Nuestros contratos son la ruptura de facto de los convenios colectivos¿Qué pasa con la juventud?

Unión de Juventudes Comunistas de España 06/06/2017

Somos las jóvenes ni-ni, las jóvenes si-si, las valientes que dejan su tierra, las que no tienen empleo por no estar formadas, las que se han formado de más. Se habla mucho de la juventud, aunque pocas veces tenemos la oportunidad de hablar por nosotras mismas, pero lo tenemos claro, nos quedamos y queremos empleo digno para todas.

La juventud somos el tramo de edad con más desempleo, 597.409 un 41% (según datos de SEPE en febrero 2017), pero las políticas que se diseñan para responder a este problema no son de creación de empleo, sino bonificaciones al empresario con las que paga nuestro posterior despido improcedente. En otras palabras, breves periodos de trabajo subvencionados con dinero público, para estar desempleadas con una prestación contributiva. Paradas al final, lo cual no es fácil, porque no basta con inscribirse para ser considerada población activa, sino que tienen que considerar que además estás teniendo una actitud de búsqueda activa. Resulta que las múltiples formas de actividad no laboral que se han ido inventando en las últimas reformas laborales, aunque no dan derechos, si nos definen como activas.

Si haces una Formación en Centro de Trabajo para terminar una Formación Profesional, ya no estás parada; si haces una formación dentro del Programa de Garantía Juvenil, ya no estás parada; si tienes una beca extracurricular, por supuesto no estás en paro. En ninguno de los casos tienes un contrato de trabajo, y lo peor es que nos dicen que la culpa es nuestra. La Administración reconoce hasta 11 tipos de contratos (laborales y no laborales) que permiten que realicemos una actividad productiva fuera del estatuto de los trabajadores, además del trabajo negro.

Algunos de los últimos casos que han conseguido llegar a los medios de comunicación han sido los de la investigación predoctoral, a quienes cambiaron retroactivamente el contrato, o pinches de cocina de restaurantes de “renombre”, que viven en condiciones altamente deficitarias. Sin embargo, estos casos no son más que una gota en un gran mar de precariedad en el que todas nos vemos ahogadas poco a poco. En las Formaciones Profesionales Duales, nos tocan los peores turnos, muchas veces sin formadoras presentes, como ocurre en algunos hoteles durante los turnos de fin de semana. En las prácticas curriculares no siempre estamos en las categorías que nos corresponden, así que aunque hayas estudiado magisterio de infantil a veces realizas tareas de auxiliar, ahorrándole un puesto de trabajo al empresario. Después de formarnos para ejercer una profesión tenemos que trabajar por debajo del salario mínimo, como en las becas de periodismo que ofertan los principales medios de comunicación.

Estas condiciones repercuten gravemente en nuestros proyectos de vida: no podemos emanciparnos (sólo el 19’7% lo ha conseguido), no podemos seguir estudiando con la subida de las tasas, y el 60% de los contratos laborales de la juventud son temporales.

Necesitamos una alianza intergeneracional, en la que las delegadas de las empresas filiales se preocupen por las condiciones en las que estamos subcontratadas, las del contrato de formación o las becarias. Necesitamos que los conflictos superen las paredes de los centros comerciales o los restaurantes que nos explotan, llegar a todas las consumidoras. Si la empresa de transporte no está pagando a su plantilla, no pagaremos el autobús cuando subamos. No sólo por solidaridad de clase, sino por un último ejemplo claro, los salarios del Telepizza no pueden sostener el sistema público de pensiones. Y porque nuestros contratos son la ruptura de facto de los convenios colectivos.

Aunque lo adornen con palabras derivadas del inglés, de lo que hablamos es que el nuevo modelo de recuperación de la economía se basa en la migración o la aceptación de contratos abusivos por parte de la juventud trabajadora.

Publicado en el Nº 307 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2017

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