Unleashed. El Che desencadenado

Eddy Sánchez Iglesias. Profesor de Ciencias Políticas de la UCM y Director de la FIM 09/10/2017

Hace cincuenta años el imperialismo norteamericano junto a la oligarquía boliviana asesinaron al Che. Hoy ese país le rinde homenaje bajo un Gobierno y un proceso de cambio que se reclama del socialismo.

Los actos en los países de la periferia serán numerosos, sin embargo sorprenden la escasez de los mismos en nuestro país. Consumida por los problemas internos y la coyuntura política, la izquierda en España, al contrario de otros muchos países, no está atendiendo a la importancia de los aniversarios redondos que se producen a lo largo de 2017: primera edición del Capital, Centenario de la Revolución de Octubre y los aniversarios de las muertes de Gramsci y el Che. El trabajo de la FIM se ha consagrado a intentar corregir tales ausencias.

Tomando como referencia el trabajo del profesor de Filosofía de la UBA Néstor Kohan, y el también argentino, el profesor de Economía de la UBA Claudio Katz, el presente artículo pretende hacer una repaso de los aspectos fundamentales de la relación del Che con el marxismo.

¿Por qué recordar la obra teórica del Che?

En primer lugar, al Che se lo intenta desvincular de la revolución cubana, de su dirección revolucionaria -que él contribuyó a crear- y del impulso que aquella dio a la revolución continental. En segundo lugar, se pretende presentarlo como un pragmático, absolutamente desprovisto de cualquier nexo con la teoría social y filosófica marxista. Y en tercer lugar, se lo convierte en un mito y una imagen desligado de su proyecto y al cual se reverencia independientemente de sus ideas o a pesar de ellas.

Recuperar al Che para el campo revolucionario desmontar esa sistemática deformación de su pensamiento teórico. En la obra teórica del Che podemos destacar los siguientes aspectos:

La formación filosófica del Che

El Che muere asesinado en un momento de renacimiento del pensamiento marxista latinoamericano, algo que sin duda él contribuyó a impulsar años atrás. El Che muere en 1967, en un momento de impulso político cultural de la Escuela de Filosofía de La Habana, sobre todo a través de la revista Pensamiento Crítico, la cual publicaba a Lukacs y Korsch en castellano. Mientras, ese año, Adolfo Sánchez Vázquez publicaba en México su célebre Filosofía de la praxis.

Guevara toma contacto con los textos clásicos de Marx, Engels y Lenin varios años antes de la proclamación socialista de la Revolución en 1961. Su formación filosófica, política y económica anterior a la Revolución Cubana incluye por lo menos la lectura de El Manifiesto y El Capital de Marx; el Anti-Dühring de Engels; El Estado y la revolución y El imperialismo, fase superior del capitalismo de Lenin. Después del golpe de estado de EEUU a Jacobo Árbenz en Guatemala en 1954, Guevara profundiza en su ideología comunista y pasa a adquirir y leer los tres tomos de El Capital, en la traducción de Wenceslao Roces. En este proceso de formación adquiere especial relevancia el médico peruano, Hugo Pesce, quien conoció a Mariátegui y quién introdujo al Che en la obra del gran marxista peruano.

De manera que cuando la Revolución Cubana emprende declara el socialismo en la isla, ya Guevara contaba con todo un capital de lecturas de algunas de las principales obras marxianas y también de Engels y de Lenin.

El Che y la crítica al determinismo

Gramsci había caracterizado en Italia la revolución bolchevique de Lenin en 1917 como una «revolución contra El Capital», es decir, contra El Capital tal como lo entendían a través del tamiz determinista los dirigentes de la II Internacional.

Desde el materialismo determinista, asociado a una filosofía de la historia universal que prescribía el paso necesario e ineluctable de todos los países del mundo por las mismas etapas, una especie de modelo extraído de la formación social inglesa entendido como un “canon universal”, la Revolución Cubana resultaba una herejía total.

Pero hay más. La revolución cubana, constituyó una rebelión contra otros dogmas, poniendo en duda, en el contexto latinoamericano, la concepción etapista que separa en dos las tareas de liberación nacional y las socialistas; es decir, el Che con su obra, polemiza frontalmente con una postura política que no es otra que el populismo.

