a debate XX Congreso

El lugar del PCE en la sociedad española y europea de la fase actual del capitalismo

Jesús Caballero Soler 01/09/2017

De cara a la primera fase del XX Congreso Federal del PCE, escribí unas reflexiones sobre qué características debería, en mi opinión, de tener un partido comunista digno de tal denominación. En esas líneas, que pueden leerse aquí creo que han resistido bastante bien este año y con alguna alegría, como la clarificación de la posición del Partido al respecto de nuestra apuesta por la salida de la UE y del €. En otros casos, el contenido de la Primera Fase no alcanzaba a ocuparse del particular o bien, sencillamente, quedan pendientes.

Ahora, frente a la inminencia de los debates de la segunda fase del XX Congreso quisiera exponer, de un modo quizás más abstracto, cuál es el lugar que en mi opinión, debe ocupar el Partido en la sociedad española y europea de la fase actual del capitalismo.

No se nos debe escapar la relevancia del momento. El momento actual se caracteriza en lo político por varias cosas. Por ejemplo, la composición parlamentaria y los espacios que ocupan:
• La derecha, la organización política que emana de la burguesía y que busca defender los privilegios de esta, la que lleva las riendas del Estado Español desde 1939 hasta hoy, tampoco parece estar sufriendo mucho. El Partido Popular y, a otro nivel, PDeCAT y PNV, aunque lo caricaturicemos constantemente como “vertedero de podredumbre” al referirnos a su inmersión en la corrupción estructural del sistema, o aunque el consenso progresista tienda a ridiculizarlo por “carca” o “anacrónico”, lo cierto es que cumple con creces su papel. Es la organización política encargada de ser la gestora de los intereses de la burguesía no electa del Estado. Y lo hace perfectamente. A nivel económico, pone en práctica los planes de ajuste económico liberal que maximicen los beneficios de la burguesía, garantiza recortes de derechos laborales, liberaliza/privatiza servicios básicos, criminaliza luchas, enfrenta a la Clase Obrera, legisla para mantener el Statu quo y tiene colocadas en todas las estructuras del poder a quienes pueden interpretar tal legislación, ejecutar las políticas económicas y reprimir a quienes siquiera apunten una mínima discrepancia. No son unos “locos sin proyecto de país”. Saben perfectamente cuáles son sus objetivos estratégicos y los llevan a cabo.

• El discurso socialdemócrata lejos de estar agotado, está en recomposición. Puede discutirse mucho si lo que ha dado en llamarse social-liberalismo que representa el PSOE (la apuesta explicita por el modelo de libre mercado pero manteniendo una mínima estructura estatal que pueda proveer de servicios asistenciales a una parte de la población) ha sido desenmascarado como parte del decorado de un sistema que turnaba a dos marcas en el poder formal que, en la práctica, detentaban los poderes oligárquicos no electos de la burguesía. Pero no cabe duda de que la socialdemocracia, (la convivencia de libre mercado y propiedad privada con derechos sociales básicos garantizados para la población con criterios redistributivos) goza de buena salud, siendo esta el consenso actual de “lo que es progresista”. En este campo, se sitúa una parte del PSOE (más idealizada y retórica que realmente existente en términos prácticos), y todo el arco parlamentario a su izquierda, UP, ERC, EH-Bildu o Compromis. Por cierto: esto es así ahora y desde 1978. Puede haber actualmente o haber habido en legislaturas anteriores, marxistas sentados en escaños, algunos de ellos orgullosamente del PCE, pero no ha habido una formación o grupo parlamentario que haga una apuesta diferente a la socialdemocracia.

• Y ¿nosotrxs? Pues la socialdemocracia realmente existente, la representada por IU transita entre la supervivencia, la superación y la incertidumbre. A estas alturas IU no ha sido absorbida por Podemos, pese a lo que mucha gente diga insistentemente. Otra cosa es que la identificación con la parte electoral que Podemos representa sea prácticamente idéntica. Unidos Podemos, representa lo que se ha dado en llamar la “nueva socialdemocracia”. La “SYRIZA española” que antes peleábamos por ser y ahora por rechazar. UP es a nivel institucional la apuesta socialdemócrata de suplantar al PSOE como socialdemocracia hegemónica en el Estado. Lo cual, teniendo en cuenta que el PSOE forma parte del consenso que alumbró la transición como mecanismo de mantenimiento de las estructuras de poder oligárquicas heredadas del franquismo, no es poca cosa. Nada menos, pero nada más. Lo que podríamos llamar “el sueño de Anguita”.

• La diferencia fundamental en lo institucional entre esa IU que pudo ser y el Podemos de hoy, es una mayor comprensión de las reglas de juego electoral para meter cuña, logrando hasta 70 escaños (en coalición entre varias organizaciones socialdemócratas). No expondré aquí otras diferencias sobre el carácter de resistencia en solitario de IU durante décadas, pues ya lo expuse el año pasado en el artículo que reseñaba arriba.

