisis económica se ha equiparado el número de empleadas con el de hombres, según datos del año pasado había más mujeres ocupadas. Curiosamente cuando estos datos se disgregan por edad tenemos que la tasa de ocupación de las mujeres menores de 30 años decrece al contrario que la de los hombres, teniendo más dificultades para la incorporación al mercado de laboral. Otra de las consecuencias de la crisis económica ha sido el aumento de la brecha salarial, de esta forma las mujeres jóvenes que se incorporan al mercado laboral lo harán con una situación de partida de menor salario.

Las mujeres somos más rentables para el sistema de producción también cuando trabajamos en el ámbito productivo, al tener condiciones de mayor precariedad en general y dada la feminización de los sectores más precarios. En cuanto a la plusvalía que se extrae de nosotras en base a nuestras tareas en el ámbito reproductivo tiene que ver con dos cuestiones: en primer lugar, con la reducción del estado de bienestar que implica una reprivatización de los cuidados; en segundo lugar, con la feminización de las estrategias de supervivencia. Lo primero es obvio, las personas necesitan ser cuidadas y si no lo hace el Estado lo harán las mujeres; lo segundo se refiere a que cuanto menor es un salario más trabajo invisibilizado requiere, para poder satisfacer las necesidades básicas de quienes viven de él.

Todos estos cambios en las relaciones de producción han de ir acompañados y reforzarse con otros que tienen más que ver con la ideología, de ahí que se pueda hablar de una reacción patriarcal o de una reactivación del discurso de la domesticidad. La reacción patriarcal es más que evidente, estamos viviendo un incremento de la violencia de género también entre mujeres jóvenes, y una normalización de relaciones de pareja dominada por los celos y el control de los hombres hacia las mujeres. La reactivación del discurso de la domesticidad es necesaria pues las mujeres jóvenes obreras deberán asumir dedicar un mayor tiempo al trabajo reproductivo y de cuidados sin recompensa alguna. Es fundamental en la labor ideológica del sistema reproducir, a través de los medios de comunicación, modelos y conductas claramente diferenciados entre hombres y mujeres, principalmente enfocados a la juventud.

A nivel ideológico estas cuestiones tienen su reflejo en posiciones que surgen actualmente desde el feminismo. Por un lado tenemos toda una corriente que basada en el falso mito de la libre elección, pretende hacernos creer que somos libres para vender nuestros cuerpos. Nuestros cuerpos se convierten así en un nuevo espacio de acumulación de capital, dándose un paso más en la mercantilización de los mismos. Por otro lado se ven posiciones que llevan a una esencialización de la mujer como madre y cuidadora, revistiendo de progresista el propio discurso de la domesticidad. Ambos discursos quedan descubiertos por la falsa libertad, pues es cierto que son las mujeres quienes libremente escogen estos caminos, son las mujeres más jóvenes quienes de forma mayoritaria caen en ellos. Pero lo que realmente se está obviando en estos discursos es cómo las condiciones de vida y materiales de las mujeres obreras son decisivas a la hora de elegirlos.

Publicado en el Nº 306 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2017

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