Aquí lo que se hace es querer derrotar al adversario político, derrotarlo y recordarle la derrotaAlternativa al inmovilismo Si hay algo muy español, y esto va tanto para el Gobierno como para el Govern, es que aquí la política se entiende en la lógica de no llegar a acuerdos y consensos.

Jorge Torres Hernández 27/10/2017

Los momentos que vivimos en Cataluña son convulsos, difíciles y hasta cierto punto impredecibles. Impredecibles porque la razón nos dicta una serie de causas-efectos que efectivamente se dan, pero como todo movimiento nacionalista incluye una alta dosis pasional, que poco entiende de eso.

Era previsible saber qué iba a ocurrir con una actuación policial dura el 1-O, así como era muy previsible qué es lo que hubiera ocurrido si Puigdemont hubiese declarado la independencia en lo que ha sido una de las jornadas más importantes de la historia reciente del Parlament de Catalunya. Vamos a ser claros... si Puigdemont hubiese declarado la independencia, a parte de la consabida actuación policial lógica en la lógica del funcionamiento de cualquier Estado, hubiéramos visto un enfrentamiento civil en toda regla en las calles de Catalunya ¿y por qué este enfrentamiento? Simple, hasta hace poco sólo había un movimiento de masas nacionalista activo en Catalunya, en cambio la masiva manifestación abanderada por el españolismo del pasado domingo 8 de Octubre en Barcelona ha puesto en pie de guerra a un nacionalismo de masas españolista que hasta ahora estaba dormitado y no acababa de salir. Al final, como con Pedro y el Lobo, de tanto decir que viene el lobo... ha acabado por aparecer y no nos lo acabamos de creer.

Ahora asistimos a un juego de la pelota, donde se juega hasta el último momento y con todas las palabras para decir y no decir las cosas y la población asistimos a una partida de ping-pong entre el gobierno de Rajoy y el govern de Puigdemont mientras aguantamos la respiración. La actuación de la fiscalía con la detención sin fianza de los dirigentes de la ANC y Omnium en estos momentos sólo hace que añadir más leña al fuego.

Hay un conflicto político bárbaro y dos agentes que dicen querer negociar pero en el fondo no lo quieren porque si hay algo muy español, y esto va tanto para el Gobierno como para el Govern, es que aquí la política se entiende en la lógica de no llegar a acuerdos y consensos y que todas las partes saquen algo en positivo e intentar desarrollar un proyecto conjunto. Aquí lo que se hace es querer derrotar al adversario político, derrotarlo y recordarle la derrota y así no se puede salir de esta situación sin que acabe en un auténtico desastre no sólo para los y las catalanas sino para el conjunto de españoles y españolas.

La alternativa al inmovilismo de Rajoy y al inmovilismo de Puigdemont, al 155 y a la DUI, es simple. La convocatoria de elecciones para toda España y también para la Generalitat de Catalunya, que la soberanía vuelva realmente unas horas a manos del pueblo y este tenga la opción de escoger a nuevos interlocutores para esta locura. Obviamente la negociación va a tener que ir acompañada de una apuesta de reforma constitucional y ahí se puede abrir el melón. Pero tenemos un problema, un problema que se puede resumir en la defensa ciega de una Constitución que debe poder desarrollarse para el beneficio de todos y todas, y la misma ceguera por quienes han engañado sobre el proceso y lanzado a una parte significativa de la población a la calle para en el fondo defender los derechos y privilegios de unos pocos.

Publicado en el Nº 310 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2017

En esta sección

Sáhara libre: "cuestión de tiempo"Militancia y salto cuantitativoTraposCeniciento otoñoLa enfermedad (crónica) de España

Del autor/a

Un paso más hacia el abismoAlternativa al inmovilismoLas Brigadas Internacionales en la Batalla del JaramaLa izquierda catalana en la encrucijada del 20-DLas elecciones del 27 de septiembre en Catalunya