El feminismo de clase frente al feminismo burguésAlejandra Kollontai y la Revolución rusa Kollontai defendía los derechos de las mujeres trabajadoras y analizaba la situación de desigualdad desde una perspectiva de clase lo que la diferenciaba del feminismo burgués.

Cristina Simó Alcaraz 21/11/2017

Durante el régimen zarista la mayoría de las mujeres sufrían una situación de extrema esclavitud. La mayoría eran campesinas, analfabetas recluidas en sus hogares…

Lenin que era intransigente con la situación de opresión hacia las mujeres del régimen zarista, calificaba la legislación burguesa respecto a la mujer “increíblemente infame, repugnantemente sucia, bestialmente burda (…) que otorga privilegios a los hombres y humillan y degradan a la mujer…”, afirmando que “no puede existir, no existe, ni existirá jamás verdadera “libertad” mientras las mujeres se hallen atrapadas por los privilegios legales de los hombres, mientras los obreros no se libren del yugo del capital, mientras los campesinos trabajadores no se liberen del yugo del capitalista, del terrateniente y del comerciante”.

En los primeros años de la I guerra Mundial aumenta la pobreza y el encarecimiento de los productos básicos. En Moscú había subido un 131%. En las ciudades escaseaba el pan. El salario de los hombres era insuficiente. Esta situación lleva a las mujeres a salir de sus casas para ocupar los trabajos más precarios en las fábricas. En el 1917 ya había 7’5 millones de mujeres en la industria.

Esta nueva situación de las mujeres lleva a muchas de ellas tomar conciencia de su situación de precariedad y de doble explotación. En este momento se producen numerosos disturbios protagonizados por mujeres motivadas por el aumento del precio de los alimentos básicos. También se convocaban reuniones de obreras en las fábricas que se organizaban por la demanda del voto… Las viudas y esposas de soldados exigían el aumento de las pensiones… En mayo de 1917, fueron 40.000 lavanderas las que protagonizaron la primera gran huelga contra el gobierno provisional, reclamando el aumento de los salarios. En esta movilización tuvieron mucho que ver militantes y dirigentes bolcheviques como Alejandra Kollontai que se dedicaron a dar discursos entre trabajadoras, escribieron artículos, organizaron reuniones y colaboraron con la organización de la revolución.

La revolución rusa de 1917 echó a andar con el grito de las mujeres pidiendo pan y paz, sin duda la revolución abrió un mundo nuevo para las mujeres. Cambia sus condiciones de vida y pasan de ser subalternas a asumir un papel protagonista. Las situó en primera línea de combate por el socialismo para romper su situación anterior.

Alejandra Kollontai lo refleja en sus escritos cuando explica que “Las mujeres que tomaron parte en la Gran Revolución de octubre, ¿Quiénes fueron? ¿Individuos aislados? No, fueron muchísimas, decenas, cientos de miles de heroínas sin nombre quienes, marchando codo a codo con los trabajadores y los campesinos detrás de la bandera roja y la consigna de los Sóviets, pasaron sobre las ruinas de la teocracia zarista hacia un nuevo futuro. (…)Jóvenes y ancianas, trabajadoras, campesinas esposas de soldados y amas de casa pobres de ciudad. (…) ¿Al frente? Se ponían una gorra de soldado y se transformaban en combatientes del Ejército Rojo (…) En los pueblos, las campesinas (cuyos esposos habían sido enviados al frente) tomaron las tierras de los terratenientes (…) Es un hecho claro e incontrovertible que, sin la participación de las mujeres, la Revolución de Octubre no hubiese podido llevar la Bandera Roja a la victoria”.

La Revolución de Octubre de 1917 otorgó conquistas para las mujeres que hasta entonces no se habían logrado en ningún país capitalista. La revolución dio el poder a las desposeídas.

Alejandra Kollontai, dirigente Bolchevique, junto a otras dirigentes y militantes que el feminismo burgués ha invisibilizado, jugó un papel decisivo antes, durante y después del triunfo revolucionario. Por ello nosotras, las comunistas, desde el feminismo de clase debemos visibilizar la aportación de todas las trabajadoras que lucharon por conquistar los derechos de las mujeres y por una sociedad socialista, para que viviéramos libres y en igualdad. Debemos poner en valor su contribución, la que hoy es la base de los derechos de las mujeres y situarlas donde se merecen en la historia del feminismo.

La Revolución de Octubre demostró que la emancipación plena de la mujer solo es posible a través de una sociedad socialista y en la lucha decididamente contra el patriarcado. Los acontecimientos nos demostraron que cuando la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres pasa a un segundo plano, las mujeres vuelven a una situación de subalternas a los hombres.

