Elecciones en Alemania Una extrema-derecha de tercera generación para Alemania Die Linke, con su segundo mejor resultado en la historia, sube en el Oeste y baja en el Este.

Jaime Aja Valle 11/10/2017

La CDU-CSU obtiene su peor resultado desde 1949 y el SPD el peor desde la segunda guerra mundial.

Los resultados (peores que los del 2009), junto a la grave crisis de los partidos tradicionales en Francia, quizás puedan iniciar un nuevo periodo de transformaciones del sistema de partidos en Europa.
Tras las elecciones alemanas del 24 de septiembre, toda la prensa del mundo destacaba la notica de la entrada de la extrema-derecha en el Bundestag (el parlamento alemán). AfD (las siglas en alemán de Alternativa para Alemania) había obtenido el 12,6% de los votos y se había colocado como tercera fuerza, tras la derecha (CDU-CSU) y la socialdemocracia (SPD). Suponía un hito histórico que no se producía desde la Guerra Mundial. Sólo dos días después, Frauke Petry, la líder del AfD y representante del ala más derechista, anunciaba que dejaba el partido. Petry había obtenido el mayor logró del partido al vencer en el lander de Sajonia, siendo ella la cabeza de lista. No es la primera crisis fuerte que sufre esta formación. En 2015, Petry se había impuesto al ala más centrista, formada por la mayoría de los cargos públicos, que abandonaron el partido. Las vicisitudes, debates y apoyos, de la AfD y de su ex líder nos ofrecen algunas enseñanzas sobre esta nueva extrema-derecha que se extiende por Europa.

La AfD es una formación relativamente nueva, se fundó en abril de 2013 y ya en las anteriores elecciones generales de septiembre de 2013 estuvo a punto de dar la sorpresa de entrar en parlamento, al obtener el 4,7% de los votos, cerca del límite del 5%. La AfD se definía como una formación liberal y euro-escéptica, crítica con el euro y la UE. Sin embargo, en el partido fueron ganando los discursos racistas e islamófobos, lo que se concretó en la victoria de Petry en el Congreso de 2015. Su apariencia y su discurso huyen de la imagen clásica de la extrema-derecha. Tampoco se pueden asimilar al Frente Nacional francés de Le Pen padre, con su discurso racista y conservador. Jean-Marie Le Pen consiguió romper con la imagen neofascista, llegó a nuevos sectores, especialmente de las clases trabajadoras desencantadas con la izquierda; pero su racismo, conservadurismo y violencia no le permitieron romper su techo. Esta primera generación de la nueva extrema-derecha estaría representada en Alemania por el NPD, que nunca ha conseguido entrar en el parlamento, aunque sí en parlamentos regionales.

La AfD encarnan la nueva extrema-derecha que triunfa en Europa. Su tema estrella es la islamofobia y la seguridad: está es lo que en comunicación política se conoce como su única proposición de venta. Es euroescéptica pero neoliberal, y su estética y discurso es moderno e incluso con elementos alternativos incluyendo temas sobre libertades civiles propios de la izquierda. Esta segunda generación de la nueva extrema-derecha está encarnada por Petry, una química de 42 años, que formó una empresa especializada en productos de construcción ecológicos.

Pero a Petry el éxito de la AfD se le ha quedado pequeño. Las formaciones centradas en un único tema pueden obtener éxitos electorales, pero gestionar este éxito es difícil. En la vida política y en el trabajo parlamentario las contradicciones surgen cuando hay que tomar posición sobre temas variados. Petry se ha adelantado a este problema, diciendo que el grupo de AfP es demasiado heterogéneo y “anárquico”. Su objetivo, y el de sus seguidores, es formar un partido-movimiento, siguiendo el modelo de En Marche! del presidente francés Emmanuel Macron. El tema estrella continuará siendo la seguridad, la identidad se podrá seguir basando el racismo y la islamofobia, pero se incluirá un programa de reformas fiscales y laborales neoliberales. Es el cambio que quiso dar Marian Le Pen para alcanzar el poder, pero sin éxito. Seguridad interna, “reformismo” económico y organización basada en la “nueva política”, parecen ser los tres pilares de la tercera generación de la nueva extrema-derecha que aspira a llegar al poder.

El triunfo de la AfD y su crisis posterior han empequeñecido otros importantes hechos que podemos destacar de las elecciones en Alemania. La CDU-CSU obtiene su peor resultado desde 1949 y el SPD el peor desde la segunda guerra mundial. Esto puede suponer quizás el inicio de un nuevo ciclo de crisis del sistema de partidos europeo. Recordemos que la crisis del modelo bipartidista europeo tuvo su primera plasmación en las elecciones alemanas de 2009, y que la recuperación del bipartidismo también tuvo su primera expresión en las elecciones de 2013. Los resultados de 2013 parecían el espaldarazo al modelo alemán de salida de la crisis económica y política. Los resultados de este año (peores que los del 2009), junto a la grave crisis de los partidos tradicionales en Francia, quizás puedan iniciar un nuevo periodo de transformaciones del sistema de partidos en Europa.

La izquierda, Die Linke, ha obtenido su segundo mejor resultado en la historia (tras el de 2009), pero las lecturas y sensaciones no son muy positivas. Parece haber cerrado un periodo de crisis, pero se ha quedado por debajo de las expectativas, que le ubicaban luchando por el tercer puesto. Finalmente ha terminado el quinto, tras la CDU-CSU, SPD, AfD y los liberales de la FDP. La izquierda ha obtenido unos resultados históricos en el Oeste: ha superado por primera vez el 5% en todos los estados occidentales. Ha alcanzado el segundo puesto en Berlín, siendo de nuevo el partido más votado en Berlín Este. Pero en el resto de la antigua RDA los resultados han sido muy preocupantes, al perder entre el 3,9% y 6,6% de los votos en los diferentes Lander del Este, y ser superado por la extrema-derecha, que se ha situado como segunda fuerza en la antigua RDA. La crisis del SPD le ha colocado como segunda fuerza en Berlín, y ha mantenido esta posición en Rostock, Leipzig y Erfurt; en todas tras la CDU. Die Linke ya no es el partido regional del Este que era en los años noventa: “sólo” uno de cada tres votos proceden de la antigua RDA (que representa el 20% de la población de Alemania), por cierto una proporción similar a la de la AfD. Die Linke ha conseguido establecerse en el Oeste y en Berlín, pero no parece poder mantener el apoyo en la antigua RDA. Después de 28 años de la caída del muro de Berlín, las fronteras se mantienen, pero Die Linke parece que va perdiendo su sitio. Necesita encontrarlo porque sólo esta formación puede enfrentar, con la decisión necesaria, a los nuevos movimientos de extrema-derecha.


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