Recuperación del carácter y modelo leninista del PartidoUn Partido organizado para transformar la realidad Ahora se trata de conseguir que cada militante sea un activista y un organizador y hacer del Partido el motor del conflicto social y laboral.

Fernando Sánchez. Secretario de Organización del PCE 20/07/2017

Los documentos que presentamos para el debate de la segunda fase del XX Congreso del PCE son fruto de un proceso participativo que tenía como objetivo centrar el debate en aquellas cuestiones que más interesaban al conjunto de la militancia.

Como muchos recordaréis, desde el Comité Federal se remitió, a finales del pasado año, un cuestionario para que fuese respondido por las organizaciones del partido y utilizar sus conclusiones para la elaboración de dichos documentos. Más de cien organizaciones (desde agrupaciones a plenos de los distintos CC de federaciones) remitieron sus respuestas al Comité Federal. De ellas, setenta respondieron a lo planteado sobre cuestiones organizativas.

Llama positivamente la atención el alto nivel de coincidencia en cuanto al diagnóstico de nuestra organización y las propuestas para mejorar nuestro modelo organizativo, desde la recuperación del carácter leninista del partido, y el modelo que ello implica, hasta situar a nuestro partido y su militancia como motor del conflicto social y laboral.

Planificación y evaluación del trabajo realizado, dar una tarea a cada camarada, reducir el número de miembros de los órganos de dirección y que éstos sean más operativos, más formación política e ideológica y favorecer la adscripción de la militancia a estructuras de trabajo sectorial son las conclusiones que más se repiten.

Es por tanto, en torno a estas cuestiones que hemos elaborado la propuesta de tesis organizativas y estatutos a debate.

Partimos de un objetivo, el de volver a situar al partido como el eje vertebrador del bloque social antagonista. Como decimos en la introducción a los documentos: “El objetivo estratégico del PCE es superar al capitalismo mediante la articulación de un bloque social alternativo que, siendo social y culturalmente hegemónico, permita la toma del poder político”. Por tanto nuestro modelo organizativo debe adaptarse para conseguir este fin, debe responder a esta prioridad.

Adecuar el modelo organizativo

Durante décadas hemos mantenido una estructura territorial más propia de un partido institucionalizado, que basaba toda su acción en los procesos electorales y la realidad institucional más que en la intervención social y sindical. La inercia que nos hacía priorizar las tareas institucionales por encima de las demás nos ha llevado a una práctica política y a un modelo real de partido que se corresponde más con un partido-máquina electoral que con un partido revolucionario. De ahí que hayamos dedicado nuestros mejores cuadros y la mayor parte de nuestro tiempo a lo institucional en vez de a insertarnos organizadamente en el movimiento obrero y en los movimientos sociales.

Se requiere, pues, un esfuerzo colectivo para dejar de lado las inercias del pasado y centrarnos en organizar a la clase en la lucha por sus derechos concretos, esa práctica será la que nos vaya indicando el mejor modelo organizativo para cada caso y lugar. Es decir, no depender tanto del modelo de partido que teoricemos sino de nuestra práctica política y organizativa, de saber priorizar las tareas y cumplir con los acuerdos con los que todos y todas nos dotemos.

Para ello, en las tesis organizativas volvemos a situar cinco cuestiones esenciales que aún no hemos terminado de resolver: 1. Ni un solo comunista sin dirección política, cada camarada debe estar integrado en una organización de base que tenga dirección política. 2. La militancia debe estar organizada e intervenir en un frente de manera cohesionada. 3. Cada comunista una tarea, no podemos permitirnos el lujo de no implicar al conjunto de la afiliación en las tareas del partido. 4. Todas las organizaciones del partido estructuradas y conectadas, debemos recuperar la capacidad de dirección política sobre las estructuras inferiores, es decir “engrasar” bien las estructuras organizativas para que el partido funcione como un todo, con el mismo plan de trabajo y al unísono. 5. Planificación del trabajo, si no planificamos y evaluamos lo acordado, acabará siendo papel mojado.

