Conversaciones con HASSAN AKIF miembro del Partido Comunista de IraqIraq, entre la guerra, la corrupción y la movilización ciudadana

Manuel García Morales 02/06/2017

En el marco de la III Conferencia de la Izquierda del Mediterráneo, organizada por el PIE en la localidad de Benalmádena de Málaga, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Hassan Akif, miembro de la dirección del Partido Comunista de Iraq, que ha participado en las jornadas junto con representantes del arco de la izquierda de los países del norte y del sur del Mediterráneo.

Aunque en los grandes medios de comunicación del poder no se mencione explícitamente, Iraq (y no solo Siria) sigue en guerra, y además en las zonas donde se ha expulsado a DAESH (Estado Islámico) sigue habiendo atentados terroristas de las bandas salafistas, en los últimos días en Bagdad, Samarra, Kirkuk, etc.; además siguen los enfrentamientos sectarios protagonizados por los partidos y las milicias fanáticas religiosas; el propio Partido Comunista de Iraq sufrió un atentado con explosivos en su sede de la ciudad de Diwaniya.

El PCE, no compartió la posición del Partido Comunista de Iraq de considerar que la invasión de Iraq era un mal menor necesario para derrocar la dictadura de Sadam Hussein, pero valora su lucha al lado de pueblo iraquí por un estado laico, social y democrático que es negado por el régimen sectario y corrupto heredado de la ocupación de Estados Unidos. Esto es lo que Hassan Akif nos ha contado.

El sistema de gobierno en Iraq

El PCI saludó la implantación de un sistema parlamentario a partir de las elecciones de 2005, que sustituía a muchos años de dictadura de Sadam. Bremen, “el administrador de Iraq” nombrado por los americanos, impuso un sistema parlamentario de cuotas de poder basado en la división étnica y religiosa (árabes y kurdos por un lado y chiitas y sunnitas por otro). El partido lo vio como un sistema transitorio, pero el sistema lleva camino de eternizarse. Al tener los partidos una base identitaria, y al ser chií la mayoría de la población, la mayoría del Parlamento y del gobierno seguirán siendo chiita. Por otra parte, no hay un gobierno sino tres gobiernos que cada uno tira por su lado, chiitas, sunníes y kurdos, y dentro de cada uno de ellos además hay distintos grupos compitiendo entre sí; se defienden espacios de poder pero no los intereses de quienes dicen representar; en el lado chiita por ejemplo, aunque la mayoría del gobierno desde 2005 es de ellos, los sectores chiitas de la población siguen siendo los más pobres y con peores condiciones de vida. Y el reparto del Estado no es solo de la Administración, sino también del ejército, la policía, los servicios de seguridad. El avance fulminante de DAESH y la toma de grandes ciudades, hasta controlar el 40% del territorio de Iraq, tiene que ver con el estado lamentable y la división de mando dentro del ejército.

Además de la división sectaria, el otro rasgo definitorio del estado Iraquí es la corrupción estructural: ocupan una de los primeros puestos del mundo en corrupción. Los partidos saquean al Estado para alimentar el clientelismo, contratan gente que no es necesaria pero aseguran la fidelidad política. La corrupción se ha desparramado por todos los ámbitos administrativos y no es posible hacer ningún tipo de gestión que no conlleve un soborno, una mordida que se dice en otros países. Solo el PCI (y algunos otros pequeños partidos) tiene un proyecto político laico, democrático y social, contrario a la organización basada en las identidades étnicas o religiosas.

La situación económica

La crisis económica que estalla a nivel mundial en 2008 no golpea en un primer momento a Iraq, ya que el grueso de su economía gira alrededor del petróleo. En julio de 2008 el barril alcanzó el precio de 145$ y actualmente rondan los 50$. Es a partir de 2012 cuando la situación económica empeora, y no solo por la caída del precio del petróleo -que significa el 77% de los ingresos del Estado-, también por el gasto que supone la guerra contra DAESH y además por la sangría que significa la corrupción, la mala administración y el despilfarro.