Un socialismo desde la periferia

El socialismo marxista no es sólo teoría universal sino también asunción específica de la problemática mundial desde una perspectiva no colonizada: la de una revolución anticapitalista construida desde la periferia del sistema mundo. Es una obra consecuentemente internacionalista con la revolución mundial.

Son muchas las muestras de esta concepción del socialismo, pero cabría destacar por su importancia en la acción revolucionaria continental, el Mensaje a la Tricontinental, donde el Che expresa claramente su estrategia mundial centrada en los pueblos de América, África y Asia entendidos ahora como el nuevo centro de acción política, visión que confrontaba con la política de distensión propuesta por Jrushchov.

La concepción del hombre nuevo

Para Guevara, los problemas de la cultura, están estrechamente ligados con los de la conciencia. Los problemas de la nueva cultura, de los nuevos valores, de una nueva hegemonía y en definitiva, de una nueva subjetividad histórica –el hombre nuevo- son esenciales para la construcción de una sociedad cualitativamente distinta a la capitalista.

Guevara inferirá entonces que «el hombre es el actor consiente de la historia. Sin esta conciencia, que engloba la de su ser social, no puede haber comunismo». Y aquí Nestor Kohan recalca con acierto dos núcleos conceptuales regularmente presentes en los escritos guevaristas: El énfasis depositado en la conciencia y la postulación de que son los hombres quienes hacen la historia.

Con respecto a la conciencia, Guevara insistirá permanentemente en su importancia estratégica. De ahí su preocupación central por los incentivos morales y por el trabajo voluntario, que son los que apuntan a su desarrollo, y su rechazo a utilizar «las armas melladas del capitalismo» como las palancas del interés material -sobre todo individual- el consumismo y la competencia, en el período específicamente histórico del tránsito del capitalismo al socialismo; pues a la larga terminarán por corroer desde dentro el sistema socialista.

En segundo lugar, el hombre y la mujer como protagonistas de la historia. El capitalismo nunca se derrumbará, hay que derrocarlo. Una vez derrocado, hay que seguir ininterrumpidamente luchando contra su herencia. Herencia que no está afuera sino dentro de todos nosotros.

El Che y “El gran debate” sobre la economía cubana

Guevara nunca escindió la filosofía y la economía de la política. Entre 1963 y 1964, tuvo lugar en Cuba un profundo debate impulsado por el Che en el contexto de los debates acerca del modelo económico cubano, coyuntura en la que Guevara desempeñó importantes responsabilidades de gobierno. Las repercusiones a nivel internacional no se hicieron esperar, y junto a políticos y académicos cubanos, tomaron parte de los debates dos de los grandes economistas marxistas europeos como Ernest Mandel y Charles Battelheim.

El Che expuso su propia concepción acerca del mejor sistema de dirección económica en la transición socialista en forma polémica. Reconociendo que Marx no había previsto un período de transición en un país subdesarrollado, Guevara propuso el Sistema Presupuestario de Financiamiento (SPF) centrado en la planificación racional y regulación a priori de la producción y distribución social, el antiburocratismo, la separación entre el partido y la administración económica y la negación de la autonomía financiera de las empresas y del predominio del estímulo mercantil material.

El plan es concebido por él como la acción de la voluntad del hombre que conscientemente elabora, realiza y controla la producción, la distribución del trabajo en las distintas ramas y la relación entre acumulación y consumo con vistas al más eficaz resultado de reproducción social de las relaciones socialistas. Toda su artillería teórica la enfoca contra el llamado socialismo de mercado basado en la autogestión financiera y el estímulo material individual con las consecuentes pérdidas de conciencia social, tal y como se demostró en las experiencias polacas y yugoslava, así como en la URSS.

Quisiera terminar con la parte final de un artículo que escribí para Mundo Obrero hace dos años Más Che y menos Laclau. En él advertía sobre el equívoco que se tiene sobre el Che, en el sentido de considerarle un gran revolucionario pero que en lo teórico era mediocre. Nada más lejos de la realidad.

En dicho artículo terminaba con la siguiente reflexión: “La izquierda en España se encuentra ante un dilema: continuar con su proyecto transformador frente a la recomposición del régimen o buscar su inserción en él”.

Recuperar al Che y desencadenar el potencial de su pensamiento, es un formidable antídoto frente a cualquier tentación de asumir la derrota.

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