Plano picado

Película "Los últimos días del artista: Afterimage", de Andrzej WajdaLa última palabra de Wajda Si Wladyslav Strzeminski rechaza el realismo socialista, Wajda nos entrega un filme imbuido de neorrealismo.

Juan Carlos Rivas Fraile 18/07/2017

Título: Los últimos días del artista: Afterimage.
Título original: Powidoki (Afterimage)
País, año: Polonia, 2016
Director: Andrzej Wajda
Guión: Andrzej Mularczyk
Fotografía: Pawel Edelman
Intérpretes: Boguslaw Linda, Aleksandra Justa, Bronislawa Zamachowska, Jacek Beler,Mateusz Bieryt, Szymon Bobrowski, Mariusz Bonaszewski, Danuta Borsuk.
Estreno en España: 30 de junio 2017

Fallecido en octubre de 2016, Andrzej Wajda, una de las figuras más importantes del cine polaco, no pudo ver estrenada su última obra, Los últimos años del artista: Afterimage, que llega a las pantallas españolas después de su presentación en el BCN Film Fest celebrado a finales de abril. Obra póstuma y últimas palabras que certifican la coherencia hasta el final de un cineasta que se distinguió a lo largo de 60 años de carrera en medio centenar de películas por una actitud combativa y comprometida contra el totalitarismo en su país.

La huella de Wajda se hace más visible en cuatro obras que fueron nominadas al Oscar: La tierra de la gran promesa (1974), Las señoritas de Wilco (1979), El hombre de hierro, con la que ganó la Palma de Oro en Cannes (1981) y Katyn, que relataba el episodio trágico en el que su padre fue asesinado entre miles de oficiales del Ejército a manos de la policía secreta soviética (2007). Aunque otros títulos merecen tanto o mayores honores: Paisaje después de la batalla (1970), El hombre de mármol (1977) o este postrero trabajo, Los últimos años del artista: Afterimage, que deposita el mismo aliento subversivo en la semblanza biográfica del pintor vanguardista Wladyslaw Strzeminski, interpretado con brío y emoción por la estrella del cine polaco Boguslaw Linda.

Wladyslav Strzeminski es un artista revolucionario en un tiempo en que esta palabra había sido desprovista de todo significado por el Partido Obrero Unificado de Polonia, gobernante tras la conferencia de Yalta y fiel lacayo de Stalin. Perseguido, expulsado de su puesto en la universidad, su obra desaparece de repente de los museos, un pintor vanguardista que se rebela contra la uniformidad del llamado realismo socialista y se convierte paulatinamente a su pesar en enemigo del Estado. Y pagó un precio elevadísimo por mantenerse fiel a sus principios.

Sufridor de avatares similares a los de su biografiado, combatiente contra los nazis en su adolescencia, primero, represaliado después, Wajda construye su retrato a base de contrastes y paradojas. El colorido característico de la pintura de Strzeminski, a las que imita en los créditos de entrada y salida, se confronta con una fotografía gris plomiza durante el transcurso de la película. Frente al carácter rebelde y subversivo del personaje, los encuadres y composición clásica del cineasta. Si Wladyslav Strzeminski rechaza el realismo socialista, Wajda nos entrega un filme imbuido de neorrealismo, en algunas secuencias, casi podríamos hablar de realismo soviético; la denuncia de las atrocidades del patrón (el Estado en este caso) y el modo en que el obrero oprimido sucumbe a su brutal acoso, privado de medios de subsistencia. El espíritu de Eisenstein no anda lejos.

El filme de Wajda reivindica a una gloria del arte pictórico polaco, pero a la vez y en mayor medida ajusta las cuentas, una vez más, con el partido comunista gobernante en un período negro de su historia. La burocratización y el poder absoluto en manos de necios que veían por todas partes traidores a la causa del pueblo, adquiere tintes grotescos en algunos diálogos y acciones del filme. Seguramente Wajda no exagera los rasgos autoritarios del régimen pero algunos diálogos entre el ministro de cultura y el pintor provocan extrañeza y se hubiera agradecido un punto mayor de sutileza que alejara la sospecha de maniqueísmo.

El fin último de este biopic limitado de Wladyslav Strzeminski es la reprobación y denuncia del autoritarismo y en consecuencia la reivindicación de la libertad de creación artística y de la libertad en toda su extensión; también la necesidad de que se conozca la Historia, la propia historia y la historia de la Humanidad. Si los hechos narrados se corresponden escrupulosamente con lo acaecido tal vez no sea lo más importante. El legado de este gran cineasta es la rebeldía y el compromiso con la lucha.

RECOMENDACIONES
PIELES. Eduardo Casanova. 2017. Eduardo Casanova parece aplicarse el dicho de “que hablen de mí, y si puede ser, bien”. Mucho, mucho ruido y también algunas nueces, pero un poquito verdes.

DÉJAME SALIR. Jordan Peele. 2017. Universo inquietante, atractiva extrañeza y misterio con ecos de David Lynch. Imperfecta y sarcástica, original y convencional en proporciones desiguales. Interesante.

Z. LA CIUDAD PERDIDA. James Gray. 2016. Las viejas historias de aventuras coloniales pasadas por un filtro progresista de romanticismo no trasnochado.

Publicado en el Nº 308 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto

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