Celebrar el centenario de la Revolución aprendiendo de ella El objetivo tiene que seguir siendo conseguir una organización capaz de actuar en el seno de la lucha de clases ganando la hegemonía entre la clase obrera, las capas populares, para hacerlas protagonista de la conquista del poder.

José Luis Centella Gómez 21/11/2017

Presenta Mundo Obrero un trabajo sobre la Revolución Soviética y lo hace desde la parcialidad, desde quien toma partido, porque en la lucha de clases no cabe la imparcialidad, lo que no quiere decir que lo haga desde la manipulación de la realidad, todo lo contrario, la mejor y más directa manera de tomar Partido en defensa de la Revolución de Octubre es contar la verdad, contar cómo y para qué Lenin, el Partido Bolchevique tomó el poder un mes de Octubre, para entregarlo a los Soviets, una de las experiencias de democracia participativa más profundas y directas de la historia.

Afrontamos por tanto desde el PCE este año con una clara determinación de poner en valor lo que significó la conquista del Poder en Rusia por los obreros en alianza con campesinos y soldados, las conquistas sociales, económicas, en derechos de la mujer. El mayor valor de la Revolución Soviética es que demostró que el Capitalismo no es invencible, que los obreros y campesinos pueden tomar el poder y tratar de construir un mundo diferente, más justo.

En el número de Nuestra Bandera dedicado a la Revolución comenté la referencia a un comentario atribuido a Lenin en el Consejo de Comisarios del Pueblo cuando los Bolcheviques llevaban tres meses en el poder, planteando que ya podían estar orgullosos porque habían superado en duración a la Comuna de París y la experiencia revolucionaria soviética, serviría para fortalecer futuras revoluciones.

Este comentario puede ser verdad o puede pretender a esa mitología que se construye en torno a los grandes hechos históricos. Pero si no es verdad merecería serlo, porque frente a quienes creen que Lenin tenía en su cabeza el completo desarrollo del proceso revolucionario desde que escribió El Estado y la Revolución, soy de los que consideran que uno de los principales valores de Lenin, era ser capaz de adaptar la estrategia revolucionaria de toma del poder, a la táctica adecuada en cada momento.

Esta es una de las claves con las que tenemos que afrontar la celebración este centenario, hacer un análisis de los aciertos que se cometieron para aprender de ellos y repasar los errores, para que nos sean todavía más útiles para no repetirlos.

En este sentido, resaltemos la capacidad de Lenin para analizar el momento concreto de lucha de clases en Rusia, primero frente al Zarismo y luego contra el Gobierno Provisional, de este análisis Lenin concluyó que el Partido Bolchevique no podía hacer la revolución en solitario y que no podía construir una nueva sociedad sin tener un instrumento de participación directa del sujeto revolucionario, la clase obrera y el campesinado.

Lenin podía haberse contentado con tomar el Gobierno y desde el Gobierno organizar el nuevo Estado revolucionario. No olvidemos que cuando Lenin reclama todo el Poder para los Soviets, el Partido Bolchevique era minoría en ellos y no le hacían falta para tomar el poder. Sin embargo Lenin comprendió que un Estado Socialista no podía basarse en el mismo esquema de Gobierno que un Estado Burgués y lanzó la consigna de “Todo el Poder para los Soviets” como base de la nueva democracia socialista.

Es de estudiar qué significó que cuando se derrotó al Gobierno, no se retuvo el Poder en manos del Partido Bolchevique, sino que se entrego a los Soviets, Lenin entendió en ese momento que la fortaleza de la Revolución no estaba solamente en el control del Gobierno por el Partido Bolchevique, sino sobre todo estaba en la construcción de un modelo de democracia popular sustentada en nuevas instituciones en las que directamente participaban obreros, campesinos, soldados, el verdadero sujeto de la Revolución. Esa era la fortaleza de la revolución, el hacer protagonista al Pueblo de la acción de construir un mundo nuevo.

Quizás esa fue una de las grandes fortalezas de la consolidación de la Revolución y quizás también una de las grandes debilidades, cuando los Soviets dejaron de ser ese instrumento de participación directa para convertirse en otra cosa.

Desde estas valoraciones a las que queremos contribuir en este número de Mundo Obrero, son, desde la que se puede intentar sacar experiencias sobre la forma de actuar, de organizarse de los Partidos Revolucionarios, y en ese sentido una cuestión a resolver es la forma en la que hoy en el siglo XXI, con las características actuales de la clase obrera, de las capas populares, del campesinado, se puede alcanzar el Poder, qué tipo de estructuras de democracia directa, participativa hay que desarrollar, y sobre todo cómo se mantiene el proceso revolucionario sin que el impulso inicial no acabe degenerando en un modelo burocrático alejado del Pueblo cuyo apoyo es el que realmente hace fuerte a la revolución.

De la respuesta a esta pregunta saldrá la forma de actuar y organizar el Partido Revolucionario, en nuestro caso, el debate abierto sobre el modelo leninista del Partido, no puede pretender terminar en una mala copia del Partido Bolchevique, sino en estudiar cómo adecuamos la forma de organizarnos para avanzar en el objetivo de hacer la revolución en este S. XXI.

El objetivo tiene que seguir siendo hoy, como hace cien años, conseguir una organización capaz de actuar en el seno de la lucha de clases ganando la hegemonía entre la clase obrera, las capas populares, para hacerlas protagonistas de la conquista del poder, y cómo organizar instrumentos de contrapoder que disputen la legitimidad a la organización burguesa de la sociedad. Para ello es imprescindible conseguir una correlación de fuerzas favorables para avanzar en el camino a la construcción del Socialismo, que evidentemente no tendrá la misma forma en 2017 que en 1917, pero que sí debe tener la misma base, entregar el Poder al Pueblo, mediante una organización del Estado basado en una democracia directa, participativa, que nos permita construir una sociedad sin explotadores ni explotados, en la que los recursos y las riquezas del Planeta se pongan al servicio del pleno desarrollo del ser humano.

Publicado en el Nº 311 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2017

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