El secreto de la recuperación de Rajoy, un aumento de la explotación del trabajo asalariadoEconomía marxista de andar por casa: recuperación económica y explotación capitalista Por cada hora trabajada en 2008, 31 minutos eran para producir plusvalía. En 2016 son 34 minutos.

Javier Navascués 31/10/2017

El 28 de julio Rajoy afirmó ante los medios que España "ha recuperado ya el nivel de riqueza que tenía antes de la crisis" y que el PIB se sitúa también en niveles de 2008. Si miramos los datos de AMECO (Base de Datos de la Comisión Europea) efectivamente encontramos que el PIB en 2008 fue de 1.116,3 mil millones de euros mientras que en 2016 se alcanzaron los 1.113,9 mil millones.

El PIB es la forma convencional de medir el valor de la producción de un país, no su riqueza, puesto que esta es una magnitud acumulada. La riqueza de una persona es la suma de todas sus propiedades menos lo que esa persona debe; la de un país sería la suma de la de toda su población. El PIB es más bien la renta, lo que las personas ingresan en un año. Es decir, Rajoy debería haber dicho, si hablara con propiedad, que la renta ha recuperado el nivel anterior a la crisis. Pero no perdamos el tiempo con esto.

Hay tres maneras de calcular el PIB: por el lado de la demanda, por el lado de la oferta y por el lado de la renta. En el primer caso, tenemos la suma de todo lo que se consume e invierte en el país más lo que se exporta menos lo que se importa. En el segundo, lo que se suma es el valor añadido de cada una de las ramas de la producción (agricultura y pesca, minería, industria, construcción y servicios). En el tercer caso, se suman los salarios, los beneficios y los impuestos directos. Por lógica las tres sumas coinciden: lo que se produce es igual a lo que se consume e invierte o se exporta, salvo lo que se importa. El valor de todo eso o bien se paga en sueldos y salarios, o en impuestos o se queda como beneficio en las empresas.

Veamos los números de Rajoy, desde el punto de vista de la renta (tabla 1).

Las cifras nos dicen que (casi) hemos vuelto al PIB de 2008 pero que el reparto ha cambiado: se han reducido los sueldos y han subido los impuestos y los beneficios.

Estos impuestos “sobre la producción” son el IVA y los impuestos especiales, que todos sabemos quién paga. Teniendo en cuenta los recortes, ya podemos suponer que más impuestos no han supuesto más servicios públicos. Más bien, esos impuestos han ido a parar al pago de intereses; las consecuencias de la reforma del artículo 135 de la Constitución.

Aparentemente el crecimiento de los beneficios ha sido modesto, apenas de un 1,65%. Pero dentro del concepto “Beneficio y excedente bruto” están incluidas las ganancias de los autoempleados, las rentas de los propietarios y los beneficios propiamente dichos de las empresas capitalistas. Si, como hace la propia Comisión Europea, suponemos que los autoempleados obtienen unos ingresos por su actividad equivalentes al salario de un trabajador medio, veremos que el sector capitalista de la economía no ha tenido un crecimiento tan moderado (tabla 2).

Es decir, la crisis, de momento, se ha saldado con una mejora sustancial de los beneficios y rentas capitalistas. Y, por cierto, una notable caída de los ingresos de los autoempleados. Lo que da que pensar sobre el discurso oficial de promover el “emprendimiento” y el autoempleo como solución individual a la crisis. Dicho de otro modo, la pretensión de animar al “emprendimiento” a las personas paradas equivale a empujarlos al borde del precipicio.

¿Y los salarios? Aquí también podemos distinguir entre el sector propiamente capitalista (los asalariados de las empresas) y los empleados públicos (tabla 3).

Esta es otra faceta más de la recuperación: las retribuciones de los trabajadores del sector capitalista de la economía han caído notablemente. Nada que no sospecháramos.

Si los beneficios de las empresas han subido y los salarios de quienes trabajan en ellas han bajado, ¿qué ha ocurrido? Intuitivamente sabemos la respuesta, ha aumentado la explotación del trabajo por los capitalistas.

Para verificarlo debemos de acudir a categorías de la economía marxista; en particular al concepto de Tasa de Explotación. La tasa de explotación es la relación entre la plusvalía y el capital variable, es decir, el valor de la fuerza de trabajo. En términos prácticos es la relación entre el tiempo de trabajo del que se apropia el capitalista y el tiempo de trabajo necesario para producir un valor igual al salario del trabajador; es decir, una medida de cuánto se trabaja de más.

Las magnitudes de la economía convencional no son fácilmente transformables a las categorías marxistas pero se puede hacer una aproximación. Para ello debemos quitar del PIB el valor de la producción no capitalista; es decir, la del sector público y la del sector privado no capitalista, los autoempleados. Por definición, el valor añadido en estos dos sectores es igual a la retribución de los trabajadores públicos, en el primer caso, y al “sueldo” que hemos imputado a los autoempleados (tabla 4).

Con estos números vemos que la tasa de explotación ha crecido, de 1,1 a 1,3. Es decir, por cada hora trabajada en 2008, 31 minutos eran para producir plusvalía. En 2016 son 34 minutos. Así se ha recuperado “la riqueza”. Ese es el secreto de la recuperación de Rajoy, un aumento de la explotación del trabajo asalariado.


Publicado en el Nº 309 de la edición impresa de Mundo Obrero septiembre 2017

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