La Retranca

Las monarquías del golfo, el terrorismo y el fútbol

Dolores de Redondo 27/09/2017

Las monarquías del golfo tienen dos grandes aficiones: el terrorismo y el fútbol. A los hechos me remito. En cuanto al terrorismo, es de sobra conocida la financiación directa del nombrado indistintamente como Estado Islámico de Iraq y el Levante, Estado Islámico, ISIS o Dáesh. De ello se ha hablado largo y tendido en algunos ámbitos a raíz del atentado de Barcelona. Macron, por ejemplo, afirmó recientemente que ha abordado con las potencias del Golfo "la cuestión de la financiación del terrorismo" ya que "Catar y Arabia Saudí han financiado grupos que no eran los mismos pero que de hecho han contribuido al terrorismo". Sin embargo, desde hace varios meses el terrorismo está siendo utilizando como arma arrojadiza contra Catar por el resto de países satélites de Arabia Saudí.

En junio de 2017, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Egipto, Yemen y el gobierno libio del general Hafter rompieron sus relaciones diplomáticas con Catar, al que acusaron de "apoyo a varios grupos terroristas y sectarios que tienen como objetivo desestabilizar la región". Lo hicieron dos semanas después de que Donald Trump visitara Riad y les instase a unirse contra el extremismo. Arabia Saudí cerró todos sus puertos, aeropuertos y puestos fronterizos para evitar la entrada de cataríes al país, incluyendo las compañías aréreas y de navegación. También cerró la emisora catarí Al Jazeera en su territorio.

Emiratos Árabes fue más allá y expulsó de su territorio a todos los ciudadanos cataríes, y sus aerolíneas Etihad Airways, Fly Emirates y Flydubai suspendieron todos sus vuelos a Doha. Pero no terminó ahí el asunto, porque en su frenesí anticatarí prohibieron lucir la camiseta del FC Barcelona bajo la amenaza de condenas que van desde los 123.000 euros hasta los 15 años de prisión. El motivo es que el equipo culé lució la propaganda de Qatar Airlines en su camiseta desde el año 2013 como principal patrocinador del club hasta el pasado mes de julio. De hecho, la compañía ha firmado con la corrupta Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) uno de los mayores contratos de patrocinio de la historia del deporte. Y Catar acogerá el campeonato mundial de fútbol en 2022 tras una controvertida y polémica decisión del máximo organismo internacional del balompié.

La guerra se ha desatado en el golfo. Y el fútbol se ha convertido en arma de estado para Emiratos Árabes y Catar. El City Football Group acaba de comprar el Girona Futbol Club a medias con la empresa del hermano de Josep Guardiola. El City Football Group es propiedad del Abu Dhabi United Group (ADUG), empresa del jeque de la familia real de Emiratos Árabes Sheikh Mansour bin Zayed Al Nahyan. Este grupo ya es propietario del Manchester City, del Melbourne City australiano, del New York City Football Club (el equipo de David Villa), del CA Torque de la Segunda División uruguaya y accionista minoritario del Yokohama F. Marinos de Japón.

El dueño y presidente del Málaga Club de Fútbol es el miembro de la familia real catarí Abdullah Bin Nasser Al-Thani. El Paris Saint-Germain pertenece al Fondo Soberano de Inversión de Catar que se encarga de gestionar los superávits generados por la industria del petróleo y el gas natural, y ha dinamitado las cifras del fútbol al gastar este verano 402 millones de euros en dos únicos jugadores, entre ellos Neymar del FC Barcelona. Emiratos Árabes patrocina a través de su compañía aérea al Real Madrid y al París Saint Germain, actualmente los dos grandes rivales del equipo catalán por diferentes motivos.

Los terroristas de Barcelona han roto el esquema mental basado en estereotipos y tópicos que el españolito medio había construído sobre los “radicales islámicos”. El día de los sucesos de Barcelona y Cambrils, dos de los jóvenes terroristas lucían las camisetas de Real Madrid y el PSG. Toda una declaración de principios para jóvenes radicados en Cataluña, máxime cuando ambas elásticas lucen el letrero de Fly Emirates, y siendo tan importante el aspecto simbólico cuando se trata de fanatismo, sea político, religioso o deportivo. Sin ir más lejos, el partido de fútbol Australia-Arabia Saudí celebrado el pasado 8 de junio suscitó una gran polémica porque los jugadores árabes no respetaron el minuto de silencio por las víctimas del atentado de Londres, donde se empleó la metodología del perpetrado en Barcelona dos meses después. En esos días Arabia Saudí anunció las sanciones a Catar por financiar el terrorismo.

En julio, sería Donald Trump quien instó a Catar a "detener su financiación del terrorismo" y "volver a la comunidad de naciones responsables". Es fácil imaginar qué entiende Trump por “terrorismo” y “naciones responsables”, y cuáles serán las consecuencias de no cumplir sus órdenes, teniendo en cuenta que Catar alberga la mayor base aérea de EE.UU. en Oriente Próximo. El 17 de agosto Daesh reivindicó la autoría del atentado de Barcelona. Independientemente de si el supuesto aviso de la CIA en abril existió o no, más que una alerta sería una advertencia de quien lleva décadas diciendo perseguir el terrorismo mientras lo financia y organiza por todo el mundo. Esto no ha hecho más que empezar.

— Y digo yo... ¿aquí no haría falta una Revolución?

— Y luego, ¿por qué me lo preguntas?

Publicado en el Nº 309 de la edición impresa de Mundo Obrero septiembre 2017

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