Dependencia tecnológica en un país de desarrollo intermedio. España La situación se puede revertir si bien el esfuerzo debe ser grande, sin resultados visible en el cortísimo plazo en el que operan nuestros gobiernos y empresarios.

José Daniel Lacalle Sousa. Sección de Economía y Sociedad de la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM) 21/07/2017

Empresas trasnacionales, capitalismo español y periferia europeaEduardo Sánchez IglesiasLibros de la Catarata. Madrid (2017)

El subdesarrollo tecnológico y la dependencia tecnológica del exterior son la característica fundamental de la economía española desde los inicios de la industrialización.

La situación se puede revertir si bien el esfuerzo debe ser grande, sin resultados visibles en el cortísimo plazo en el que operan nuestros gobiernos y empresarios.

Desde la izquierda transformadora en nuestro país, el tema de la ciencia y la técnica dentro de su proyecto político y de la implementación del mismo, se ha planteado de una forma completamente errática y sin darle nunca la importancia central que debería tener. La mayor atención se ha dado desde las organizaciones de los propios interesados, los trabajadores científicos, incluyendo un notable y continuado esfuerzo desde la Secretaría para I+D+i de CCOO, especialmente por Salce Elvira, Alicia Durán, Emilio Criado y Jorge Aragón.

De todos modos, es evidente que en estos tiempos, con la izquierda, transformadora o no, dedicada en muchas ocasiones a la política-espectáculo, el tema de la I+D+i ha quedado prácticamente fuera de la agenda política. Por eso es de destacar el libro de Eduardo Sánchez Iglesias (“Empresas Transnacionales, capitalismo español y periferia europea. Causas y consecuencias de la dependencia tecnológica de la economía española”) que, desde una perspectiva de rigurosidad científica y políticamente comprometida, cumple una doble función, por un lado reavivar una discusión necesaria y casi perdida, y por el otro, hacerlo desde una perspectiva diferente que la tradicional desde dentro del sistema de ciencia y técnica.

España tuvo un proceso de industrialización tardía, al que, a lo largo de la historia puede caracterizar por dos rasgos, “el carácter periférico de industrialización en España y su carácter dependiente del capital extranjero”, en donde “es difícil encontrar un aspecto más negativo en la economía española, y que más se haya mantenido a lo largo del tiempo, que la persistencia de un alto grado de dependencia tecnológica y de menor desarrollo del sistema científico y tecnológico en relación a los países comunitarios” (pg. 15).

Sánchez Iglesias comienza por mostrar el marco conceptual en el que luego basar todo el desarrollo posterior relativo a la particular situación de la economía española. Es dentro de una economía mundo jerarquizada a partir del papel central de las empresas transnacionales en el que se conforman situaciones, como por ejemplo, la española, en donde el dominio en las bases del desarrollo central del proceso tecnológico marca las pautas para el predominio sobre las economías periféricas y las situaciones de dependencia tecnológica de estas últimas.

El desarrollo económico en España, el proceso de industrialización, ha venido marcado por el peso del capital extranjero y la dependencia tecnológica del mismo. Sánchez Iglesias analiza el mismo a partir de los sectores claves que a lo largo de la historia han sido el eje del mismo: el ferrocarril, en la segunda mitad del siglo XIX, la energía eléctrica en los comienzos del siglo XX, los bienes de equipo, los años 60 y 70 del siglo pasado, en donde la clave está en la inversión de capital extranjero, y la reconversión e internacionalización de la industria española, a partir de los años finales del siglo pasado, fundamentalmente con las nuevas tecnologías de la información y comunicación y dentro del proceso de unificación con Europa y de globalización de la economía. En el plano político se ha pasado de una industrialización dependiente de la importación de capitales, pasando por la autarquía, a un proceso de integración internacional (la UE) en todos los casos dominados por la dependencia tecnológica.

De hecho, el subdesarrollo tecnológico y la dependencia tecnológica del exterior son la característica fundamental de la economía española desde los inicios de la industrialización, pero con diferentes formas: la brecha tecnológica entre España y Europa, la raquítica innovación tecnológica empresarial, la caída de las patentes a partir de la gran crisis del siglo XXI, la balanza de pagos tecnológica permanentemente negativa, la evolución del gasto interno en los sectores de media-alta y alta tecnología, la importación directa de tecnología, la implantación en territorio nacional de filiales de empresas transnacionales. Sobre estas últimas y sus estrategias tecnológicas, Sánchez Iglesias estudia específicamente los casos de la industria en general, y los sectores químico, farmacéutico, el de productos informáticos, electrónicos y ópticos y los vehículos de motor.

Las conclusiones que Sánchez Iglesias explicita son, en síntesis: “el escaso esfuerzo innovador propio en comparación con el de los países de nuestro entorno”, en donde cuentan “los recortes y reducciones del gasto público dedicado al I+D”; “la generalización de la importación de tecnología extranjera”, “la mayor dependencia de las importaciones de bienes industriales de contenido tecnológico alto y medio alto”; “la mayor propensión importadora que parecen mostrar las ramas de actividad manufacturera, en las que hay una alta presencia de filiales de empresas extranjeras”.

Evidentemente, esta situación, que parece haber encerrado en nuestro país a la industria, la ciencia y la tecnología en un círculo vicioso se puede revertir, si bien el esfuerzo debe ser grande, sin resultados visible en el cortísimo plazo en el que operan nuestros gobiernos y empresarios, y por supuesto constante.

Como plantea Sánchez Iglesias, es necesario “encontrar fórmulas alternativas de crecimiento industrial “para sustituir al actual patrón de especialización productiva”, “un proceso de reindustrialización sustentado en una base científico-tecnológica propia” para lo que “se hace fundamental, tanto en el ámbito académico como en el debate social, de lo que se podría denominar la cuestión industrial”.

Publicado en el Nº 308 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto 2017

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