En España 3 mujeres son violadas al día, una cada ocho horas según datos recogidos por el Ministerio de InteriorBravos, muy bravos Hace mucho tiempo que reclamamos educar a los hombres y a toda la sociedad desde una perspectiva feminista, por ser la única que logrará la igualdad efectiva.

Isabel Álvarez. Responsable del Área de la Mujer de IU Castilla La Mancha 14/07/2017

En plena euforia de los sanfermines no voy a referirme en este caso a las víctimas animales, quiero referirme a las víctimas humanas: a aquellas mujeres que durante estas fiestas de julio y durante todo tipo de fiestas, han sido agredidas y abusadas por participar en ellas. A todas las que salieron a disfrutar de la fiesta y volvieron vejadas y humilladas. A todas las que no fueron de fiesta pero en su vida diaria también se enfrentaron a los agresores.

Me voy a referir a ellas pero cambiando la óptica porque voy a hablar de ellos, los que salieron a disfrutar de la fiesta para agredir y abusar de las mujeres, los que llevan camisetas repugnantes pretendiendo ser originales, los que venden chapas con mensajes denigrantes para las mujeres y a todos sus amigos que les animan, les jalean y ríen las gracias y participan con ellos en los acosos, e incluso me voy a referir a los que comparten esas imágenes en sus Redes Sociales o en los corrillos aprovechan las noticias para confirmarse y afianzarse en sus micro y macro machismos.

Esos vecinos, compañeros, amigos y familiares que todas tenemos que se convierten en “manada” y que presumen de bravos, muy bravos cuando se juntan.

Hablo de todos aquellos que sueltan barbaridades cuando ven una minifalda, un escote o un pecho, que no pueden resistirse a manosear a las mujeres en autobuses, conciertos o supermercados, de los que sienten que las mujeres van provocando cuando se pintan, se peinan y se visten como les da la gana.

En suma a todos los hijos sanos del patriarcado, que perpetúan unos estereotipos machistas que cosifican a las mujeres y sitúan a los hombres en la evolución como unas bestias incapaces de sujetarse o pensar claramente a la vista de la carne.

A ellos, que cuando van de fiesta, cuando están en casa, el trabajo, las aulas o en espacios comunes les debe quedar claro que no tienen derecho sobre el cuerpo de las mujeres, que por tomar alcohol, drogas o ir en grupo, no se acosa, persigue, abusa o viola.

Porque en los últimos sanfermines se han producido 8 agresiones sexuales, 3 de ellas violación. Porque en España 3 mujeres son violadas al día, una cada ocho horas según datos recogidos por el Ministerio de Interior. Porque uno de cada 5 menores en Europa es víctima de algún tipo de violencia sexual, y en suma porque uno de cada 10 españoles no cree necesario penar la violación en el marco de la pareja (eurobarómetro 2016).

Estas escalofriantes estadísticas nos muestra que lejos de enseñar a las mujeres a protegerse debemos enseñar a los hombres a no atacar; nos revelan también, que lejos de avanzar se ha retrocedido en la educación de los jóvenes y que las mujeres y niñas se encuentran en una posición igual o más vulnerable que hace décadas.

Los hombres, los jóvenes y los niños que se sienten legitimados en sus actos cuando atacan verbal o físicamente a las mujeres, a las jóvenes o a las niñas, deben contar con el rechazo social y la resistencia de los que les observan y acompañan, deben saber sin lugar a dudas que su comportamiento es despreciable, que sus agresiones no quedarán sin respuesta y que no se tolerara en una sociedad igualitaria ningún tipo de abuso.

Es todavía inmenso el trabajo que nos queda por hacer después de años de lucha feminista, cuando las noticias hablan de abuelos que después de utilizar el cuerpo de una menor obligada a prostituirse se marchan a casa con sus nietas tan tranquilos, cuando el propio ministerio encargado de luchar contra la violencia machista publica estudios que desprecian todos los anteriores, cuando los ídolos presumen en los medios de comunicación de comprar partes de mujeres en condiciones precarias para satisfacer sus deseos de consumo desde una paternidad de escaparate.

Hace mucho tiempo que reclamamos educar a los hombres y a toda la sociedad desde una perspectiva feminista, por ser la única que logrará la igualdad efectiva.

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