La economía de Iraq es una economía de consumo, no productiva (al margen del petróleo). La ocupación norteamericana decidió que había que liquidar y privatizar todo el sector público industrial, pero en realidad quitando algunas gangas golosas, el capital privado internacional no compró empresas del sector público (acero, fosfatos, azufre, silicona, cemento, pieles…) que ahora están cerradas. En el sistema eléctrico, por ejemplo, la producción y la conducción sigue siendo pública, pero la parte más rentable, que es la distribución y comercialización, está privatizada. Se abrieron las fronteras de Iraq y ahora todo se compra fuera que es más barato, hasta productos agrícolas que antes exportaba Iraq.
Del despilfarro da una idea el hecho de que unos 6.000 proyectos económicos impulsados por el gobierno con costo superior a los 100.000 millones de $ estén parados o sean proyectos fantasmas. Por otra parte, el parque de automóviles ha pasado de ½ millón en 2003 a los 4 millones actuales. También el número de funcionarios ha pasado de 800.000 a 4’5 millones, lo cual sería extraordinario si se reflejara en servicio público, pero refleja sobre todo la contratación clientelista de los múltiples y enfrentados organismos del gobierno.

En Iraq, no hay una clase capitalista potente, la clase dominante que se entiende con las multinacionales son los altos cargos de la Administración, del ejército y de la banca. Iraq tiene un capitalismo deforme, frágil, que no invierte, sino que expolia la riqueza del país. El paro y la pobreza están en torno al 30%, la gente sale a la calle a protestar todas las semanas contra este estado de cosas. El pueblo iraquí está en contra de las privatizaciones y exige que haya un servicio público de sanidad y educación como el que estaban acostumbrados. Más de un año llevan realizándose manifestaciones y concentraciones populares todos los viernes a lo largo de todo el país.

La guerra y DAESH

DAESH tiene su origen en al-Qaeda, las milicias que impulsaron EEUU y Arabia para combatir en Afganistán, e ideológicamente en lo que se denomina el Islam político y su referente histórico que son los hermanos musulmanes. La invasión de EEUU y la debilidad del estado iraquí posibilitaron que se instalaran y crecieran en Iraq. Primero fue al-Qaeda, que no tenía proyecto político solamente querían destruir, matar… DAESH surge de las entrañas de al-Qaeda, más salvaje, más brutal, pero con un proyecto político de Estado. Llegaron a las puertas de Bagdad, controlando casi el 40% del territorio de Iraq, principalmente toda la zona sunní, hoy solamente están en parte de Mosul y algunos pueblos más de la frontera con Siria. Las claves del éxito de la lucha contra DAESH están en tres elementos claves. Primero, en que se ha dotado al ejército de un mando unificado y profesional. Segundo, en el papel de las milicias Hashd al-Shaabi (Movilización Popular) que han sido consideradas como milicias chiitas, y que efectivamente la mayoría de sus componentes lo son, aunque no todos. Estas milicias, a pesar de sus errores han jugado un papel clave en la derrota de DAESH. Y tercero, la propia experiencia del gobierno de DAESH. Las poblaciones sunnitas aceptaron en principio a DAESH, pero después de sufrir la experiencia de la brutalidad de su gobierno, han reflexionado. El PCI está contra el gobierno y su política pero lo ha apoyado en su lucha contra DAESH. Ahora la situación es difícil, en las ciudades y pueblos liberados hay un ansia de venganza contra las familias que han colaborado con DAESH y es necesario un esfuerzo de reconciliación. Una parte del partido Baaz, de Sadam Hussein se sumó al DAESH, aunque muchos baazistas están en otro proyecto político. El PCI, rechazó la ley norteamericana de desbazificación, pero sí estaba de acuerdo en que fueran juzgados los dirigentes implicados en delitos y que fueran desposeídos de sus cargos administrativos y políticos aquellos que lo ostentaban no por su profesionalidad sino por su influencia en el partido Baaz.

Finalmente cree que la situación en Siria es aún más complicada que en Iraq, pero el PCI tiene la esperanza de que las conversaciones de Astana entre el gobierno y parte de la oposición sirvan para acabar con la guerra.

Publicado en el Nº 306 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2017

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