a debate XX Congreso

Cultura, medios de comunicación y lucha ideológica La cultura es un derecho al que debe poder tener acceso toda la ciudadanía, nunca es neutral y pertenece al ámbito de la lucha ideológica.

Ginés Fernández González. Secretario de Comunicación del PCE 28/11/2017

El pasado día 24 de noviembre celebramos el noveno foro de Mundo Obrero, en el participaron el secretario general del PCM Álvaro Aguilera, la escritora y dramaturga Carmen Domingo y el periodista y escritor Pascual Serrano, en el acto y tras un interesante debate se concluyó en la necesidad de hacer un encuentro o incluso un seminario en el que se abordaran los aspectos actuales de la cultura y las nuevas herramientas de difusión y acción cultural. Desde MO nos comprometimos en la medida de las posibilidades a hacer lo necesario para organizarlo. Desde el XVIII Congreso venimos planteando la necesidad de resituarnos en lo que a Cultura corresponde y también la relación del PCE en el Mundo de la Cultura, que hoy tiene una clara intersección con lo que llamamos medios de comunicación, o mejor empresas de la comunicación.

Somos conscientes y lo analizamos en los textos de este XX Congreso, de la necesidad de avanzar en la lucha ideológica en todos los campos y con todos los medios, la cultura es uno de ellos y es uno de los más importantes.

El esfuerzo por convencer e imponer el modelo neoliberal, ha sido de envergadura por parte de los poderes políticos, mediáticos y económicos del capitalismo; por una parte están tratando de identificar el núcleo del capitalismo y la primacía del mercado con la libertad individual, y de ahí a equipararlo con la esencia de la democracia; por otra y para ello es necesario el control de los medios de comunicación a través de la adquisición o control económico de los mismos, así estos han ido saturando todos los posibles canales de emisión y recepción de la información con el objetivo de no dejar huecos, de no permitir una acción reflexiva o crítica por parte de la sociedad.

La cultura predominante del neoliberalismo propugna e impone la unificación de la economía y del pensamiento a nivel mundial, en lo que hemos venido a denominar “pensamiento único”. Hoy esta situación de ofensiva neoliberal global es más clara que nunca en la historia.

A esta cultura capitalista y su carácter individualista se suman nuevas formas propias de esta etapa, basadas principalmente en conceptos como el “emprendedurismo”, la “empleabilidad”, con el eufemismo de la “austeridad”, la eliminación y los recortes de derechos. Estos valores son difundidos a través de todos los medios a su disposición, conceptos y valores que están calando en la sociedad, en la mayoría social que carece de proyecto real emancipatorio y de toda visión de futuro que cuestione y proponga un cambio en el actual sistema de organización, producción y consumo.

El término Cultura lleva muchos años trivializado, llegando a significar algo parecido a adorno, llevándolo a un pasatiempo inofensivo para el sistema. La “sociedad del espectáculo”, tal y como se definió en el siglo pasado, en la que las mayorías eran entretenidas y permanecían pasivas y acríticas, no es evidentemente cultura. Entendemos como cultura a la construcción de un modelo de acción trasmisora de valores para construir una sociedad avanzada, reflexiva, crítica y constructora de un mundo nuevo en el que la vida de las personas y la naturaleza sean contempladas con respeto a los derechos que le asisten.

En este sentido no hay ni mucho menos un ámbito pequeño de la Cultura. Existen elementos que son la base y la identidad social de los grupos humanos constituidos, todo país o comunidad ha de contar con lo que se conoce como Patrimonio Cultural, tangible e Intangible: las bibliotecas, los museos y los distintos tipos de monumentos y todos los saberes científicos y artísticos, con su impacto intangible en nuestra conciencia que nos empujan a la acción, a la pérdida del miedo al otro, a la solidaridad. Todo este patrimonio debe estar en manos públicas y en lo posible debe ser protegido de la mercantilización. Los poderes públicos deben hacer conocer a las gentes de su importancia como algo necesario e imprescindible, para ello deben poner los medios para que el disfrute y el conocimiento lleguen a las mayorías sociales.

Debemos reconocer autocráticamente que la izquierda marxista no dispone de un proyecto, de un programa cultural, más allá de iniciativas aisladas y hasta valientes. Es necesario poner los mecanismos, las voluntades y los medios necesarios si queremos conquistar una hegemonía social para cambiar la sociedad frente a la que de forma persistente establecen el sistema y las clases dominantes para hacer cambios sociales reales. Por ello, desde el PCE debemos asumir y desarrollar en toda su plenitud el concepto de hegemonía cultural y ello es inseparable del estudio, el debate teórico y práctico y la capacidad organizativa de trasladar propuestas como Partido y a través de sus militantes donde quiera que ellos estén insertos. Nosotras y nosotros debemos asumir en todos los ámbitos sociales y políticos el acercamiento de la cultura a las mayorías mediante el desarrollo de su capacidad de agitación de grandes masas.

La organización de este proyecto debe ser permanente en la medida de nuestras fuerzas. Es imprescindible el reconocimiento y respeto al trabajo digno de los artistas e intelectuales comprometidos con la construcción de una sociedad diferente a la capitalista, hemos de ser capaces de acercar a la clase trabajadora las actividades culturales, el sistema educativo, la universidad, avanzando de esta forma hacia un mundo que ansía con todo su ímpetu y su desesperación, alimentar a su entorno familiar, comer, vestirse, estudiar para sentirse en paz.

Luchar contra el lavado de cerebro de las religiones o la banalización de la cultura en las editoriales de medios de comunicación, de las televisiones y la publicidad, es posible. La ideología dominante es siempre la de las clases dominantes, siendo desarrollada y vehiculada a través de los aparatos ideológicos del estado y las empresas privadas como parte fundamental del esquema de hegemonía de las condiciones de producción y de vida de una sociedad.