La gran aportación de Kollontai fue abordar desde el punto de vista marxista la función de la familia, la sexualidad y la prostitución. Ella fue la primera mujer en la historia en formar parte de un gobierno como ministra y primera embajadora mujer de un país. Una de sus contribuciones más originales fue la idea de la libertad sexual.

Para ella la revolución en el ámbito de las relaciones sexuales descansaba en tres pilares: la libertad absoluta, la igualdad y la solidaridad.

Las relaciones entre personas se debían dar entre compañeros y compañeras, indistintamente del sexo que fuese, sin egoísmo, sin posesión y sin subordinación. Por lo que no solo se tenían que cambiar las relaciones económicas de las mujeres en la sociedad, sino también era necesario transformar la psicología humana. De ahí las medidas que se adoptaron en la revolución rusa:

• Para romper las cadenas de las mujeres y acabar con la doble explotación que denunciaba Kollontai se adoptaron medidas que socializaban el trabajo reproductivo, lo reconvertían en trabajo productivo, remunerado y socialmente reconocido. Al mismo tiempo que propiciaba la independencia económica de muchas mujeres.

• Para acabar con el abuso y maltrato en el seno de la familia se aprobó el código familiar en 1918, acordado por bolcheviques y soviets. Legislaba el matrimonio civil, el divorcio y eliminó la diferencia entre hijos legítimos e ilegítimos.

• Para la independencia económica se establecieron cambios laborales favorables para las mujeres y otras medidas que protegían la maternidad (permiso de maternidad, lactancia, escuelas infantiles…)

• Para la libertad sexual se aprobó el aborto libre y gratuito en condiciones, la abolición de la prostitución y de leyes represivas contra la homosexualidad.

• Para el empoderamiento de las mujeres, se creó el Departamento de la mujer, espacio donde se alfabetizaba a las mujeres, se organizaban y se las acercaba al socialismo.

Kollontai defendía los derechos de las mujeres trabajadoras y analizaba la situación de desigualdad que sufrían las mujeres desde una perspectiva de clase lo que la diferenciaba del análisis que se hacía desde el feminismo burgués. Para el movimiento de trabajadoras que dirigía Kollontai su máxima preocupación era acabar con la doble explotación que sufrían las mujeres trabajadoras, mientras que para las feministas burguesas su principal preocupación era conseguir la igualdad de condiciones en el acceso a las profesiones y a la política.

La confluencia entre ellas se daría para luchas concretas ya que las mujeres del movimiento de trabajadoras eran conscientes de que finalmente dejarían de confluir porque las feministas burguesas no cuestionaban la estructura económica en la lucha contra la desigualdad. Otras cuestiones las diferenciaban, como la figura del hombre, para las trabajadoras era un compañero de clase y juntos iban a luchar para conseguir una sociedad más justa e igualitaria, mientras que para las burguesas era su principal enemigo.

En la lucha por la igualdad, las mujeres trabajadoras desconfiaban de las feministas burguesas porque creían que una vez estas últimas consiguieran sus objetivos se podrían convertir en un arma para explotar a otra mujer.

Kollontai dejaba claras las diferencias de intereses entre mujeres que luchaban por la igualdad desde diferentes clases sociales: “La mujer trabajadora no debe olvidar que si bien el objetivo de las mujeres burguesas es asegurar su propio bienestar en el marco de una sociedad antagónica a nosotras, nuestro objetivo es construir, en el lugar del mundo viejo, obsoleto, un brillante templo de trabajo universal, solidaridad fraternal y alegre libertad…”

Las feministas burguesas acusaban de lealtad partidista a las comunistas por su negativa a la lucha por los derechos políticos de las mujeres, pero tampoco las feministas burguesas estaban dispuestas para luchar por el socialismo. Por ello Kollontai hablaba del instinto de clase por encima de las clases.

Hoy nosotras somos herederas de ese feminismo de clase, desde esta visión aspiramos a una sociedad socialista que ponga en valor la lucha contra el patriarcado, en la que ningún ser humano sea explotado por otro ser humano y donde las relaciones se den desde la igualdad y la libertad.

A partir de estos principios entendemos que todas las alianzas posibles para reformas que nos permitan avanzar hacia el socialismo son positivas, sin embargo no para aquellas reformas que vayan en dirección contraria.

Kollontai discrepaba del feminismo burgués y hablaba del instinto de clase. En la actualidad debemos diferenciar el feminismo posmoderno del feminismo de clase. Entendemos que podemos llegar a hacer alianzas con las feministas posmodernas o de tercera ola en luchas concretas, pero al final somos conscientes de que la falta de análisis de clase en los conflictos concretos de las mujeres y la lógica neoliberal de sus discursos nos hace antagónicas. Sus apuestas por la regulación de la prostitución o de los vientres de alquiler, son medidas que comportan la apuntalamiento del capitalismo y el patriarcado.

Publicado en el Nº 311 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2017

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