Otra de las cuestiones que más debate generó en el cuestionario fue el del modelo organizativo de base. Desde mantener la actual estructura territorial a la de volver a la célula e iniciar un proceso de sectorialización. Si alguna lección podemos sacar del proceso de territorialización de los años setenta, es que no es posible imponer modelos organizativos sin contrastarlos con la realidad. Creemos que no se trata tanto de liquidar de golpe y porrazo las agrupaciones territoriales y volver mecánicamente a las células, ni de organizarnos ahora sectorialmente a toque de corneta (de forma voluntarista) en las empresas y centros de trabajo sino de tener la voluntad de organizar el conflicto (es decir de organizar al pueblo trabajador en la lucha por sus derechos concretos y elevar su nivel de formación política e ideológica), allí donde haya un espacio de comunistas organizados y con dirección política y allí donde sea necesario crearlo, tratando de traducir la voluntad de lucha a formas organizativas eficaces, en núcleos de partido adaptados funcionalmente al tejido social en que se sustentan. De ahí también que hagamos la propuesta de cambiar el nombre de las organizaciones de base sustituyendo el de agrupación por el de núcleo de comunistas.

Direcciones más operativas y centralismo democrático

Tenemos unos órganos de dirección muy numerosos y en los que se ha establecido una dinámica “parlamentaria” que los hace bastante ineficaces, tanto por la falta de corresponsabilidad de sus miembros en las tareas de dirección cotidianas, como por la devaluación que supone el alto nivel de absentismo a sus reuniones y la metodología con la que desarrollamos las reuniones (informe, turnos de intervención, resumen y votación). Es necesario, por tanto crear las condiciones para que las direcciones sean más operativas y hacer realidad el principio de “dirección colectiva”. Es por ello que proponemos una drástica reducción en el número de los miembros de los órganos de dirección y la limitación para pertenecer a más de un órgano.

Otra reflexión que abrimos está relacionada con el carácter federal del Partido acordada en el XIII Congreso, donde se definía al PCE como la unión libre y voluntaria de los partidos que lo componen. Creemos que los cambios introducidos desde el XVIII Congreso en el sentido de establecer competencias para cada nivel de dirección, aplicando los principios del centralismo democrático, hace innecesaria esa definición. El PCE es un partido que toma sus decisiones y las aplica en cada realidad desde la asunción de que vivimos en un estado plurinacional, pluricultural y plurilingüe y de que tenemos un proyecto federal y republicano. Como consecuencia proponemos también que el máximo órgano de dirección del PCE vuelva a denominarse Comité Central.

En otro de los apartados del documento organizativo hacemos una descripción del Partido y su evolución a partir de los datos de la militancia que tenemos en nuestra base de datos, el Departamento de Afiliación y Recaudación (DAR – PCE) y proponemos una serie de objetivos de cara a mejorar cuantitativa y cualitativamente.

Con respecto a nuestras normas generales de funcionamiento cerramos una fase que abrimos en el XVIII Congreso recuperando las normas de funcionamiento del partido leninista. Así, sólo nos quedaba introducir el término “centralismo democrático” aunque lo importante, no es escribirlo en los papeles sino tenerlo presente en la actividad del día a día y que nos permita construir un partido cada día más fuerte y cohesionado.

Nos reivindicamos hijos de la Revolución de Octubre y de la Internacional Comunista y nos sentimos orgullosos de nuestro origen y nuestra historia de la que seguimos aprendiendo críticamente y creemos que es el momento de reivindicar el leninismo. A diferencia de lo dicho en la tesis 15 del IX Congreso, estamos convencidos de que el leninismo sigue siendo el marxismo de nuestra época. Como dijo Lukacs: “Resulta, pues, enteramente justificado hablar de leninismo como nueva fase de la dialéctica materialista. Lenin no sólo ha restablecido la pureza de la doctrina marxista... sino que ha continuado el desarrollo del método mismo, lo ha conducido a un nivel de mayor concreción y madurez... El leninismo significa un nivel alcanzado hasta el presente del pensamiento concreto, antiesquemático, antimecanicista y directamente dirigido hacia la acción transformadora, la praxis”.

En el XVII Congreso iniciamos el proceso de reconstrucción del PCE, en los Congresos XVIII y XIX hemos dado pasos importantes en este sentido y ahora en el XX se trata de cerrar esta fase para iniciar la de la inserción del partido en la clase trabajadora, la de conseguir que cada militante del partido sea un activista y un organizador y hacer del Partido el motor del conflicto social y laboral.

Publicado en el Nº 308 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto 2017

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