Carta abierta a la ciudadaníaJuan Alarcón “Juanillo Bonanza” ha sido un luchador, un hombre de su tiempo

Antonio Romero Ruíz. Presidente de Honor del PCA; Ex parlamentario de IULVCA; Coordinador de la Red de municipios y cargos públicos por la Tercera Republica 16/10/2017

Estimados ciudadanos, estimadas ciudadanas:

Juan Alarcón, murió de repente prácticamente sobrevivió a un infarto solo unas horas, contaba con 74 años de edad. Juan dejaba los deberes hechos y su ejemplo de militancia política en tiempos de dictadura y en tiempos de democracia, la coherencia en sus ideas y en sus principios fue siempre la columna vertebral de su personalidad.

Tenía un apodo, que le venía directo de la serie Bonanza, con el rancho de la Ponderosa, y la música de la serie americana donde el fuego quemaba un mapa y aparecían el padre con los tres hijos, la familia de Juan, eran el padre y los tres hijos. Casi todas las series han dejado en los pueblos y ciudades el nombre de sus personajes como apodos, apodos que una vez incorporados se heredan de padres a hijos.

Juan tenía un bar en los “cuatro cantillos” donde en un tiempo cada esquina tenía un bar. Había un bar que ya no existe, de la derecha, de los agricultores, de los hermanos de la virgen, patrona local.

En el bar de Juan se agrupaban los trabajadores, los derrotados de la segunda república, los que hacían plaza ofreciéndose como mano de obra a los manijeros que iban a esa lonja de hombres disponibles para el trabajo en el campo o para cualquier otra actividad de pernaje, y ya los manijeros en complicidad con los caciques tenían sus listas negras, de los trabajadores con más conciencia de clase, en muchas ocasiones no los contrataban.

El bar Bonanza se constituyó en un foco, en un faro, en una época de tinieblas y oscuridad, allí se articulaba la solidaridad económica, con los presos políticos, allí se escuchaba la pirenaica, allí se distribuía el Mundo Obrero, asi Juan arriesgaba su trabajo, su sustento y la vida de su familia, que la constituían Loli y sus cinco hijos.

La policía secreta descubrió cuando llegamos a la legalidad, dónde estaba el centro de operaciones y los dirigentes del partido comunista de Andalucía, del Partido Comunista de España y del Partido Comunista de Málaga. No imaginaban los servicios secretos que en un pueblo tan pequeño estuviera la sede y la dirección política de gran parte de Andalucía.

El paro y la emigración la sufrió Juan en sus carnes, en la de sus hermanos y en la de los demás compañeros. La militancia la vivió Juan con pasión como vivía todas las cosas de la vida, se pasaba a la acción con muchos riesgos, con peligros para nuestras vidas y para su patrimonio. Tuvimos reunión en el bar en la primera huelga de aceituneros, después de la república, en los años 73, 74. Vinieron al sitio de la cita y del encuentro del Bar Bonanza, compañeros de los pueblos de Los Corrales y Martin de la Jara con Diamantino García al frente para traernos su solidaridad.

Carmen, mi compañera, que venía con ellos le preguntó a Juan, ¿Hay muchos comunistas aquí en este pueblo? Entonces Juan se cogió las manos atrás en la espalda, y contesto, no sé pregúntale a este, señalando hacia mí. Yo le expliqué ese dato y otros, que nos convertirían en compañeros de vida.

También tuvo un gesto de valor, cuando vino a actuar el teatro Lebrijano y lo prohibió el gobernador civil, en aquella época, los últimos años de la dictadura la hacían peligrosa e imprevisible, como lo había sido desde la segunda república, puso las mesas del bar en la calle, era verano y las familias del pueblo traían platos de comida para los actores, la repercusión fue tremenda, todo el pueblo estaba en la plaza.

Había en los pueblos andaluces centros antifascistas de debate, donde los sindicatos y los partidos establecían polémicas sobre las huelgas, sobre la mecanización del campo que sustituye a los animales, sobre las ideas de la izquierda, sobre la causa del socialismo, sobre la reforma agraria que estaría siempre muy presente en esos encuentros, era la barbería en muchos lugares el centro antifascista y en otros como en nuestro caso, un bar.

A Juan, dichosa la rama que al tronco sale, su hijo Epi, ha sido teniente de Alcalde y concejal de IULVCA muchos años en Humilladero, de no haber sido por hombres como Juanillo Bonanza, no se podría haber articulado los centros de coordinación y dirección de lucha antifranquista y clandestina de comisiones obreras y el partido comunista.

Con la gracia que caracteriza a Andalucía, un modesto cabrero iba al bar de los agricultores y de los caciques a jugar al dominó con ellos y a reírle sus gracias con el objetivo de que lo dejaran pastar en sus rastrojos, y hacía ya algunos días que no iba al bar, y le pregunto un pelendrin ¿no vienes ahora por el casino para tomar el café con nosotros?, a lo que el otro le contesto, ya he vendido las cabras.

Juan metafóricamente había vendido las cabras desde muy joven, no tenía ninguna servidumbre, y no quería ser siervo de aquella reacción, de aquel caciquismo agrario que apoyó el golpe fascista de Franco desde el primer día hasta el último.

Juan, querido camarada, te has ido pero allí estaba, tu familia, tu partido, tu gente, y muchas personas que sin tener afinidades políticas venían en ti a un hombre bueno, las mujeres de tu familia, Loli tu compañera inseparable, Guadalupe, Maria y Desire, que han luchado y luchan junto a los hombres por una sociedad de iguales.

Hiciste el viaje del tanatorio al cementerio sin estación intermedia en la iglesia, nosotros no somos gente de iglesia, somos gente de paz, aunque eso no impidió colaborar con organizaciones que se desgajaban de la iglesia cuyo jerarquía había apoyado sin fisuras el golpe fascista contra la mayoría republicana.

Tus compañeros y tus hijos te llevaron a hombros como un homenaje desde la puerta de tu bar hasta el cementerio municipal, querido camarada, Juan el reconocimiento a los que luchan a los que el dolor ajeno no le es indiferente, a los que quieren libertad para su pueblo y su gente, a los que quieren justicia social, a los que quieren reparto de la riqueza, a los que cuando esos derechos se cercenan conspiran para recuperar los derechos del pueblo, y ahí se escribirán con letras de oro tu nombre y el de tu bar, que tenían despistados a la guardia civil y la policía porque no nos creerían capaces. Por el tamaño de nuestro pueblo que estuviera la dirección y la sede de una gran parte de Andalucía de los comunistas, entonces cuando se corren riesgos hay más años de cárcel, mayor castigo a los que ofrecen sus establecimientos, su patrimonio para la conspiración y la lucha clandestina.

Ha sido un orgullo ser tu camarada y tu amigo, como es un orgullo tu familia y el futuro que tus nietos tienen que tejer a los que siempre les quedara tu testimonio y tu ejemplo.

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