A la izquierda de la socialdemocracia, por supuesto hay mucha gente. Organizaciones comunistas más o menos relevantes cuantitativamente, pero que convendremos en que no suponen una amenaza actualmente para el Estado, al margen de lo acertado o desacertado de sus propuestas, básicamente por no suponer una masa crítica relevante. Por otro lado, grupos libertarios, desde lo anarco-sindicalista a lo autónomo, que proponen una organización interesante, en tanto que optan por prescindir de estructuras institucionales y proponer otras de autoorganizacion y solidaridad mutua, que quizás pecan de exceso de sectorializacion. Y escasa intercomunicación.

En mi opinión, caracterizado así el espectro político (de forma muy simplista, por supuesto), ¿cuál es y cuál debería de ser el papel del PCE?

Para mí, la respuesta es clara. El Partido debe iniciar de inmediato la formación de un espacio anticapitalista de construcción socialista que desarrolle las propuestas que, emanadas del análisis marxista, conduzcan al derrocamiento del Capitalismo y la construcción del Socialismo en el Estado Español. Esto, que no pretende ser un discurso maximalista vacuo, ni una afirmación autorreferencial, es por el contrario la apuesta por la ocupación de un espacio socialista, desde el que analizar la composición de clase actual, estudiar las causas y realidad de la explotación capitalista “aquí-ahora” y de proponer una salida popular y socialista a una Clase Obrera que percibimos de forma inconsciente ser los perdedores del sistema, los despreciados y que no contamos más que en la medida que poseemos la fuerza de trabajo que hace que los poderosos se sigan enriqueciendo. Si el Partido no propone esa salida YA, esa frustración inconsciente volverá a mirar al discurso emocional y seductor que el Capital usa ante las crisis de sistema: el fascismo.

Saber definir el discurso de Clase, identificar las prioridades de construcción obrera contrahegemónica actual, saber caracterizar atinadamente la composición de Clase y su localización, es algo en lo que aunque el PCE ha avanzado mucho, es percibido por la militancia como desconectado de la praxis cotidiana de los comunistas, prácticamente copada por la participación institucional y en la gestión de las confluencias. ¡Ojo! No se entienda que propongo su abandono lineal. Debemos estar en todos los sitios en donde se deciden los destinos de la Clase. También en las instituciones. Y debemos hacerlo desde la perspectiva de la mayor unidad posible. Pero sí digo que precisamos una revisión estratégica de nuestra actitud, en el sentido de asegurar que nuestro papel en estas confluencias no sea otro que el de ser altavoz de la Clase Obrera y sus reivindicaciones, así como la denuncia del carácter burgués de las mismas y del aparato legal-judicial-institucional que representan. Y eventualmente, si desarrollamos tal propuesta y en las confluencias no encontramos un espacio para su desarrollo, explorar la recuperación de todas, absolutamente todas las competencias del PCE.

Así, caracterizada la composición de Clase del Estado y asumida nuestra concurrencia electoral en confluencia hasta desarrollar y poder ofrecer un perfil diferente al que estas (recordemos, socialdemócratas) representan en este momento, deberemos dar pasos adelante en el desarrollo de un programa que conduzca al Socialismo en el Estado Español, esto es, a la propiedad social de los medios de producción, a la planificación económica con el fin de garantizar el bienestar de toda la población y a la superación del parlamentarismo burgués e implementación de una democracia obrera. Es esencial que, siendo este el escenario al que declarara dirigirse el Partido, seamos capaces de dos elementos sin los cuales seríamos poco más que una caricatura izquierdista/vanguardista: La mas profunda pedagogía, y la caracterización de los objetivos intermedios que conduzcan a la existencia de una correlación de fuerzas que permita dar la batalla efectiva para derrocar al capitalismo.

Pero para eso, hay que ponerse. Hay que querer hacerlo. Debemos declarar explícitamente que esos y no otros son nuestros objetivos. Debemos formarnos en lo concreto. Los economistas del entorno del Partido, deben plantear las propuestas económicas precisas para iniciar el camino al socialismo desde el modelo capitalista actual. Los sociólogos deben hacer un finísimo análisis de la sociedad receptora de nuestras propuestas y de las dinámicas sociales en las que se desarrollarían. Los intelectuales deben desarrollar una auténtica batalla comunicativa y propagandista para hacer comprensible y atractiva nuestra propuesta. Cada comunista, implicarse en la tarea de llevar adelante las líneas del Partido y de trasladarlas a nuestros ámbitos de trabajo, estudio, ocio, socialización.

