Desde el chozo

Los acuerdos de la Transición se han terminadoDelenda est transitio

Javier Navascués 20/11/2017

En su discurso en la fiesta del partido de 1996, Julio Anguita declaró formalmente que el PCE se consideraba libre del consenso en que participó en su día en torno a la Constitución de 1978. Tras una detallada enumeración de los incumplimientos del Estado Social y Democrático de Derecho denunció cómo en la práctica estaba siendo sustituido por las políticas neoliberales del tratado de Maastricht. En 2010, con su sentencia sobre el Estatuto de Cataluña, aprobado por el parlamento catalán y el español y votado por el pueblo catalán, el Tribunal Constitucional demolió otra pieza clave del consenso de la Transición. Cualquiera que sea la valoración de la misma, el resultado final es que las cláusulas de la oposición democrática al franquismo, la democracia social y el autogobierno, han dejado de tener virtualidad. Los acuerdos de la Transición se han terminado.

Como en la realidad los procesos nunca se producen de forma clara y canónica sino confusa, fragmentaria y, a veces contradictoria, este final no se produce como nos gustaría, no hay asalto a la Bastilla ni 14 de abril. Por el contrario: abundan las paradojas. Así, al frente de la reivindicación nacional catalana nos encontramos a una élite corrupta y neoliberal, imagen especular de su contrincante españolista, que ha concentrado sus esfuerzos, con éxito hasta la fecha, en dividir a los de abajo, negando la propia pluralidad de la sociedad catalana y escamoteando su responsabilidad en los recortes. En cuanto a la legitimidad en la defensa de los derechos sociales se la atribuimos a unos sindicatos mayoritarios que siguen atrapados en un papel de interlocutores privilegiados que el propio régimen les otorga y que resultan, por tanto, cómplices necesarios del mismo y de sus contradicciones. Esta es la tragedia del momento actual; ni la movilización por el derecho a decidir en Cataluña ni la intermitente lucha por los derechos sociales cuentan con una dirección política que tenga como objetivo la superación del régimen.

¿Qué hacer? Si en algo valoramos nuestros propios análisis y nos mantenemos en la tesis de que el régimen del 78 está en crisis, tendremos que operar en la crisis real, no echar de menos la imaginada. ¿Cómo? Metiendo a la gente en la pelea ya que no bastan asambleas de cargos públicos como la de Zaragoza. Nuestra táctica, partiendo de las modestísimas bases del “hablemos”, debe ser la de impulsar la irrupción en el debate político de un movimiento de base republicano, democrático y federal, que reconozca y asuma el hecho nacional, denuncie la división de los de abajo y confronte desde esas premisas tanto el autoritarismo como la destrucción de los derechos sociales con una perspectiva constituyente. En Andalucía esto pasa por el próximo 4-D. Aunque, claro, ese día los comunistas andaluces estaremos en Madrid acabando con la estructura federal del PCE. ¡Qué sentido de la oportunidad! Si Lenin levantara la cabeza…

Publicado en el Nº 310 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2017

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