a debate XX Congreso

Los acuerdos del PCE y del PCA para plantear un nuevo modelo organizativo para el Movimiento Político y Social, no contienen nada que deba provocar la alarmaEn torno al debate sobre los acuerdos de los Congresos del PCA y del PCE IU es hoy por hoy una organización imposible en lo orgánico pero con un gran valor político y una magnífica militancia.

José Luis Centella Gómez 11/07/2017

Las repercusiones que los acuerdos del XII Congreso del PCA han tenido en algunos sectores nos indican que poco se ha entendido de los acordado tanto en la primera fase del XX Congreso del PCE, como en la XI Asamblea Federal de IU, por lo que es necesario que realicemos una explicación sobre lo que realmente se pretende desde el Partido Comunista de España.

Para empezar, es necesario resaltar que en el origen de IU está la pretensión de integrar en una misma organización desde el activismo social hasta la militancia política más “clásica”. Se decía que la base de esta nueva forma de hacer política, estaría en la elaboración colectiva, en un programa en común y una acción conjunta en la lucha, en poner en marcha una organización en la que ecologistas, socialistas, sindicalistas, pacifistas, comunistas, etc. pudiéramos convivir, poniendo en valor lo que nos une frente al capitalismo neoliberal y el militarismo y resolviendo las diferencias mediante síntesis dialécticas.

Fruto de esta voluntad unitaria, se puso en marcha por el PCA una Convocatoria Por Andalucía, sustentada en la creación de Áreas de Elaboración y Acción colectiva, con un área de presidencia que, reuniendo las coordinaciones de las distintas áreas, se configuraba como gobierno alternativo en torno a un programa elaborado de forma ampliamente participativa y que trabajaba, con Julio Anguita a la cabeza, para plantear un proyecto transformador para Andalucía.

Tras el referéndum de la OTAN, la transformación de lo que había sido la PLATAFORMA CÍVICA POR LA SALIDA DE LA OTAN en una estructura permanente y la convocatoria adelantada de elecciones generales para hacerlas coincidir con las andaluzas, se crea Izquierda Unida, como coalición de partidos que recogía la mayoría de quienes integraban aquella Plataforma Cívica, Partidos Políticos y personas sin afiliación partidaria.

De esta manera, se afrontaron las elecciones de 1986 con una dualidad que en forma de coalición electoral, en Andalucía trató de integrar, con mayor o menor acierto, la experiencia y el trabajo de Convocatoria Por Andalucía. Nació así I.U.- Convocatoria por Andalucía.

Consolidada la coalición electoral con un discreto resultado electoral de siete escaños que no dieron derecho a grupo parlamentario por un problema legal en el País Valenciano, se planteó el reto de dar forma a una coalición estable y con voluntad de configurar un espacio político en el que pudiera integrarse la izquierda social, política y sindical, para dar forma a este proceso. Se tomó como referencia la experiencia de Convocatoria Por Andalucía y, con más voluntarismo que solvencia, se procedió a estructurar lo que se llamó Un Movimiento Político y Social Organizado.

En este ambiente, se produjo el debate sobre la forma jurídica y organizativa sobre la que debía configurarse la nueva organización. Hay que resaltar que en ningún caso se planteó la desaparición de los Partidos Políticos que promovían IU y la creación de un partido político unificado, tal y cómo había ocurrido en la UCD y en Herri Batasuna que de coalición habían pasado a Partido unificado. Finalmente se entendió que la fórmula de federación de partidos y personas podrían sintetizar este debate.

También surgió el debate sobre la estructura territorial cuando EUPV se legalizó como organización independiente de IU-Federal. Este debate, con la división de Julio Anguita de por medio, se resolvió con unos documentos que definían a IU como una organización Federal pero con una práctica que permitió una estructura confederal al legalizarse de forma independiente diversas federaciones, contradicción que no hemos podido superar y que nos ha ocasionado multitud de problemas.

Como decía, en ningún momento tomó cuerpo la idea de hacer de IU un partido político clásico, porque se entendía que una nueva forma de hacer política necesitaba una nueva forma de organizarnos. De esta manera, se procedió a diseñar cómo se podía organizar un Movimiento Político y Social, formado por partidos políticos y personas a título individual, que superase tanto la forma de Partido Político y de coalición electoral.

El resultado, fue una estructura que se presentaba enfocada más a la elaboración colectiva y la coordinación que de dirección y organización en el sentido “clásico”. De ahí que las Secretarías programáticas fueran sustituidas por Áreas de Elaboración y Acción, los Comités Orgánicos por Consejos, los Secretarios Políticos por Coordinadores y los Congresos por Asambleas. También se firmaron protocolos con los Partidos políticos integrantes, lo que les aseguraba su papel en el interior de IU, a la vez que se recogía la regla de una mujer, un hombre, un voto, para superar la fórmula de Coalición.

