Esperando a los bárbaros

Sanlúcar La belleza terrible del Barrio Alto de Sanlúcar. Cenizas laborales. 60% de paro juvenil.

Felipe Alcaraz Masats 18/07/2017

Sanlúcar de Barrameda. La terrible belleza de Sanlúcar. Terrible porque es el pueblo europeo con más paro y pobreza. Belleza que vibra en las calles del Barrio Alto como una brisa detenida en el hueco de las calles. Es la reverberación de la luz naranja entre plastones de cal, dándole temblor a una arquitectura mareante que se asoma a un horizonte recortado por el enorme lagarto color verde vejiga del coto de Doñana y sus pinares, al otro lado de la desembocadura del Guadalquivir, que se abre en el estuario tras disolver con un estallido de luz la punta del Malandar y su playa, entreverando espejos en ese encuentro en la mar abierta del agua dulce y el agua salada donde se curte la carne de los langostinos atigrados.

Ahora hay, quizás, demasiada “macancoa” en Sanlúcar. “Macancoa”, esa palabra muy usada en el pueblo que habla de tristeza, desazón y algo de mala suerte. Se deja pasar el tiempo en una dilatada cultura de la resistencia y de la lucha. Quizás empieza a prender de nuevo la llama de una respuesta constituyente. Hay muchos menos empleos; pero sigue habiendo campo que cuidar, al que dedicar las horas de más luz. Y todo el mundo calla el trasiego de las embarcaciones repletas de corazones negros que descargan a lo largo de la playa salvaje del coto.

Las mujeres en moto, con sus cascos ajenos al diseño posmoderno, de todas las edades y fisonomías, disputando con determinación el espacio público desde el amanecer hasta el atardecer, cuando se extingue el bramido de los motores y asciende de las callejas el bramido, como un oleaje, de las conversaciones incesantes. Sanlúcar no se calla una, y las mujeres menos.

Sanlúcar encuentra su hora al atardecer, en el seno del simulacro teatral de luces que pasan del blanco al rosa, del rosa al verde, y del verde o siena al color naranja que baña los lienzos de cal y rebota en los cristales antiguos, como de aguas, de las maderas retorcidas de las ventanas. Hay ya un trasiego importante de ese vino social que es la manzanilla. Las viejas dialogan en los patios oscuros acosados por aspidistras y helechos. Las cigüeñas, después de un último vuelo en que parecen recontar las araucarias, se recogen en la chimenea de la alcoholera o en otros nidos, construidos en tocones de palmeras o torreones.

La belleza terrible del Barrio Alto de Sanlúcar. Cenizas laborales. 60% de paro juvenil. Cal y salitre resistiendo antes de fundirse en la noche. Los gatos están tranquilos, sin relato. Es la belleza ovillada en un beso negro con el hambre y la impotencia. Pero no hay rendición. La lucha impregna las paredes de las calles. Hay gente en duelo silencioso haciendo guardia en las esquinas de las bodegas. Tarde o temprano pasará la “macancoa”. Resistencia, dame el nombre exacto de las cosas.

Publicado en el Nº 308 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto 2017

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