Considero muy importante que como Partido, desarrollemos otro concepto. La “desconexión”. Debemos empezar a saber prescindir del Estado que pretendemos superar. Iniciativas como la excelente y muy poco desarrollada RSP, son esenciales para que generemos dinámicas de autoorganización y solidaridad mutua. Y, efectivamente, hablo de redes de alimentos para personas que pasan hambre, pero también de auténticas escuelas de formación para el empleo, de acceso a la vivienda, de transporte, de soporte legal. Por qué no, incluso de redes de financiación popular. Solo iniciando el camino de la desconexión nos sentiremos legitimados para avanzar hacia la batalla contra un Estado que usará todo tipo de armas, incluidas la represión y la coacción para siquiera poder iniciar el desarrollo de un modelo alternativo.

En fin. Por ir acabando: propongo un gran viraje. Un viraje desde una política que el PCE ha desarrollado en los últimos 40 años con nuestra participación, quizás cómplice, quizás forzada por las circunstancias, en la Transición, auténtico pacto de Estado para el mantenimiento de las estructuras del Franquismo. Esto es relevante en sí mismo. El Partido, ya en 2009 dejó de referenciarse en la Constitución Monárquica. Pero esto, no puede ni debe quedar solo limitado al desarrollo de la propuesta republicana, sino a una autocrítica global, estructural y tan seria como responsable, sin fustigarse pero sin negar la realidad de nuestra colaboración en el retraso de décadas en la construcción de un bloque hacia el Socialismo en el Estado español, o en aspectos como el silencio mantenido durante décadas con la represión ejercida por el Estado Español al soberanismo. Y es importante, porque no habrá tal bloque sin el PCE. Sin la militancia del PCE y el propio PCE como estructura. Sin multitud de otros actores, pero tampoco sin el Partido. Y esa responsabilidad, debe dirigir nuestra determinación a iniciar el gran viraje de construcción socialista ya. El lunes después de finalizar el XX Congreso federal del PCE.

Por supuesto, es iluso no contar con resistencias a tal planteamiento. El primeo, emanado de la propia naturaleza de mi propuesta. Nada más que las ideas de un militante del PCE. Pero no es la única y, aunque sin duda las más potentes serán las que vengan de la derecha, señalaré las primeras que enfrentaremos: el “fuego amigo”. La deriva institucional de IU, la dificultad para jugar un papel diferente a la subalternidad al PSOE, no son una maldición incomprensible. Esa posición es y ha sido defendida por un gran número de camaradas bajo diferentes planteamientos como “la casa común” o las diferentes de “Gobiernos de izquierdas”. En la práctica, asumir el rol de comparsa de un PSOE al que no parecemos haber querido ni siquiera intentar poner en aprietos. “Echar al PP”, no es el objetivo del PCE y nunca debió ser la base de análisis para la toma de decisiones estratégicas. Por otro lado, una perversa espiral en la relación de IU con Podemos. Se da una curiosa confrontación en quienes ven en Podemos la “verdadera oportunidad de cambio desde las instituciones” y quienes ven en el los peores vicios socialdemócratas que, efectivamente existentes, no acertaron a ver en el PCE en su momento. En mi opinión, el rol del PCE no está conformando alianzas estratégicas para la victoria electoral sin que esta traduzca un trabajo de toma de conciencia de la Clase Trabajadora y de construcción de contrahegemonía, por lo cual, más bien parece que aun libramos los restos de la última batalla por un espacio del que debemos huir.

Es este papel del PCE lo que se juega ahora. En mi opinión, el Partido debería liderar, desde la humildad y la coherencia programática, la convocatoria de una especie de “conferencia de unidad de acción anticapitalista” junto a todos los actores que se sientan partícipes del proyecto de derribar al capitalismo. No inicialmente para una unidad orgánica, por supuesto, pero sí para quizás, definir cuáles serían los objetivos que podríamos compartir, el escenario al cual dirigirse y las propuestas para llegar a el. Sin duda, esta sería una buena oportunidad para afrontar una alternativa antifascista y obrera por la construcción socialista. Ofrecerle a nuestra Clase una salida, una explicación, respuestas a su sufrimiento cotidiano que nazca desde el anticapitalismo es fundamental en un momento en el que el fascismo de camisa negra, de bota de hierro, afila las espadas. Para que nuestra clase castigada por el capitalismo no busque las respuestas que el propio capital les da a través del fascismo, esta alternativa antifascista es muy relevante.

En fin. Me obsesiona esta pregunta. Yo, hoy, defendiendo esta propuesta, si no militara en ningún sitio: ¿Me afiliaría al PCE? ¿Sería nuestro Partido el espacio en el que yo me referenciaría para tales objetivos? Quiero poder decir al terminar el XX Congreso, decírmelo a mí mismo y poder decirle a las muchas personas que deberán sumarse al Partido para que tal propuesta sea viable, que sí, que el PCE es el Partido de la Clase Obrera hacia el Socialismo.

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