Nuestro orgullo es de clase y combativo Frente al acoso laboral, bullying, exclusión sanitaria, patologización de la intersexualidad: ORGULLO Y REBELDÍA

Unión de Juventudes Comunistas de España 21/07/2017

No existe actualmente ningún proceso de cambio social que pueda ser analizado al margen del sistema capitalista, por tanto la inclusión en la sociedad y el avance de los derechos del colectivo LGTBI tampoco puede quedar fuera de este marco.

Aunque las luchas del colectivo LGTBI se daban con anterioridad alcanzaron auténtica presencia a partir de 1969, año en el que tuvieron lugar las revueltas de Stonewall. Precisamente, las primeras marchas del orgullo se organizaron en conmemoración a las importantes manifestaciones que se dieron a finales de junio de ese año en el barrio neoyorquino de Greenwich Village. Estos sucesos que surgieron como respuesta espontánea a causa de una redada policial en un bar frecuentado por este colectivo, fueron la base para tomar conciencia de su posición social y su capacidad para organizarse y actuar unidas.

La omisión del origen de lucha de este día no es casual, se trata de una apropiación y reorganización más de la superestructura del capitalismo. Táctica frecuentemente utilizada por este sistema para neutralizar el poder transformador de determinados colectivos y movimientos.

Analizando a grandes rasgos el proceso dialéctico de esta apropiación en el Estado español, partimos del paso de una sociedad de productoras a otra de consumidoras, asociado a la creación de mercados dirigidos a un público segmentado sobre todo por sexo y clase, y la ebullición de una moral superadora de prejuicios, que fue permitiendo cierta apertura a prácticas sexuales cuya finalidad fuese el placer y no la reproducción. Este clima de aceptación se vio más reflejado en grandes núcleos poblacionales y no tanto en núcleos pequeños.
La posibilidad de nuevos mercados era clave no sólo por la propia acumulación de capital, también en el sentido ideológico frenando aquellos movimientos LGTBI organizados como colectivo y como clase. El capitalismo no actúa de forma aislada sino en íntima connivencia con el patriarcado.

La consecuencia de todo esto es lo que se ha llamado capitalismo rosa, la representación y asimilación del modelo de hombre, gay, adulto, de rasgos occidentales, con una estética concreta y con poder adquisitivo, quedando el resto de realidades LGTBI en una situación de invisibilización. Este modelo “ideal” entronca, además, con los valores capitalistas de meritocracia, individualismo y competitividad, utilizando el discurso de la culpabilización para todas aquellas personas que no alcanzan el modelo o excluyendo del seno del movimiento y del espacio público a lesbianas, trans e intersexuales. Otra característica de la apropiación ha sido la adopción de modelos nacidos del mismo sistema como la monogamia, el deseo de descendencia biológica o la institución familiar. Un resultado ha sido no cuestionar la utilización de las decisiones personales como herramienta de discriminación.

El cuestionamiento del sistema patriarcal es un pilar imprescindible tanto para este colectivo como para el conjunto de la sociedad, puesto que se da aquí el origen del binarismo donde se crean las categorías sexuales, únicas para el patriarcado, de mujeres y hombres. Estas categorías construidas socialmente e impuestas estructuralmente son la base de la exclusión de las sexualidades disidentes.
Sin combatividad no hay orgullo y por ello hay que señalar los intereses tras el WorldPride. Intereses comerciales para varias multinacionales que financian el evento repartiéndose los sectores de consumo y obteniendo ingentes beneficios, e intereses ideológicos que les permiten ser parte de la agenda y suavizar la lucha.

Para avanzar en la superación de toda discriminación, LGBTI, de clase o etnia, es necesaria una teoría y una práctica anticapitalista y feminista, que permitan integrar en nuestro discurso y acciones a todas las orientaciones, identidades y cuerpos.

Publicado en el Nº 308 de la edición impresa de Mundo Obrero julio-agosto 2017

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