Vientres de alquiler, ¿derecho o explotación? El beneficio económico existe, y por tanto, ¿Quién lo produce? La respuesta es clara, las mujeres gestantes (…) Se calcula que reciben un 0,9% del mismo.

Unión de Juventudes Comunistas de España 06/06/2017

En los últimos meses se ha puesto en el centro del debate la gestación subrogada, más concretamente en los últimos días por la celebración de la Feria de Vientres de Alquiler que ha tenido lugar en Madrid, conocida como Surrofair. La gestación subrogada no puede practicarse en España legalmente, por lo que entre unas 800 y 1.000 familias recurren cada año a otros países para contratar un vientre. Los más habituales son Estados Unidos, Canadá, Rusia, Ucrania y Grecia (en los tres últimos su legislación lo prohíbe en casos de parejas homosexuales).

Las mujeres gestantes se someten a cláusulas que regularán sus condiciones de vida durante todo el proceso, prohibiéndoles viajar, tomar medicación o interrumpir el embarazo. Esto marcado por una profunda cuestión de clase, pues son mayoritariamente las mujeres trabajadoras –en situaciones de precariedad– las que aceptan contratos como gestantes. La parte contratante suelen ser parejas con recursos económicos, y las agencias, o mafias, intermedias que se favorecen considerablemente del proceso. El beneficio económico existe, y por tanto, ¿Quién lo produce? La respuesta es clara, las mujeres. ¿No se está entonces estableciendo un contrato de compra-venta? Multitud de colectivos feministas y organizaciones políticas y juveniles se han posicionado en contra de la misma por considerar que se está alquilando a mujeres, comerciando con seres humanos.

Se calcula que de todos los beneficios obtenidos por este negocio, las mujeres gestantes reciben un 0,9% de los mismos, debido a las mafias y agencias intermediarias que se generan alrededor de esta práctica. Esto significa que además de negar la privacidad y libertad de las mujeres también son la parte menos beneficiada por el contrato.

El claro componente de control sobre los cuerpos de las mujeres y del mismo modo su mercantilización es lo que hace que la batalla ideológica por parte de los grandes medios de comunicación sea rotunda, patriarcado y capital al unísono pretenden dar un paso más normalizando estas prácticas. Se ha puesto sobre la mesa este debate con la intención de arrinconar y dividir, pero el movimiento feminista en su mayoría no ha caído en la trampa de culpabilizar a las mujeres que recurren a gestar, sino señalando a quienes llevan a estas situaciones.

Siguiendo por ese camino toca dar soluciones, como actualizar y agilizar las vías legales de adopción y acogida para todo tipo de núcleos familiares en nuestro país. Además, hay que señalar y abrir el debate sobre prácticas como la donación de óvulos y el impacto que supone en la vida de las donantes. Actualmente algunas clínicas reparten su publicidad en universidades y centros de estudio haciendo que cada vez más jóvenes se planteen esta práctica como una fuente de ingresos.

La vía biológica no es la única hacia la maternidad o la paternidad, por tanto es legítima pero no inherente a la condición humana. No se puede considerar un derecho individual, y menos si supone la anulación de los derechos universales de las mujeres.

Publicado en el Nº 307 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2017

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