Bajo la éjida de Federico EngelsReproches a Marx acerca de "El Capital"

Manuel Martínez Llaneza 02/11/2017

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“Pero de lo que más necesidad tenemos actualmente es de algunas obras de cierta importancia que puedan procurar un apoyo sólido a todos nuestros semi-sabios, que están llenos de buena voluntad, pero no pueden arreglárselas por sí solos. Disponte a terminar tu libro de economía política; poco importa que muchas páginas no te satisfagan a ti mismo: las mentes están maduras y hemos de machacar el hierro ahora que todavía está caliente” escribía Engels a Marx en carta de 20 de enero de 1845 (sm).

No se trataba todavía de El capital. Marx aún era un joven Doctor en Derecho, de 26 años; Engels tenía dos menos. Ambos habían luchado en su tierra renana por los derechos civiles contra el despotismo prusiano y conocían la censura, la persecución policiaca y la deportación. Eran los tiempos de agitación cultural y política que precedieron a los grandes movimientos sociales de 1948.

Se trataba de los llamados Manuscritos económico-filosóficos de 1844, colección de notas que escribía Marx y que empezaba a recoger dos preocupaciones que ambos compartían y que iban a cambiar la forma de hacer política: la importancia de la economía en la configuración social y el papel protagonista del nuevo proletariado industrial en la evolución política. Las consecuencias fueron el entendimiento de la lucha de clases y el materialismo histórico.

Aunque es evidente que a Marx le fueron útiles como elementos de estudio y reflexión, los Manuscritos no fueron publicados hasta 1932.

El mensaje que encabeza este escrito se repite con diversas variantes a lo largo de toda la correspondencia entre los dos amigos -correspondencia muy extensa porque Marx vivía habitualmente en Londres y Engels en Manchester- a propósito de los varios estudios y diferentes momentos históricos que vivieron.

El capital se publicó en 1867 y sólo el primer libro. Marx no publicó el resto; hubo que esperar para conocerlo a que, tras su muerte, Engels realizara un gigantesco esfuerzo para ordenar las difíciles notas que había dejado y publicarlas como libros segundo y tercero de El capital.

Entretanto, aunque había publicado otro tipo de trabajos (notablemente el fundamental Manifiesto del Partido Comunista, con Engels, y los imprescindibles La lucha de clases en Francia y el 18 Brumario de Luis Bonaparte), en el campo que nos ocupa, a pesar de haber escrito mucho, sólo publicó dos obras menores, Trabajo asalariado y capital (1847, escrito aún en la terminología anterior a la plusvalía, como señala Engels en una carta a Kautsky del 17 de marzo de 1891) y Salario, precio y ganancia (1865), y una muy importante, Contribución a la crítica de la economía política (1859), con su impagable Prólogo, que prefigura varios de los contenidos básicos de El capital.

Sin embargo, no hay dejadez, desidia ni desinterés por parte de Marx, que estudió y trabajó incansablemente durante toda su vida, a pesar de su enfermedad y de sus problemas económicos, y dejó una ingente cantidad de recopilaciones y notas que dieron lugar a la publicación posterior, además de los citados últimos dos libros de El capital, a los Grundrisse (1857, publicados en 1939) y Teorías sobre la plusvalía (1862, publicado en 1956), considerada por algunos como el cuarto libro de El capital.

Sí que hay un sentido perfeccionista que desesperaba a Engels. Marx escribe a Danielson el 7 de octubre de 1868: “No esperes el volumen II, cuya aparición se retrasará aún seis meses. No puedo terminarlo hasta tanto no se hayan concluido o publicado algunas encuestas oficiales abiertas durante el año pasado (y en 1866) en Francia, en los Estados Unidos y en Inglaterra”.

Caben serias dudas de si estas encuestas, por muy importantes que fueran, justificaban el retraso –que pudo haber sido infinito- de una obra con tantos otros contenidos.

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Engels escribe a Marx el 23 de agosto de 1867 (poco antes de la publicación) para, además de felicitarlo, comentarle un borrador de parte del libro primero: “…De esta forma, el razonamiento se encuentra completamente interrumpido por aclaraciones, y el punto que se trata de ilustrar nunca es resumido al término de la explicación, de suerte que siempre se pasa a pies juntillas y sin transición de la ilustración de un punto del razonamiento al enunciado de otro punto. Esto resulta terriblemente agobiador y, si no se sigue con una atención bien despierta, uno se pierde…”.

Aunque Marx hizo múltiples correcciones hasta última hora, El capital no es fácil de leer. Ni siquiera el primer libro que escribió y corrigió cuidadamente el propio Marx.

Su salida tuvo escasa repercusión. Tras su publicación, Marx escribe a Engels el 2 de noviembre de 1868: “El silencio en torno a mi libro comienza a ser inquietante. No oigo ni veo nada”, asombro y queja que se repiten en su correspondencia. Se podría discutir si fue por su dificultad de lectura o porque los tiempos habían cambiado y se prefiguraba el empuje del marginalismo que, con su señuelo cientifista y apolítico, iba a dominar el imaginario económico.