La izquierda transformadora y revolucionaria debe recuperar el espacio de la lucha ideológica, que es un espacio de lucha por los contenidos y también con respecto a los circuitos comerciales, que permiten o no la existencia y distribución de los mismos y que, a la vez, son aparatos de producción y reproducción de la cultura, desde el aparato escolar y familiar hasta los modernos medios de comunicación.

De ahí la necesidad de una propuesta propia, de clase, desde el punto de vista de la democratización profunda y de la hegemonía de la propiedad colectiva, pública. Superado el mito de la neutralidad y virginidad de la cultura, ésta aparece atravesada por el problema de la explotación y dominación. De ahí la necesidad de un debate permanente que exima a artistas e intelectuales de ser, en el terreno de la política diaria, simples embellecedores de los mítines electorales o los manifiestos, a través de su firma, su persona y su prestigio. Destaquemos el papel de los artistas e intelectuales, por lo que debemos elaborar unas alternativas sectoriales de la cultura, liberadoras y revolucionarias, sobre los artistas (artes plásticas, música, teatro, cine, danza, etc.) y los intelectuales (escritores, poetas, críticos, traductores, filósofos, periodistas, profesores universitarios, etc., con una alternativa concreta al sector del libro), todas ellas desde presupuestos alternativos y marxistas y, desde ahí, neutralizar los proyectos y propuestas a dichos sectores que hacen la cultura neoliberal dominante por parte de sus gobiernos de turno.

En ello desde el PCE, podemos ayudar mediante una política cultural, de forma trasversal, que trasmita nuestros valores socialistas y nuestra concepción del mundo, usando de la forma más eficiente posible nuestros modestos recursos para fomentar canales de participación en el vasto mundo de la cultura, pasando por impulsar el asociacionismo cultural o tejer una red de difusión mediante librerías, emisiones radiofónicas, televisivas, etc. Desde el PCE apostamos por una cultura emancipadora, una cultura como proceso de creación, crítica y libre, al mismo tiempo que impulsamos y apoyamos a la articulación del sector cultural, para contribuir a que una multitud organizada defienda también con fuerza la Cultura desde lo público como derecho para todos.

Para nosotros y nosotras los derechos de propiedad intelectual deben perseguir el objetivo de alcanzar un complejo equilibrio entre los intereses de, por una parte, los autores y demás titulares de derechos, que no deben verse privados de incentivos para seguir creando y, por otra, los de la sociedad en general que debe tener garantizado su derecho de acceso a la cultura.

Los resultados de trabajos y desarrollos financiados con dinero público o propio de la administración deben siempre ser accesibles a todo el mundo permitiendo su libre uso y distribución, en un formato libre y en formatos abiertos. Todos los usos posteriores (comerciales o no) deben respetar la misma licencia. Las obras financiadas con fondos públicos deben ser liberadas después de un tiempo razonable una vez agotada su vida comercial, para facilitar su circulación y que el público que ya pagó por ellas pueda usarlas y reutilizarlas.

Nuestro proyecto debe conceder especial atención al desarrollo de la ciencia y del pensamiento crítico como elementos centrales de la cultura y el desarrollo social, ya que la ciencia y el progreso científico son vitales en el camino hacia la construcción de una sociedad más justa, solidaria e igualitaria; para ello es imprescindible que este desarrollo esté en manos de los poderes públicos y por ende de la sociedad, abogando por un modelo de investigación objetivo y destinado al progreso social que no esté en manos de intereses privados y que permita a nuestros investigadores con talento contribuir en el progreso de la humanidad.

Desde el PCE debemos promover pues la racionalidad y el pensamiento crítico tanto entre sus militantes como en la sociedad en general como una parte integrante de nuestra praxis política, rescatando lo que Francisco Fernández Buey llamaba “la vieja alianza entre ciencia y proletariado”.

En la era del avance del capital globalizado, los medios de masas han pasado de estar subordinados al discurso de la oligarquía económica a ser una parte esencial de la misma. Unas pocas sociedades controlan a escala planetaria la práctica totalidad de los instrumentos de comunicación de masas, sociedades que a su vez están indisolublemente ligadas a las restantes esferas del capital transnacional. Mientras, los comunistas y la izquierda alternativa y transformadora no disponemos de medios de comunicación “afines” o cómplices con el programa o las propuestas políticas que queremos difundir a la sociedad.

Hemos perdido esta batalla, en la que frente a un modelo dominante no hemos creado otro modelo de comunicación alternativo. Sabemos que la actual fuerza hegemónica cuenta con más medios económicos y por tanto, técnicos y humanos, además de altos grados de especialización. Es preciso ver cómo multiplicar resultados optimizando la gestión del trabajo. La proliferación de pequeños medios de comunicación alternativos hace necesario y urgente la convergencia y unidad de los mismos, trabajamos para propiciar e impulsar dicha convergencia en la medida de sus posibilidades en todos los ámbitos en los que participemos.

Es necesario crear los mecanismos necesarios, aun con las dificultades actuales, apoyando y colaborando estrechamente a medios existentes que coincidan con nuestro programa y tengan un planteamiento organizativo participativo. Pero también y más importante es utilizar nuestros medios al servicio de este programa alternativo de Cultura y hegemonía de las ideas socialistas. Debemos construir desde abajo la hegemonía de las ideas y los valores para arrebatársela al Capital, que controla en la actualidad la totalidad de los medios de comunicación de masas y las mantiene alienadas y domesticadas. Por ello tenemos que luchar para que en España se aprueben leyes sobre los medios de comunicación como ya lo han hecho en otros países de América Latina para controlar el poder de los monopolios y los grandes grupos financieros.

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