Ni dios ni amo

Mayoría

Benito Rabal 18/07/2017

Debe de ser que, como vivimos en la llamada sociedad de la información –o desinformación, vaya usted a saber–, existe la necesidad de estar continuamente presente en cualquier medio de comunicación, ya sea red social, prensa, televisión o cualquier otro y, como ya que estás, habrá que decir algo y no siempre está uno con la neurona dispuesta, la cantidad de estupideces que se leen o se escuchan supera la media a la que se estaba acostumbrado. Sin embargo, por más que se tenga el cerebro inmunizado, de vez en cuando surge alguna que llama la atención pugnando por figurar en los archivos de la estulticia y el sinsentido.

En mi particular ranking de idioteces gana posiciones una frase pronunciada por la Vicepresidenta del Estado español referente a la cuestión catalana. Más o menos vino a decir lo siguiente: “No se va a celebrar el Referéndum porque es antidemocrático”. No se quedó contenta; pensó que a lo mejor no se la había entendido bien, así que añadió: “Estamos en democracia y un Referéndum es contrario a la Democracia”.

¡Ole con ole y olá!, que diría mi amigo Eduardo Calvo. Así que el derecho a expresar la voluntad popular no es democrático. Curiosa manera de entender lo que significa el gobierno del pueblo. Creo que la señora en cuestión, se saltó las clases de formas de organización social. A lo mejor estaba rezando o invirtiendo en Bolsa, que viene a ser lo mismo. Me da a mí la impresión que confunde Democracia con Aristocracia y que para ella con ir una vez cada cuatro años a echar la papeleta ya se le han concedido demasiadas prebendas al populacho. Algo así como pasaba antaño el día de carnaval, en el que se les permitía a los plebeyos y menestrales expresar sus quejas mediante la chanza y si lo hacían en alguno de los 364 restantes, iban a la hoguera.

Siendo bien intencionado –lo cual es cada día más complicado– uno piensa que toda una abogado del Estado y con ese cargo político, no puede haber asegurado eso sin un porqué oculto entre tamaña incongruencia. Y sí que lo hay. La mujer de altas miras y cortas extremidades, se refiere a otra cosa. Quiere decir que la potestad de decidir qué va a ser de nuestras vidas, reside única y exclusivamente en los representantes que hemos elegido. Con toda seguridad está convencida de que lo que hayamos hecho en los dos minutos escasos que supone votar, nos condiciona durante cuatro años, sin posibilidad alguna de enmendar nuestra acción.

Pero no solo eso. También es firme en la defensa de lo que se llama la unidad de España contra viento y marea. Aunque eso sí, solo de una España, la de los cuatro Reyes y el vasallaje al Vaticano, la de las bases de la OTAN y el rescate a la Banca, la de las medallas a la Virgen y los sueldos vitalicios. La otra, la de los valores republicanos, la de la memoria histórica, la de la ruptura del Concordato, la de los servicios públicos, la solidaria, esa no existe, porque la mayoría ha decidido que sea así. Por cierto, una mayoría formada con libros de texto en los que aún se habla de la Reconquista –800 años en la Península no deben ser suficientes para obtener la nacionalidad-, del Descubrimiento de América, de la labor fundamental para la democracia del monarca colocado a dedo por el Dictador que acabó con la Democracia y alimentada por tendenciosas noticias y programas de cotilleo.

Pero es en ese concepto de Mayoría donde se basa la absurdez dicha. Sobre el desprecio a los que son menos en cantidad, se fundamenta la propuesta hecha a los partidarios de consultar en Catalunya si se quiere seguir perteneciendo a la actual estructura del estado Español. No deben de decidir sobre el asunto los habitantes del país catalán, sino los del resto del territorio, que para eso son más.

Algo así como si se convocara un referéndum en Catalunya sobre la continuidad de la Romería del Rocío sin contar con los de Almonte.

Publicado en el Nº 308 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto

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