El tren de la memoria

Sáhara libre: "cuestión de tiempo" Sigamos la ruta que sigamos en el análisis del contencioso saharaui el gran problema es Marruecos, que ya hace años decidió minar el proceso de paz y oponerse a los esfuerzos descolonizadores de las Naciones Unidas.

Mariano Asenjo Pajares 23/11/2017

“Si eres neutral en situaciones de injusticia,
has elegido el lado del opresor”

(Desmond Tutu, Premio Nobel de la Paz)

Desde hace más de 40 años miles de saharauis viven en campos de refugiados en el sur de Argelia, a la espera de poder ejercer su derecho a la autodeterminación. El problema principal viene siendo la falta de claridad y determinación del Consejo de Seguridad a la hora de aplicar sus Resoluciones. Y es que, sigamos la ruta que sigamos en el análisis del contencioso saharaui el gran problema es Marruecos, que ya hace años decidió minar el proceso de paz y oponerse a los esfuerzos descolonizadores de las Naciones Unidas. Prueba de ello la encontramos en el discurso de 6 de Noviembre 2015, con motivo del 40 aniversario de la invasión al Sahara occidental, cuando el rey de Marruecos dijo: “El Sahara permanecerá en Marruecos y Marruecos en el Sahara hasta el fin de los tiempos”. Esas palabras constituyen en pleno siglo XXI, un desacertado y estéril desafío a la Comunidad internacional y a los principios y resoluciones de la ONU sobre el Sahara Occidental.

A día de hoy, el mandato del Consejo de Seguridad es encontrar una solución políticamente aceptable por ambas partes, sin condiciones previas, que permita la autodeterminación del Pueblo saharaui. No obstante, ¿cuál es el secreto del éxito para que las partes lleguen a un acuerdo y apliquen la doctrina de la autodeterminación? De entrada, ya hemos visto que Marruecos rechaza la opción de la independencia. Con todo, el Polisario ha expresado su firme compromiso de cooperar con el nuevo emisario de la ONU para solventar la cuestión de la descolonización, aún pendiente en el último territorio africano reconocido como “No Autónomo” por las Naciones Unidas.

En paralelo, es evidente el clima de inestabilidad creciente en la región, singularmente entre Argelia y Marruecos, y ello debería incentivar al Gobierno español a redoblar sus esfuerzos para encontrar, lo antes posible, una vía de resolución pacífica para el conflicto del Sahara Occidental. Este contencioso, de hecho, podría sufrir en cualquier momento una nueva reactivación bélica. Conviene no olvidar que ya en 1991 se firmó un "alto el fuego" tras una guerra de 16 años. Este riesgo cierto señala la responsabilidad del Estado español por el sufrimiento de todo un Pueblo, que vio cómo su derecho a la autodeterminación e independencia fue abandonado y objeto de traición.

Lo que está pasando en el Sáhara Occidental guarda muchos paralelismos con lo ocurrido en Timor Oriental, que en mayo de 2002 se convirtió en el país más joven del planeta al concluir su proceso de independencia. El largo viaje que supuso para Timor Oriental alcanzar su actual estatus fue largo y difícil. Portugal se hizo con la parte este de la isla de Timor en el siglo XVI y Holanda se quedó con la zona occidental de la ínsula en este reparto de la tarta colonial. Tras siglos de dominio, Amsterdam cedió su zona a la recién constituida Indonesia en 1946. Mientras, Lisboa continuó con el gobierno sobre su área hasta 1975, año en el que el movimiento pro-soberanía ‘Fretilin’ declaró la independencia del territorio como República Democrática de Timor Este. Inmediatamente después, las tropas de Yakarta invadieron el recién autoproclamado Estado convirtiéndole en su 27ª provincia. Portugal se desentendió del problema. La ONU condenó esa anexión y exigió la celebración de un referéndum de autodeterminación. La presión internacional hizo que el 30 de agosto de 1999 se celebrase un referéndum, que resultó con un 79% de los votos a favor de la independencia.

Durante una conferencia organizada en la sede del Parlamento portugués, los días 29 y 30 de mayo 2017, la Plataforma Internacional de Juristas por Timor Oriental reafirmó su pleno apoyo a la lucha del pueblo saharaui. En esta conferencia participó una delegación de la RASD, que tuvo ocasión de intercambiar aportaciones con el ex Presidente de Timor Oriental, Xanana Gusmao y muchos diplomáticos, representantes de ONG y juristas de varios países. En su intervención, el presidente Xanana Gusmao recordó que fue en los montes de Timor a principios de los años 90, cuando supo a través de la Radio que la ONU organizaría un referéndum en el Sahara Occidental. “Lamento que el pueblo saharaui siga esperando aquel referéndum, pero también -aseguró Gusmao- sólo es una cuestión de tiempo”…

Publicado en el Nº 311 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2017

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