República Federal y SolidariaLa izquierda tiene la obligación de mirar más allá del día 1 de octubre Aunque no considere la Consulta como un Referéndum con todas sus consecuencias, nos debemos oponer a cualquier intento de intervención de las instituciones catalanas.

José Luis Centella Gómez. Secretario General del PCE 20/09/2017

Este artículo fue redactado el 14 de septiembre de 2017, destinado a la edición impresa del mensual de Mundo Obrero
Es cada vez más evidente que el desarrollo del proceso de Cataluña va a condicionar cada vez más la coyuntura política de todo el Estado, de manera que el régimen va a intentar aprovechar al máximo la tensión provocada por la presión independentista para generar una crisis institucional que le permita aplicar cambios institucionales y políticos que en condiciones normales no se atrevería ni a plantear.

El PCE ha planteado en determinadas ocasiones su posición en defensa de la Republica Federal como nuestro Modelo de Estado. También ha manifestando su posición en relación con la convocatoria de una consulta por la Generalitat, que entendemos no tiene la legitimidad para ser considerado un Referéndum del que se deriven consecuencias político/jurídicas, además de que no ha sido acordado por las dos partes.

Cuando se acerca el momento de máxima tensión, que parece situarse en torno a la celebración o no de la propia consulta, hay que dejar claro, en primer lugar que, aunque no considere la Consulta como un Referéndum con todas sus consecuencias, debemos tener claro que nos debemos oponer a cualquier intento de intervención de las instituciones catalanas por parte del Gobierno de Rajoy, haciendo máximo responsable al gobierno del PP de la escalada de confrontación que se está dando en Cataluña por no haber abierto ninguna vía de diálogo y negociación.

En segundo lugar, y de forma especial, debemos plantear que tanto la izquierda catalana, como la del resto del Estado, tiene la obligación de mirar mas allá del día 1 de octubre, porque la cuestión de fondo es cómo se va a gestionar lo que ya es evidente que será una confrontación, tanto institucional, como sobre todo social, confrontación de la que también hacemos responsable al Gobierno de la Generalitat por no haber gestionado de una forma democrática la respuesta a la cerrazón autoritaria del PP y haber llevado a cabo un proceso unilateral.

Pasado el 1 de octubre, tenemos el reto de dirigirnos, tanto a quienes han podido pensar que es más fácil conseguir una hipotética República catalana que conseguir un cambio del marco institucional del Estado Español que permita el reconocimiento del Derecho de Autodeterminación, como a quienes entienden, por el contrario, que es más fácil la consecución de cambios a nivel de Estado.

Ambos sectores de la sociedad catalana deben encontrar una referencia que se sitúe en una perspectiva de generar esperanza frente a la frustración que puede generar el callejón sin salida al que se puede llegar, tanto por la reacción autoritaria del Gobierno del PP como por la incapacidad del Gobierno de la Generalitat de gestionar una imposible declaración unilateral de independencia, o por lo que es más que probable, por la mezcla de las dos cuestiones.

Esta referencia debe partir de una iniciativa que plantee la necesidad de un entendimiento entre el mayor número de fuerzas sociales, sindicales y políticas que asuman la necesidad de un nuevo marco institucional, de manera, que por una parte se garanticen los derechos sociales, laborales y democráticos, a la vez que plantee una propuesta de articulación de un Estado Plurinacional, Multilingüístico, y Multicultural, tal y como ocurrió con el Denominado Pacto por el Referéndum.

Este entendimiento debe tener el objetivo de conseguir en el menor tiempo posible que sendos gobiernos, el catalán y el central, tuvieran la voluntad de hacer posible tanto la celebración de una consulta al pueblo de Cataluña como la recuperación de los derechos sociales, ciudadanos y laborales que con la excusa de la crisis le han robado a la clase trabajadora y capas populares el gobierno estatal y de la Generalitat, porque no hay que olvidar que la mayor parte de las reformas y recortes que hemos sufrido desde 2010 han tenido el apoyo activo de CiU, antecedente del actual PdCat.

Teniendo en cuenta que estamos planteando una cuestión de hondo calado y gran trascendencia, es necesario trabajar ese acuerdo con rigor, discreción y capacidad de gestionar alianzas, buscando un mínimo común que pueda permitir reconvertir la actual dinámica de continuo retroceso de los derechos y de la calidad de vida de la clase obrera y capas populares, que se vienen sufriendo desde 2010.

Este acuerdo debería tener el objetivo de implicar tanto a fuerzas independentistas como a fuerzas que no siendo rupturistas estén por no consolidar una salida autoritaria, antisocial y centralista a la crisis del régimen del 78, de esta manera el PCE debe trasladar esta propuesta al seno de IU y en cuantos espacios tengamos representación, para que pueda ser una realidad lo antes posible.

Publicado en el Nº 309 de la edición impresa de Mundo Obrero septiembre 2017

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