Lo cierto es que tuvieron que pasar muchos años para que se empezara a valorar, criticar y completar la obra de Marx que, curiosamente o quizá no tanto, tuvo la mayor repercusión en el despótico imperio ruso (Plejánov, Lenin, Rosa Luxemburg, primera traducción de El capital) frente a la casi indiferencia de Francia e Inglaterra.

Tanto Marx como Engels querían que fuera un libro para obreros (Engels le escribe el 16 de septiembre de 1868 “¿No crees que una exposición popular y concisa de tu libro, DESTINADA A LOS OBREROS, no respondería a una necesidad urgente?” (s. Engels); se hizo una traducción al francés en fascículos). Se han hecho compendios –el primero Kautsky- para que fuera accesible a no tan amplias capas de la población; se hicieron importantes –pero escasas- aportaciones en el campo económico donde quedan inmensas áreas sin tratar y, sobre todo modernamente, se generó un aluvión de publicaciones académicas o academicistas de escasa repercusión fuera de ámbitos muy cerrados.

El objetivo de ser una guía asumida por las organizaciones y las masas obreras para su emancipación y la construcción del socialismo no se ha llegado a cumplir nunca.

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Marx, en los ejemplos que pone en el primer libro de El capital, supone, y así lo repite, que las mercancías se venden por su valor. Pero eso no es cierto ni en el modelo que propone el propio Marx ni en la realidad. Cuando Engels le advierte de las críticas que le hacen por este motivo cuando se publica el libro, Marx se regocija y le dice que los deje criticar que ya quedarán en ridículo cuando les dé la solución. Esa solución no llegó en vida de Marx, y sólo la conocemos gracias al celo de su amigo y colaborador.

¿Cuál es la razón de esta decisión? No lo sabemos; una explicación razonable es que sólo quiere poner ejemplos sencillos sobre la formación de plusvalía en la producción, que es de lo que trata el primer libro, y no quiere complicarlos con conceptos que tratará después. Porque la plusvalía se extrae en la producción, pero los precios se forman en la circulación que se trata en el segundo libro y cuyos resultados en la formación de precios aparecen en el tercero.

Él, que tan minuciosa y exhaustivamente explora las determinaciones y relaciones de los conceptos, deja abierta una brecha inmensa en su edificio conceptual por la que se han colado infinidad de malentendidos e incluso disparates. Es frecuente escuchar y leer en entornos marxistas que el valor es el precio ‘teórico’ y los precios reales son fluctuaciones que crean la oferta y la demanda alrededor del valor, concepción que inhabilita para entender la visión marxista del funcionamiento del capitalismo. (A propósito de esto, puede verse Valor y precio en Marx, si se me permite la autocita). Le hubiera bastado decir que después contaría cómo se formaban los precios, pero que, por comodidad y para no avanzar conceptos no estudiados, iba a utilizar esos valores. Podía haber avanzado a los posibles críticos que la masa de plusvalía se la repartían los capitalistas mediante los precios de forma que igualaran la tasa de beneficio en las distintas ramas. Pero no lo hizo.

No es que no lo supiera cuando publicó el primer libro y lo averiguara en sus posteriores investigaciones; eso sí le sucedió con el concepto de plusvalía en Trabajo asalariado y capital, pero no aquí, ya que mucho tiempo antes, en carta de 2 de agosto de 1862, explica a Engels el fundamento de lo que luego aparecerá en el tercer libro. A propósito de la explicación, comenta además: “..Y los capitalistas son hermanos. La competencia (traspaso de capital o retirada de capital de una rama a otra) es la que realiza esto: que los capitales de la MISMA MAGNITUD en ramas de la industria DIFERENTES obtienen la misma cuota media de beneficio, a pesar de su composición orgánica diferente. […] Ricardo confunde valores y precio de costo” (s. Marx).

El no entendimiento de la explicación marxista de la formación de los precios (en definitiva de la economía capitalista), incluidos muchos divulgadores, ha facilitado la contraofensiva burguesa neoclásica basada en la formalización de mentiras presentadas como verdades científicas. Su derrumbe por sus propias contradicciones ha provocado que muchas miradas se dirijan de nuevo a Marx. Debemos aprovecharlas bien.

Marx fue un hombre genial en muchos ámbitos de la crítica y la investigación, y describió la estructura profunda del sistema capitalista y sus manifestaciones sociales y jurídicas. El descubrimiento del mecanismo de generación de la plusvalía y de su apropiación por el capital bastaría para demostrarlo, si no hubiera muchas más razones. La colaboración de Engels fue ejemplar, tanto en las aportaciones como en las críticas, siempre éstas con admiración y cariño. Es bueno también tenerlas en cuenta y considerar la distancia –en tiempos, formas y organización- que existe entre la elaboración científica y su asunción por las masas y sus organizaciones.

Publicado en el Nº 309 de la edición impresa de Mundo Obrero septiembre 2017

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