El abuso laboral no entiende de sectoresLa lucha de las captadoras de socios en Médicos Sin Fronteras (MSF) Desde el 27 de junio acamparán frente a la sede de la ONG en Santiago de Compostela.

Partido Comunista de Galicia 27/06/2017

Las captadoras y captadores de socias de Médicos Sin Fronteras (MSF) llevan más de un año enfrentándose a esta ONG y su patronal por las condiciones abusivas que sufren en su trabajo. Es por ello que desde esta última semana de junio, un grupo de trabajadoras acampa frente a la sede de la empresa en Galicia para denunciar, por un lado, los abusos laborales que se están perpetrando a la plantilla y, por otro, la falta de diálogo de la multinacional humanitaria con esta.

Puede parecer contradictorio hablar de vulneración de derechos humanos en las organizaciones humanitarias pero, al fin y al cabo, la sociedad en su conjunto está expuesta a la hegemónica lógica de explotación capitalista. A pesar de que la mayoría de ellas dedica una importante parte de sus ingresos a proyectos sociales y no a repartir dividendos, muchas ONG son grandes multinacionales con un aparato burocrático que vive, o bien a costa de las subvenciones, o bien a costa del trabajo de las asalariadas que obtienen fondos para dichas organizaciones. En el caso de MSF España, la empresa obtuvo 70 millones de euros en 2015 provenientes de socias, de los cuales, un 95% es fruto del trabajo de las captadoras.

No deja de sorprender cómo la mayor parte de las veces las relaciones humanitarias que establecen las ONG, lejos de apostar por el apoyo mutuo y la solidaridad, acaban siendo relaciones de caridad y dependencia; un colchón de clase que mantiene a las trabajadoras de todo el mundo, a las que dicen ayudar, con el mínimo vital, sometiéndolas a esos entes públicos o privados de los que reciben caridad, evitando así que se rebelen contra ese status quo de miseria. Además, las multinacionales humanitarias suelen actuar en los conflictos internacionales con esa clásica equidistancia, tan favorable para con el que manda y tan lesiva con las sometidas.

Sin llegar a entrar en los pormenores de la organicidad y la veracidad del trabajo de cada organización, resulta un poco extraño que existan lobbys como la “Asociación Española de Fundraising”. Una organización patronal desde donde las ONG comparten criterios metodológicos sobre cómo obtener fondos. Y he aquí el principio del problema.

Parte de la debilidad que sufre la clase trabajadora en el conflicto capital-trabajo viene dada por la desunión entre quienes venden su fuerza de trabajo y la monolítica acción patronal. En el caso de la “Asociación Española de Fundraising” sucede lo mismo. Las empresas humanitarias basan de manera unitaria su política de recursos humanos en tres ejes: necesidad de ingresos en una juventud muy empobrecida y sin experiencia laboral (y por tanto sin experiencia en conflictos laborales), cláusulas de productividad abusivas y un discurso victimista ante empleadas que empatizan con la acción humanitaria. La necesidad y la posible falta de criterio de la juventud sobre qué es normal o legal en el ámbito laboral es una de las razones por las cuales estos trabajos son copados por personas menores de 35 años, pues ante la falta de compromiso con la legalidad vigente por parte de las empresas, ¿qué mejor que trabajadoras sin experiencia laboral? Por otra parte, las citadas cláusulas de productividad son imprescindibles para evaluar el trabajo de las captadoras y captadores; sin embargo son utilizadas como una herramienta de rotación masiva, pues a pesar de que los contratos que firman son indefinidos, las cláusulas convierten un “contrato fijo” en un constante contrato de prueba. Durante todos los días del año, las trabajadoras tienen que rendir de igual manera, llueva o haga sol, sea principio o fin de mes, o haya o no tránsito de gente por la calle. Por último, la empresa elige perfiles que generalmente empatizan con los desastres humanos que se viven en el mundo, y así, cuando llegan los malos resultados en vez de hacer efectivo el despido, se comenta a dicha persona de manera educada y cercana que la ONG no podría seguir ayudando si ese nivel de resultados fuese generalizado. Por supuesto, la joven generalmente cae en esa falsa dicotomía y deja el trabajo por el bien de la ONG sin que la empresa se preocupe por los trámites legales y posibles reivindicaciones. Si no fuese así, estas cláusulas dejarían a la trabajadora en la calle con un despido disciplinario (que no conlleva indemnización) por no haber cumplido con algo que nunca se sabe a ciencia cierta si podrá cumplirse.

A este respecto Galicia se convierte en un lugar peculiar para las ONG y su patronal, pues a pesar de que en el año 2015 el 80% de las trabajadoras no alcanzaron mensualmente los objetivos y que la rotación fue de 250 personas para una plantilla media mensual de 30, se constituyó un tejido sindical para defender los derechos de las captadoras. Decimos peculiar ya que no existe en ninguna otra zona del Estado esta organización sindical de base que defienda los intereses de este colectivo.

Esto llevó a MSF a crear un cordón sanitario en Galicia, pues en el resto del Estado no había ni movilizaciones ni denuncias por los abusos de la empresa. De hecho, desde que la cláusula de productividad fue judicializada en el Tribunal Superior de Xusticia de Galicia, la empresa solamente paró los despidos por esta cláusula en dicha región, por lo que cientos de trabajadoras de MSF siguen siendo despedidas a diario en otros puntos del Estado. Sin embargo, hace unos meses la empresa cambió de parecer y decidió retomar la cláusula de productividad como base para el despido de trabajadoras, a pesar de no haber aún una sentencia por parte del tribunal. Por eso, la sección sindical de CC.OO. en MSF en Galicia lleva semanas movilizándose ante la posibilidad de que el 80% de la plantilla sea despedida. Desde el 27 de junio acamparán frente a la sede de la ONG en Santiago de Compostela y aseguran no desconvocar la acampada hasta que la empresa vuelva a paralizar la cláusula (hasta tener una sentencia firme), o se siente a hablar con las trabajadoras sobre la actual situación.

Del resultado de este conflicto laboral dependen cientos de empleos en todo el Estado. La patronal espera poder seguir precarizando a la juventud con las mismas herramientas. Acabar con la cláusula de productividad en Galicia supondrá limitar el abuso de las empresas y fomentar un empoderamiento progresivo de las trabajadoras. Desde el Partido Comunista de España les mostramos todo nuestro apoyo y solidaridad para con su causa, que es la nuestra.

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