Todo perfecto, todo preparado para poner en marcha un modelo organizativo de nuevo tipo, de tecnología punta decía Antonio Romero, ¿dónde está el fallo?... Porque algún fallo tuvo que haber cuando pasados treinta años, las áreas son lo más parecido a Secretarías colectivas, los Consejos a los viejos Comités, y los/as Coordinadores/as a los más clásicos Secretarios/as Generales de la Tercera Internacional y las Asambleas en Congresos con todas las características.

En poco tiempo, la relación entre la estructura de IU y la de los Partidos integrantes se hizo más problemática, así como la participación de las personas que no tienen militancia partidaria se hacía más difícil.

Mi modesta opinión, es que la puesta en marcha de la IU como Movimiento Político y Social fue una mezcla de voluntarismo y burocratismo, en la que se entendía que todo se reducía a escribir un modelo organizativo en un documento, pasarlo por una Asamblea o Congreso para que se aplicara directamente al día siguiente sin tener en cuenta la realidad existente en todo el territorio.

La realidad es tozuda para quien no la analiza, para quien no admite la dialéctica, para quien sustituye los debates en profundidad por las votaciones matemáticas y la aplicación mecánica de los acuerdos. Tendríamos que analizar los acuerdos del XIII Congreso del PCE en el que se empezaron a plantear “El PCE de IU, el PCE en IU o el PCE para IU” como un punto de partida para la superación de la IU Coalición en base a la creación de unas estructuras que en realidad repetían las de cualquier Partido Político, solo que cambiando los nombres.

El resultado es una organización tan compleja que llega al absurdo de que IU para unas elecciones se tenga que coaligar con sus propias federaciones. Una organización tan cerrada que posibles aliados políticos prefieren coaligarse electoralmente con IU que integrarse en ella. Pero al mismo tiempo ha dado lugar a una organización en la que se referencian miles de personas que no tienen otra referencia orgánica, una fuerza política con un bagaje de lucha que referencia los valores de la izquierda coherente, anticapitalista, republicana, federal. Es decir, IU es hoy por hoy una organización imposible en lo orgánico pero con un gran valor político y una magnífica militancia.

Cómo resolver esta contradicción fue el objetivo que se marcó el Partido Comunista de España en la primera fase de su XX Congreso y la XI Asamblea de IU cuando plantean la superación de IU como Partido Político para configurar un Movimiento Político y Social que recoja los objetivos fundacionales de la propia IU y los sitúe en la realidad política y social de 2017.

Desde esta perspectiva, es desde donde el PCE y ahora el PCA plantea que los órganos del MPS, tienen que ser más de coordinación que de dirección y que la participación tiene que estar más enfocada a la elaboración colectiva y la acción política que a la militancia clásica. Nada nuevo, ni más ni menos que lo que pretendía IU en su origen.

Los acuerdos del PCE y del PCA para plantear un nuevo modelo organizativo para el Movimiento Político y Social, no contienen nada que deba provocar la alarma, nada que indique la voluntad de tirar por tierra 30 años de lucha y trabajo conjunto con miles de compañeras/os que hoy conforman IU.

Lo que sí debe provocar preocupación, es que se repitan los mismos errores que se cometieron entre 1986 y 1992 y que el nuevo debate sobre el futuro de IU y del propio PCE, sea esa mezcla de voluntarismo y burocratismo.

Superar a IU, construir un nuevo Movimiento político y social, conseguir que el PCA o el PCE participen con voz y personalidad propia en las confluencias sociales y políticas, no son cuestiones que se resuelvan solamente por escribirlas en un documento y aprobarlas en un Congreso. Todo lo contrario, si lo que se escribe y aprueba no se aplica contando con la realidad realmente existente, pasaremos de Málaga a Malagón y posiblemente no resolvamos las cuestiones orgánicas que hoy hacen de IU un Partido mal organizado y perdamos la riqueza política y humana que hemos acumulado en 30 años.

Ni voluntarismo, ni burocratismo, significa afrontar el debate con determinación del objetivo que queremos conseguir y poner en marcha los instrumentos que nos permitan avanzar en esos objetivos. Ser al mismo tiempo capaces de que el debate sea lo más colectivo y amplio posible, para que el resultado sea asumido por la base sin necesidad de imposiciones verticales. En este punto añado que además de excluir el voluntarismo y el burocratismo hay que apartar el sectarismo, de los que pueden llevarnos a la marginalidad y el tacticismo de quienes tratan de utilizar este debate y otros para arañar un puñado de votos en una Asamblea de IU o en un Congreso del PCE.

