Angulo de refracción

Autodeterminación I. La obligación de decidir

Constantino Bértolo 05/06/2017

Fes que siguin segurs els ponts del diàleg/ i mira de comprendre i estimar/ les raons i les parles diverses dels teus fills. La pell de brau. Salvador Espriu.

Cuando se habla de la extinta Unión Soviética todo el mundo parece estar de acuerdo en que uno de sus males fue la burocratización, esa especie de virus que hasta el mismo Lenin detectó en los primeros años de la revolución y que acabaría por carcomer el necesario dinamismo de las masas a la hora de construir la nueva sociedad que la revolución había puesto en marcha. La lectura predominante del concepto de burocratismo vuelca su acento sobre su entendimiento como acaparamiento por parte de una minoría dirigente de la gestión y control de las decisiones políticas y administrativas que emanan del poder del Estado. Pero también puede enunciarse como aquel conjunto de actitudes que tienden a que las decisiones no lleguen a traspasar su mero carácter enunciativo, es decir, la propensión a que la ideología revolucionaria se quede en mera declaración sin que nunca llegue a intervenir realmente en la transformación de la realidad política, social o económica.

Diversos són els homes i diverses les parles, i han convingut molts noms a un sol amor. S. Espriu

Estamos asistiendo, y en los próximas semanas y meses esta presencia se verá casi con toda seguridad exponencialmente incrementada, a toda una serie de enfrentamientos concatenados entre el Gobierno Central y la Generalitat de Cataluña a propósito de la decisión de esta última institución de poner en marcha de manera unilateral el proceso de separación de la nación Catalunya de la nación España. De momento los enfrentamientos parecen estar centrados en el espacio de lo político -entendido como área de lo institucional- y de lo jurídico en cuanto territorio de la Ley y sus interpretaciones. Y aunque respecto al impacto o preocupación en el conjunto de la ciudadanía, puede hablarse de movimientos de oleaje con momentos de marea alta, baja o de discreta intensidad, no deja de ser curioso y hasta sorprendente que “la cosa” se entienda más como un problema para el gobierno de Mariano Rajoy que como un problema de Estado en el que está en juego la propia configuración y naturaleza de lo que unos optan por denominar Estado español y otros simplemente España.

Escolta, Sepharad: els homes no poden ser / si no són lliures. S. Espriu

Sin duda el término España para nombrar a la comunidad nacional bajo la que actualmente convivimos goza de poca o nula aceptación entre aquellas generaciones de españoles que hubimos de sufrir la exaltación continua y falaz de la España Una, Grande y Libre. Otro tanto nos sucede con la bandera rojigualda que a muchos nos hicieron tragar en su momento. No deja de ser también curioso al respecto que las fuerzas y ciudadanías que en el ayer y hoy defienden ideologías y actitudes independentistas que utilicen el término sin ningún reparo geográfico, político y semántico. Digo semántico porque el uso de la contraposición entre Cataluña, País Vasco y Galicia y España, parece asumir la existencia histórica de una nación España que tendría entidad propia aún en el caso de que alguna, algunas o todas esas naciones llegasen a alcanzar su independencia. Dado que históricamente nunca ha tenido lugar un concepto o una realidad España en la que no estuviesen integradas como elementos constituyentes esas otras naciones, cabe preguntarse de qué entidad previa política se está buscando la separación: ¿de Castilla? o cuál sería la identidad de lo que restaría dependiente: ¿los no independizados serían España? Parece una mera cuestión semántica pero la semántica lo que está señalando en este caso es que la separación o secesión en caso de producirse, originaría un problema de identidad para los componentes de una ciudadanía “no independizada” que difícilmente podrían seguir llamándose españoles. Claro está que no son los independentistas los que deben resolver ese problema de identidad pero evidentemente sí parece un problema que se debería tener en consideración y al que se debería dar contestación.

Enllà de contraris/ veig identitat. S. Espriu

Bueno, y los comunistas y las comunistas sobre esto ¿qué? Sobre el papel la posición de nuestro partido es clara. Valga con citar lo que se recoge en el documento número 4, Necesidad de confrontar ruptura con reforma, apart 4.2 aprobado en Abril de 2016 durante la primera fase del XX Congreso: “Por lo tanto, la disyuntiva se plantea nuevamente entre reforma y ruptura, por eso es necesario referenciar quienes en diversos ámbitos de la vida social y política estamos en favor de un Proceso Constituyente abierto a la ciudadanía, un proceso que plantee la elaboración de una manera democrática y participativa, de un nuevo marco constitucional que empezando por dar la posibilidad de elegir entre Monarquía o República, permita consolidar derechos al trabajo, vivienda, educación, sanidad, etc., que reconozca el derecho a la autodeterminación de los pueblos del Estado, que ponga fin al sistema patriarcal, y consolide una democracia real, participativa y directa”.

Presoner dels meus morts i del meu nom,/ esdevinc mur, jo caminat per mi. S. Espriu

Sobre el papel todo claro pero en la práctica política y social, en el día a día de la convivencia ciudadana y en la realidad política, ¿esta claridad está presente?, ¿en qué postura, actitud, decisión y actividad política sobre la independencia y separación de Cataluña, hoy cuestión palpitante y acaso mañana mismo conflicto explosivo, se traduce esa declaración? ¿Estamos explicando de manera suficiente a los trabajadores y trabajadoras el pensamiento de nuestro partido sobre el llamado derecho a decidir, sobre el derechos a la autodeterminación y sobre cuál sería nuestra intención de voto en el caso de que una votación sobre el tema llegara a realizarse? Entiendo que desde nuestra identidad como partido comunista, como PCE, más acá de las declaraciones que se produzcan en otros ámbitos políticos de participación o confluencia como IU y Unidos Podemos, nosotros, las comunistas y los comunistas, tenemos la obligación de decidir qué respuestas debemos de dar cuando se nos pregunta sobre estas cuestiones. Entiendo que si como comunistas reconocemos el derecho de autodeterminación de los pueblos de España como comunistas deberíamos votar en contra de una independencia que perjudicaría los intereses del conjunto de esa clase trabajadora por cuya emancipación trabaja y lucha nuestro partido. Una cuestión que hoy abordamos en este primer acercamiento pero que necesariamente habremos de seguir dilucidando.

Publicado en el Nº 307 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2017

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