Partimos de dos cuestiones aprobadas por amplia mayoría tanto en IU como en el PCE. La decisión de la XI Asamblea de IU de construir un Movimiento Político y Social que supere el partido político en el que había derivado IU y el acuerdo del Congreso del PCE de recuperar sus plenas competencias estatutarias, no para salirse de IU sino para participar con voz propia en la construcción del Movimiento Político y Social.

La cuestión, es cómo hacer compatibles estas dos cuestiones, porque no nos engañemos, solamente de saber resolver en positivo este reto dependerá que seamos capaces de conseguir ambos objetivos.

Una de las claves es que por una vez, seamos capaces de aprender de nuestra historia, y con esta intención, modestamente me quiero dirigir, en primer lugar a quienes comparten con el PCE el trabajo de IU, para que no se equivoquen de enemigo, el PCE nunca será un lastre en la construcción de una fuerza de izquierdas coherente, rupturista, que aglutine a lo mejor de la izquierda social, política, sindical, al contrario les pido que vean al PCE como el mejor de los aliados en este camino. Desde las primeras alianzas electorales en la Segunda República, hasta la actual IU, pasando por el Frente Popular, la JSU, el PSUC, la Unión Patriótica, el Pacto por la Libertad o la Junta Democrática, el PCE de Dolores y Pepe Díaz, tiene la Unidad de la Izquierda como uno de sus principales instrumentos para la acción política.

En segundo lugar, dirigirme a mis camaradas del PCE para que entiendan que la reconstrucción de un PCE activo, organizado, con perfil, propio e interlocución directa en las confluencias políticas y sociales y plenamente implicado en el conflicto no se puede hacer por decreto, no se puede imponer en contra de la voluntad de quienes deben ser nuestros mejores aliados, las compañeras y compañeros con quienes llevamos compartiendo militancia y lucha en IU más de 30 años, que las dificultades mayores estarán fuera, vendrán sobre todo de la fuerzas del capitalismo, que entienden mejor que nosotros/as, que su mayor peligro viene de la pervivencia del comunismo como organización y también podrán venir de una parte de la izquierda que nos quiere encerrar en el museo de la historia.

Desde este reconocimiento de las dificultades, concluyo que el PCE debe ser el más interesado en que IU no se disuelva en la nada, que no se tire por la borda el capital político que supone la historia, la política y sobre todo la militancia de IU, por muy partido político que sea en este momento. Pero también es el más interesado en que las cosas no se queden como están, que los objetivos que nos planteamos en la XI Asamblea de IU no se queden una vez más en papel mojado, y para eso es clave que no se entienda de una manera voluntarista y/o burocrática.

Pero de la misma forma, la militancia de IU sin militancia partidaria, debe ser la más interesada en que el PCE desarrolle los acuerdos de su Congreso, porque sólo con un PCE fuerte y organizado, puede haber una hegemonía de las propuestas transformadoras y rupturistas en los espacios de confluencia.

Nada de disolver al PCE en IU y a esta en Podemos. Nada de sacar al PCE de IU para disolver a esta en la nada. El reto es construir entre todas y todos un gran movimiento político y social, organizado de tal manera que en él se impliquen junto a militantes de diversos Partidos Políticos de Izquierdas, activistas sociales y sindicalistas unidos en torno a la lucha contra las injusticias del capitalismo y a un acuerdo programático.

Este es el debate, cómo nos organizamos, cómo nos coordinamos para superar las cuestiones que hemos detectado nos han separado del objetivo inicial de crear un MPS, lo que implica una nueva forma de organizarnos y unas nueva reglas de juego que consigan hacer realmente constructiva la participación de un Partido Político en MPS, desde lo financiero, hasta las formas de tomar decisiones. Entiéndanse en este sentido la voluntad de los acuerdos del XII Congreso del PCA y de los que tomemos en la fase final del XX Congreso del PCE

A contribuir o resolver positivamente estos retos quiero convocar a la militancia comunista en esta segunda fase del XX Congreso, a la vez que quiero pedir a quienes comparten con nosotros la militancia en IU para que nos ayuden, para que nos trasladen sus opiniones que con toda seguridad serán bien atendidas y valoradas, porque entre todas y todos tenemos la responsabilidad de construir la más amplia unidad popular que se configure como alternativa frente a un bloque dominante que pretende hacer una segunda transición para que cambiando las formas puedan seguir manteniendo en sus manos el poder.

José L. Centella Gómez
julio de 2017

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